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El Reino Unido ha sobrevivido a un año marcado por la inestabilidad a causa de las negociaciones sobre el “brexit”, la pérdida de la mayoría absoluta de los conservadores de Theresa May y la sacudida de varios atentados terroristas. Con el fin del año, el Reino Unido ha terminado también la primera fase de las negociaciones sobre su retirada de la Unión Europea (UE), después de que la primera ministra británica, Theresa May, activase el pasado marzo el Artículo 50 del Tratado de Lisboa, que iniciaba la cuenta atrás para el “divorcio” británico en 2019.

El 29 de marzo, May envió a Bruselas la carta con la que notificó la intención del Reino Unido de retirarse del bloque europeo, casi un año después de que los británicos votasen en un referéndum a favor de romper con más de 40 años de participación en la UE.

Así, el país inició un complicado proceso para desenredar su conexión con los otros 27 miembros de la Unión, de los que se separará el 29 de marzo de 2019, sin que aún esté clara cuál será la futura relación que tendrá Londres con sus todavía socios europeos. Para Tim Bale, experto en políticas de la Universidad Queen Mary de Londres, activar el Artículo 50 sin tener una idea clara sobre el tipo de “brexit” que se quería fue “asombrosamente estúpido”.

“Nosotros, el Reino Unido, somos la parte más débil de las negociaciones, así que hacer correr el reloj antes de lo que ella necesitaba fue completamente contraproducente”, dijo Bale a Efe. “La única razón por lo que lo hizo fue para dar una señal a los fanáticos del brexit de su partido de que podían confiar en ella para hacer cumplir con el resultado del referéndum”, agregó.

En abril, en medio del inicio del proceso del “brexit” y en un intento por consolidar su liderazgo, la “premier” conservadora quiso aprovechar los sondeos que le eran favorables para convocar elecciones anticipadas en junio, en vez de esperar hasta 2010. Bajo el lema de “votar por un gobierno fuerte y estable”, que repitió hasta el cansancio en la campaña electoral, May hizo una jugada arriesgada. La apuesta resultó catastrófica para May, que perdió la mayoría en la Cámara de los Comunes y se vio obligada a negociar con los diez diputados del probritánico Partido Democrático Unionista de Irlanda del Norte (DUP) para mantenerse en el poder. Según Tim Bale, la elección resultó un revés para los “tories” porque se hizo una campaña de “estilo presidencialista” con una líder que resultó mala a la hora de convencer al electorado. En medio de su debilidad política y de los continuos desacuerdos en el Partido Conservador sobre el tipo de “brexit” que se quería, May tuvo que afrontar, al mismo tiempo, una campaña terrorista que castigó duro al Reino Unido este año.

El primer atentado fue perpetrado el 22 de marzo por un hombre con un vehículo ante el Parlamento de Westminster, horas después de que May terminase su sesión semanal de preguntas en los Comunes y en el que 5 personas murieron, entre ellos un policía.

Dos meses después, el país quedaba conmocionado por el atentado suicida en el estadio Mánchester Arena, al norte de Inglaterra, al término de un concierto de la cantante Ariana Grande, en el que 22 personas perdieron la vida, en su mayoría adolescentes. Pero la oleada terrorista de radicales islámicos continuó. El 3 de junio ocho personas murieron, entre ellas el español Ignacio Echeverría, en un atentado en el puente de Londres. Después hubo otros dos atentados, pero esta vez sin víctimas mortales. Uno de ellos fue el 19 de junio ante la mezquita londinense de Finsbury Park y el del 15 de septiembre en la estación del metro Parsons Green, en el oeste de la capital británica. Además, en junio, May fue criticada por la población y los medios por su tibia respuesta a los afectados por el incendio -el día 14- en la torre Grenfell (Londres), un edificio integrado en su mayoría por pisos de protección social, en el que 71 personas perdieron la vida.

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