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La pregunta resulta demasiado simple y trillada a la vez, pero hoy lunes 30 de marzo de 2009 --día especial para la región y particularmente para Costa Rica--, vale la pena detenerse y buscarle una respuesta: ¿Por qué el presidente Daniel Ortega Saavedra no quiso viajar a San José para estrecharle la mano a Joseph Biden, Vicepresidente de Estados Unidos, y quien asumió personalmente la misión de acercar a la Casa Blanca de Barack Obama con América Latina?

La semana pasada, Biden viajó hasta Chile, a la Cumbre de Gobiernos Progresistas, que sirvió como escenario para entrevistarse con los presidentes Tabaré Vásquez, de Uruguay; Cristina Fernández, de Argentina, y con la mandataria anfitriona, Michelle Bachelet. El mensaje, para todos, fue el deseo de Obama de colaborar con la región y de buscar una solución conjunta a la crisis económica.

Se espera que hoy en San José --apenas a una hora y media de vuelo de distancia de Managua--, esas palmadas y abrazos de un primer contacto personal, se repitan, pero con los dignatarios centroamericanos, convocados por el presidente costarricense Óscar Arias.

Lo interesante es la actitud con que Washington viene tocando las puertas, sobre todo, cuando las expectativas eran que EU no centraría su atención en AL (y mucho menos en el istmo), al menos durante 2009, por priorizar temas en el ámbito internacional, como Afganistán, Pakistán, Irán, Rusia, Corea del Norte, la India y por supuesto Irak.

Una carta de Biden, reproducida el pasado viernes en varios diarios regionales, parece haber puesto el punto sobre la “i” acerca del tema de la economía, que incumbe a todos: “Para el continente americano, reactivar la economía de Estados Unidos (...) es de particular importancia”, dice la carta.

Perdimos oportunidad de limar asperezas

Para muchos nicaragüenses, que ya están acostumbrados al estilo tan poco convencional de gobernar de Ortega, su decisión de no ir a la cita con Biden --y en cambio enviar en su lugar a Manuel Coronel Kautz--, se puede catalogar como otra de sus imprevisibles, pero soberanas maneras de entablar relaciones exteriores.

Y aunque esto puede ser así, el sector empresarial nacional --uno de los más interesados en este tipo de encuentros--, no deja de lamentar la ausencia de Ortega en Costa Rica, máxime ahora que la economía del país empieza a demostrar los fuertes y agudos síntomas de la crisis, sin que se conozca cómo va el Plan Económico 2009 del Ejecutivo, que implicó una reducción del Presupuesto General de la República en 1,312 millones de córdobas, y la disminución del gasto corriente en un 20 por ciento.

El Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) no ha dejado de insistir al presidente Ortega, que debe de enfatizar sus esfuerzos en impulsar las relaciones con Estados Unidos y Centroamérica, sus principales e inevitables socios comerciales.

Al menos así lo afirma el titular de ese gremio José Adán Aguerri, que dice han visto “de manera positiva” los mensajes de la Administración Obama “en relación con nuestros países”.

“Es importante no perder la oportunidad de todos estos espacios que se abren, que podamos nosotros aprovecharlos, tomando en cuenta no solamente las posiciones político partidarias, sino tomando en cuenta la realidad económica del mercado en que se mueve Nicaragua”, explica.

En la reunión de hoy se espera la participación de los presidentes de Guatemala, Panamá, El Salvador --así como de Mauricio Funes, presidente electo de ese mismo país--; y del primer ministro de Belice. El otro gran ausente, además de Ortega, será el hondureño Manuel Zelaya.

Se espera que la agenda se centre en la crisis. Sin duda, los acuerdos y puntos de vista compartidos, podrían ser abordados con mayor entereza en la V Cumbre de las Américas a mediados de abril en Trinidad y Tobago, donde asistirá Obama.

Cambio de estilo de Obama

César Zamora, ex presidente de la Cámara de Comercio Americana Nicaragüense (Amchan), fue uno de los que afirmaron que Obama se concentraría en su “política doméstica”, al asumir el mando en Washington, y señaló que los asuntos de América Latina se los encargaría a personal de su equipo de “segundo o tercer nivel”. Zamora hizo esa afirmación cuando Israel no cesaba sus ataques sobre la Franja de Gaza, hace apenas un par de meses.

Pero hoy admite sentirse sorprendido por “el nuevo enfoque” que Obama le está imprimiendo a su gobierno, particularmente en política exterior.

“En la nueva administración de Obama hay un cambio de estilo, hay un nuevo enfoque hacia América Latina, y por eso es importante influir desde el principio. Es importante mantener un diálogo de altura”, respondió Zamora, cuando le pregunté si no era mejor que Ortega viajara a San José, y no el vicecanciller.

Más aún, añade, porque “Nicaragua siempre ha sido amiga de Estados Unidos, y es el momento de reforzar esa amistad, porque hay nuevos actores, y hay que aprovechar la oportunidad de hablar sinceramente”.

Un reporte de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) publicado a finales de la semana pasada, sobre el balance comercial EU-Nicaragua a tres años de vigencia del DR-Cafta, indica que pese a la crisis, los nicaragüenses están obteniendo muy buenos resultados con la venta de sus productos, y éstos podrían ser mejores si el gobierno y el sector empresarial nacional implementaran más políticas para mejorar la competitividad, según especialistas como Carlos Sequeira, ex jefe negociador del tratado en tiempos del presidente Enrique Bolaños.

Pero como en toda relación, también tenemos nuestros altibajos. No se sabe qué va a pasar con el cierre temporal de Cone Denim, la empresa textilera de capital estadounidense instalada en Ciudad Sandino, y que se perfiló como el emblema de que la inversión norteamericana estaba asegurada en Nicaragua. ¿El nuevo trato que propone Obama, ayudará al país de Daniel Ortega a destrabar los graves problemas de estancamiento económico, como éste?
Quizás el panorama más sombrío sobre el impacto de la crisis nacional fue el que brindó Funides el martes pasado: decrecimiento de la economía de entre -0.4 y -1.5 por ciento para 2009; y una proyección de casi 50 mil nuevos desempleados y 60 mil nuevos pobres, producto del desplome de las exportaciones, el flujo de remesas y el estancamiento o descenso de las inversiones.

Ortega tampoco se ha quedado de brazos cruzados. Desde que asumió el mando en el timón hace dos años y ochenta días, el Presidente de Nicaragua ha surcado otras aguas, más lejanas, pero según él, bastante promisorias, lo suficiente como para evitar que el barco se hunda antes de llegar a puerto seguro. En Venezuela, el presidente Hugo Chávez se mantiene como su principal aliado, y le siguen el resto de países ALBA, y, por supuesto, Irán de Mahmoud Ahmadineyad, y Rusia de Vladimir Putin.

¿Y la seguridad y la migración?

Sin embargo, si para el presidente nicaragüense el tema de la crisis económica no era conveniente tratarlo --por ahora-- con Biden, tal vez el de seguridad o el de la migración, los otros puntos de agenda en la capital costarricense este lunes, sí lo eran.

Mientras la primera comisionada Aminta Granera admite que los recortes presupuestarios a la Policía Nacional dejan apenas cuatro córdobas por cada tiempo de comida para los uniformados de línea, al tiempo que los índices de violencia en Managua comienzan a dispararse, en México, tras dos días de visita, Hillary Clinton, Secretaria de Estados del gabinete de Obama, confirmaba el compromiso de redoblar recursos para evitar el paso del narcotráfico por la frontera hacia Estados Unidos. Lo bueno es que todavía se mantiene el apoyo anual al istmo de la Iniciativa Mérida.

En cuanto al otro asunto, el migratorio, Martha Isabel Cranshaw, coordinadora de la Red Nicaragüense de la Sociedad Civil para las Migraciones, opina que si el gobierno en verdad tiene un interés especial sobre la situación de los compatriotas que se aventuran más allá de las fronteras, y particularmente hacia Estados Unidos, el encuentro personal con Biden era una “oportunidad importante”, inclusive, más de lo que puede significar para Costa Rica o para Guatemala.

“El que hable primero tiene más posibilidades que quien habla después. Entonces, si este tema le interesa a Nicaragua, creo que deberíamos estar allí en Costa Rica, representados por Ortega”, afirma.

Y si por lo menos, Manuel Coronel pudiera abordar el tema con Biden hoy, Cranshaw comenta que los puntos prioritarios deben de ser la reforma migratoria en EU y la posibilidad de que se aprueben permisos temporales de trabajo a los nicaragüenses que buscan el “sueño americano”.


¿Dos tigres en la misma colina?
Mauricio Miranda y Ary Neil Pantoja
Si el presidente Daniel Ortega cometió un error por no asistir a la reunión con Joseph Biden en Costa Rica, el tiempo se encargará de decirlo. Lo que sí está claro, es que nadie más que él es quien determina de qué manera piensa desarrollar su relación con Barack Obama. Analistas nacionales, costarricenses, e inclusive opositores a su gobierno, reconocen que como presidente pro témpore del Sistema del Integración Centroamericana (SICA), a él le correspondía el papel de recibir como anfitrión, al vicepresidente Biden.

El debate despertó la historia de los viejos celos entre estos veteranos presidentes, Ortega y Óscar Arias: uno, el líder de izquierda capaz de retar una y otra vez y sin amedrentarse, a Estados Unidos. Y el otro, ganador del Premio Nobel de la Paz.

Dentro del Gobierno de Nicaragua es bastante conocido un lineamiento político-diplomático vigente en el Ministerio de Relaciones Exteriores: ignorar o minimizar en la medida de lo posible, toda iniciativa política o económica de Costa Rica, que la ubique un peldaño más alto sobre las demás naciones de la región.

Los ejemplos más recientes sobre este conflicto político entre Nicaragua y Costa Rica --más bien, entre Ortega y Arias--, se pueden encontrar en las disputas que con frecuencia resaltan en el seno de las negociaciones del Acuerdo de Asociación Comercial con la Unión Europea, o con las ausencias notables en eventos oficiales, como la de Arias, quien no asistió a la última reunión del SICA en Managua, el pasado 25 de marzo.

“No es ningún secreto que hay tensiones entre Nicaragua y Costa Rica”, dice el ex canciller Francisco Aguirre, para quien el hecho de que Arias se adelantara en recibir a Biden, es la repuesta de por qué “Daniel no está yendo a Costa Rica”.

¿Por qué no pudo asistir entonces al encuentro el vicepresidente Jaime Morales Carazo? Fuentes cercanas al gobierno descartaron esa posibilidad, ya que “a la hora de cabildear, Ortega utiliza a su gente”. “Si Jaime Morales anda en una misión oficial, andará buscando a empresarios, pero no lo van a mandar a negociar nunca a él, cuando se trate de política o diplomacia”, comentan las fuentes.

Por su parte, el canciller Samuel Santos continúa viajando a Washington con regularidad --en lo que va del año se ha reunido con senadores demócratas y con Tomas Shannon--, donde tiene tareas que resolver, como el descongelamiento de la Cuenta Reto del Milenio para Nicaragua, y mantener la relación diplomática mientras se define al sucesor de Arturo Cruz Sequeira.

El diputado sandinista Edwin Castro, uno de los más fieles y cercanos al presidente Daniel Ortega, confía en que el acercamiento de Manuel Coronel con Joseph Biden este lunes en Costa Rica, tendrá muy buen suceso. Pero destacó que la gran oportunidad será cuando el presidente nicaragüense tome la palabra como uno de los primeros cinco oradores, en la V Cumbre de las Américas, en Trinidad y Tobago.

Castro evidencia su confianza --quizá la misma del gobierno--, de que todo debe de llegar, pero a su debido tiempo: “Va a haber una oportunidad de hablar directamente con el Presidente de Estados Unidos”, aseguró.