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El interés público que ha suscitado la aparición en el Gran Lago Cocibolca, de un extraño pez (Hypostomus panamensis, familia Loricariidae) hasta hace pocos meses desconocido para los pescadores y los nicaragüenses en general, ha sido acompañado por relatos de algunas propiedades extraordinarias como toxicidad, agresividad, cánticos, comportamiento atípico y muchas otras habilidades, originadas por la fantasía popular digna de las ciénagas de Macondo.

Siendo un animal desconocido, sin duda despierta la imaginación y los temores en quienes lo ven por vez primera. De hecho, esta especie de pez se encuentra distribuido geográficamente de forma normal en ríos y aguas panameñas y costarricenses. Desde dichas cuencas contiguas, llegó a nuestras aguas en el sur de Nicaragua.

Muchos miembros de esta familia (llamada así porque los animales tienen una lorica o armadura de escamas muy resistentes) y de su género, que significa que tiene boca debajo de la cabeza, y que antes los especialistas en taxonomía llamaron Plecostomus, pero han rebautizado como Hypostomus (Eigenmann 1922), cuidan a su prole en elaborados nidos, resisten bajos niveles de oxígeno en el agua --por lo que soportan ambientes contaminados mejor que otros peces--, y, realmente, pueden salir del agua y arrastrarse con las fuertes espinas primarias de las aletas, en búsqueda de nuevas charcas.

Estas capacidades explican cómo pueden movilizarse hacia nuevos hábitats, comportamiento normal de la mayoría de seres vivos que irradian poblaciones y así colonizan nuevos ambientes.

En la naturaleza, el éxito se cifra en reproducirse lo más abundantemente posible, acceder a fuentes de alimento mejor que otros seres, defenderse de los depredadores si se es presa; funciones naturales que se realizan mejor si se tiene la suerte de encontrar un nicho ecológico vacío o colonizable, mediante las conocidas interacciones entre seres vivos (competencia, por ejemplo). Con ello logra generarse una población reproductiva que explota las oportunidades ambientales, si logra ser demográficamente estable y en expansión mientras haya recursos.

8,000 kilómetros cuadrados para hacer de las suyas

Como premio, ahora esta población tiene los ocho mil kilómetros cuadrados de espacio disponibles en el Cocibolca, y si usted no lo ha encontrado en algún punto específico, es cosa de tiempo. Muy probablemente, ya llegará allí. Y esto, es lo que ha hecho bien este pececito, ya que ha llegado a un ecosistema enfermo y en crisis por las diferentes agresiones que sufre, así encuentra y se apropia del nicho ecológico que otras especies le han dejado disponible.

¿Cómo ocurrió esto? En primer lugar, en un ecosistema saludable, el equilibrio o balance ecológico se logra por la interacción de las funciones o trabajos que desempeñan los organismos, y cada especie de pez desempeña algunos trabajos de acuerdo con su especialización, sea por lo que comen o por la parte específica del sitio donde viven. Mientras mayor es el número de especies (diversidad biológica) en el ecosistema, mejor es la salud del mismo, porque todos los trabajos, funciones o nichos ecológicos ya están ocupados, y se complementan unos con otros, en un tejido viviente sumamente complejo.

La llegada de un pez invasor que necesita aprovechar un nicho ya ocupado, usualmente resulta en eliminación por simple selección natural, y no prospera su llegada, no se reproduce y fracasa, es el fin de su aventura. Por analogía con un ser humano sano, el sistema inmunológico combate la llegada de infecciones por virus o bacterias, eliminando el peligro de enfermarse, por cuanto usualmente ni nos enteramos que recibimos un cuerpo extraño que fue eliminado. En cambio, si en el ecosistema por la contaminación o degradación ambiental intensa se ha reducido o simplificado el número de especies que habita, quedan funciones o nichos ecológicos vacíos que son precisamente la oportunidad que necesita la especie recién llegada para alimentarse, nidificar, reproducirse y asegurar la producción de nuevas generaciones. De acuerdo con la analogía anterior, equivale en el ser humano a la reproducción de virus o bacterias que ocasionan enfermedades infecciosas, y que pueden causar el colapso del sistema, y la muerte.

Contaminación del Cocibolca, factor clave

El Gran Lago Cocibolca, además de los bien conocidos tensores ambientales que degradan su naturaleza, como son los sedimentos causados por la erosión en su enorme cuenca hídrica, los tóxicos agrícolas usados en las plantaciones de palma africana, arroz, los muchos cultivos que emplean plaguicidas, los fertilizantes generados por la ganadería extensiva en los llanos, aguas negras que son descargadas crudas o insuficientemente tratadas desde las muchas ciudades, los desechos industriales, basuras de todo tipo, desechos de las jaulas flotantes de otros peces introducidos, tiene otras formas de degradación ambiental estrictamente biológica.

Posiblemente la más grave agresión biológica es la eliminación del depredador principal, el tiburón migratorio o tiburón toro (Carcharhinus leucas), y los también migratorios peces sierra, Pristis perotetti y P. pectinatus. La captura sistemática de los emblemáticos tiburones de agua dulce del Gran Lago, en la boca del río Colorado en el Caribe, que ha sido el único acceso del río San Juan en los últimos decenios debido a la formación de barras de arena en la boca del San Juan también procedentes de territorio costarricense, por lo que el acceso de los tiburones y peces sierra es obligatorio a través de ese brazo ubicado en la ladera que hace límite con el territorio del vecino del sur.

Esa ininterrumpida matanza de medio siglo para cortar sus aletas y comercializarlas en países asiáticos por empresas basadas en territorio tico, disminuyó ya la población de tiburones y peces sierra del Gran Lago Cocibolca, desde donde migran al Caribe y regresan por el río en su ciclo vital, hasta lograr la hoy total desaparición de esta especie de aguas nicaragüenses. La desaparición de tiburones en el Cocibolca disminuyó la calidad de los cardúmenes de peces de interés comercial y desestabilizó el ecosistema, ya que son los depredadores principales en el agua, y, como tales, una fuerza ecológica de control.

En consecuencia, al desaparecer el depredador principal, la diversidad biológica en el Cocibolca se ha desestabilizado de tal forma, que vemos hoy la llegada de peces indeseables a nichos vacíos, como el Hypostomus panamensis, y la proliferación de otros peces introducidos como las execrables tilapias. Contrario a lo que podría pensarse, lejos de beneficiar a las comunidades ícticas, la pérdida del tiburón en el Cocibolca, ha producido desajustes en el equilibrio vital del ecosistema que, simplemente, no comprendemos en detalle por su complejidad, pero que sabemos que ocurren por los cambios en las abundancias relativas en los individuos de las especies afectadas. Por ello, el boom de la explosión demográfica del indeseable pez pleco o diablo, la abundancia de la igualmente oportunista tilapia, son simples manifestaciones de la inestable situación biológica en el cuerpo de agua más importante del país.

Otras cosas graves

Si lo referido en lo que ha leído hasta ahora le parece anecdótico o de escasa relevancia al compararlo con los graves problemas sociales y económicos nacionales, quizá cambie de opinión al saber que unido a la inestabilidad ecológica en el Cocibolca, el CIRA-UNAN ha observado con preocupación en los últimos trece años manifestaciones de eutrofización en las comunidades biológicas acuáticas.

La biomasa del fitoplancton es fundamental como indicador, ya que puede interferir en el uso para agua potable, y se observa aumento progresivo. Las comunidades biológicas han sufrido un proceso de simplificación estructural en la última década, además que se observa cambios de la contribución de los grandes grupos taxonómicos del fitoplancton, zooplancton y zoobentos a la riqueza de especies.

Este continuo empobrecimiento de la diversidad biológica, o Simplificación Estructural de las Comunidades Biológicas, se destaca mucho más en el fitoplancton, ya que la presencia dominante de dos especies de algas azulverdes o cianofíceas, Microcystis aeruginosa y Cylindrospermopsis raciborskii, que totalizan más de 99% de la biomasa, son indicadoras de malas condiciones ambientales, y suponen riesgos sanitarios porque generan substancias hepatotóxicas en el agua, que tarde o temprano tendremos que consumir.

Es muy importante analizar paralelamente los cambios en las comunidades, la presencia de los nutrientes orgánicos, ya que su aumento es específicamente responsable en el proceso de eutrofización.

El deterioro del Lago Cocibolca por la aceleración del proceso de eutrofización ha sido principalmente causado por las ya mencionadas actividades humanas en su cuenca, las cuales han propiciado un aumento en la sedimentación y en el aporte de nutrientes.

¿Cómo sería posible corregir esta peligrosa y precaria situación?
Aunque las dotes de Casandra (hija de Príamo y Hécuba) me fueron negadas, veo que revertir el proceso de degradación es difícil de lograr, pero a la vez es muy simple en su fundamento: lograr el control de tributarios y cauces limpios de contaminantes en la Cuenca de los Grandes Lagos con un Plan de Gestión Integrado de aguas, suelos, bosques y actividades humanas, y lograr el reingreso del emblemático tiburón dulceacuícola y principal depredador del Cocibolca. Propender a la naturaleza, para recobrar la homeostasis o equilibrio natural.

Como se aprecia, de no hacerlo, se pone en peligro los planes para el aprovechamiento del Gran Lago Cocibolca como reserva nacional de agua potable (Arto. 97 de la Ley General de Aguas Nacionales), por lo que, mientras tanto, la presencia de este pobre diablo de pez es únicamente otro síntoma de nuestra naturaleza enferma, y de nuestra irracionalidad.

salmon@cira-unan.edu.ni