•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

La música fue interrumpida por el crujir de la armazón de los ocho pisos del Hotel Intercontinental. Quienes celebraban en el área de la piscina huyeron a mitad de la serenata navideña. Eran las 00:29 a.m. del 23 de diciembre de 1972, cuando sucedió lo que muchos recuerdan como un estallido del suelo seguido por expresiones de terror de los habitantes de Managua, mientras la ciudad se derrumbaba.

Algunos de los trabajos que recopilan las memorias del terremoto de Managua 72: 

Bailaban al compás de "Guantanamera", interpretada por Los Ramblers, una de las mejores orquestas de la época en Nicaragua. Atilio Ibarra, maestro de secundaria y bombero voluntario, tocaba las congas esa noche con la banda de sus hermanos Asdrúbal, José María, Fanor y Denis.

La gente huía de la fiesta y el músico y bombero trataba de controlar su miedo. Consiguió controlarse y fue en auxilio de un trabajador del hotel herido que se hallaba en el sótano. Esos momentos de incertidumbre, cuando la gente corre por la emergencia, le sirvieron para entender mejor que cuando los bomberos llegan a salvar vidas deben congelar sus nervios para hacer mejor el trabajo.Los incendios terminaron de destruir lo que el terremoto no botó en la madrugada del 23 de diciembre de 1972. Cortesía

Ibarra, quien hoy tiene 76 años de edad, salió del edificio esa madrugada dispuesto a socorrer a más personas; buscó su camioneta en el parqueo y pudo presenciar una escena singular: trabajadores del hotel llevaban en brazos al millonario estadounidense Howard Hughes, quien estaba hospedado en el Intercontinental, al pie de la Loma de Tiscapa, porque había venido a Managua por negocios. Lo sacaron de la habitación bien cubierto y lo trasladaban hacia un vehículo.

La muerte al acecho

El bombero todavía desconocía la magnitud del desastre. Encendió la camioneta para dirigirse al cuartel y sumarse a las brigadas de emergencia que, supuso, estarían saliendo hacia zonas afectadas.

“En mi mente estaba primero ir a trabajar como bombero, porque yo sabía que en mi casa estaban seguros, tanto así que yo no me dirigí ahí, me dirigí a los bomberos”, relata 45 años después del terremoto de 1972.

Mientras conducía sobre la calle Colón, rumbo al Cuartel del Benemérito Cuerpo de Bomberos, veía sombras que salían aún adormecidas de las casas que habían resistido el sismo de 6.2 grados en la escala Richter. De otros edificios solo quedaban escombros envueltos en la penumbra y el polvo que se alzaba al deshacerse las viejas paredes de taquezal.

El fuerte temblor de la tierra, en el inicio del día 23 de diciembre, acabó con la vida de 10,000 habitantes de la capital de Nicaragua, mientras dormían o celebraban la cercanía de la Navidad.

Dos de las muertes ocurrieron en el cuartel de bomberos, donde pendía una pancarta con el deseo “Felices pascuas y Año Nuevo” que cayó con la segunda planta del edificio sobre los camiones que usaban para sofocar los incendios. Los 22 bomberos de turno quedaron desprotegidos y sin herramientas.

Cuando Atilio Ibarra se acercó caminando al cuartel derrumbado, encontró la bota de Miguel Salgado, quien no pudo salir del puesto de mando cuando el segundo piso sucumbió. Otros bomberos le informaron que también había caído la pared de la parte norte, matando al voluntario William Madriz, de 23 años y originario de Corinto, quien días antes se graduó de ingeniero.

Todos callaron y el silencio, que se prolongó más de un minuto, fue roto por el quejido inesperado de la sirena de un camión sepultado entre escombros. Los bomberos, sin saber cómo afrontar esa adversidad, optaron por ir a sus casas para ver a sus familias. Ibarra recuerda haber llegado a su casa en Linda Vista, donde aún reside, y encontró bien a su esposa y a su hija de un año.

Cuando regresaron al cuartel, con el amanecer, estaban arribando los refuerzos de los bomberos de Masaya y León, esta última ciudad a 90 kilómetros de distancia.Las unidades quedaron sepultadas bajo la segunda planta del edificio la noche del sismo, dejando sin desprotegidos y sin herramientas a los bomberos.  Cortesía

Escenas inolvidables

Los sismos continuaron, con menor intensidad, mientras los bomberos luchaban contra los incendios en el área comercial del centro de Managua, donde también ocurrían saqueos de tiendas. El fuego más grande duró dos semanas, recuerda Ibarra.

Durante cinco días, los bomberos trabajaron sin tregua, descansando pocas horas. Entre las escenas dramáticas que Ibarra vio, destaca la del médico Agustín Cedeño atendiendo por la noche a decenas de heridos en un predio iluminado con las luces de automóviles.

“Lo más impactante fue ver la cantidad de muertos y heridos que había. También nos impactó cuando incineramos cadáveres en dos fosas comunes que se hicieron en el Cementerio General. Estos se movían cuando el fuego llegaba al nervio”, recuerda y baja la voz, parece consternado.

Uno de esos días, Ibarra se zafó de la muerte en segundos. Estaba sentado junto a un muro con otros bomberos, se levantaron y caminaron, y un instante después el muro se vino abajo. De haber seguido allí, les habría caído encima.

Otro día ayudó a una madre que, desesperada, trataba de sacar a su pequeña hija de los restos de una vivienda; y cuando logró levantar la piedra que aprisionaba a la niña, esta ya carecía de signos vitales. En los escombros encontró cadáveres de personas que, según su apariencia, habían muerto asfixiadas en casas de adobe trabadas con grandes puertas de madera sólida.

Los bomberos sofocaron tantos incendios sin usar equipos de protección que Ibarra se sintió débil antes de lo esperado. La absorción de humo y el poco descanso, le hicieron flaquear.

La tarde del 27 de diciembre, Atilio Ibarra se hallaba en la costa del lago Xolotlán rellenando con agua las pipas para enfrentar más incendios, cuando le avisaron que en la Casa Mántica, junto a la avenida Bolívar, había una emergencia. Se sentía sin la suficiente fuerza para continuar y justo en ese momento apareció el bombero que le relevaría. De inmediato se retiró a descansar, dejando atrás la ciudad, todavía sumida en el caos.dos bomberos murieron bajo los escombros del cuartel la noche del terremoto.  Cortesía

Siete segundos fatídicos

A las 00:29:45 a.m del 23 de diciembre de 1972, un terremoto de magnitud 6.2 en la escala Richter, descrito como un movimiento de siete segundos de duración, destruyó Managua y acabó con la vida de unas 10,000 personas en la víspera de Navidad.

El sismo también causó más de 20,000 heridos, detalla la base de datos de terremotos significativos en el mundo de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOOA, por sus siglas en inglés).Atilio Ibarra, el bombero que estaba en una fiesta en el hotel Intercontinental la noche del terremoto, posa 45 años después junto a “La Panzona”, una de las pipas más viejas del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Managua.

Hace 45 años, la ciudad de Managua abarcaba una extensión de 67 kilómetros cuadrados con una población aproximada de 400,000 habitantes. Su principal actividad comercial y gubernamental estaba concentrada en la zona central, donde las construcciones, en su mayoría de taquezal, resultaron destruidas o gravemente dañadas por el movimiento telúrico.

Las estructuras de concreto “sufrieron daños relacionados con su ubicación respecto a las zonas de debilidad y a sus características de diseño y construcción”, explica el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter).

Muchos edificios que no fueron destruidos en su totalidad por el terremoto o las réplicas constantes de las horas siguientes, fueron consumidos por los incendios.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus