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Han pasado dos siglos desde que Stendhal o Goethe recorrieran Italia, donde admiraron las ruinas romanas tal y como durante siglos lo han hecho millones de turistas, pero con la llegada del siglo XXI y la complicidad de las nuevas tecnologías, algo está cambiando en la Ciudad Eterna.

Del Coliseo a los Foros, hay lugares de obligada visita para los viajeros que, incluso pertrechados de libros o en visita guiada, tienen que recurrir a su imaginación para hacerse una idea de cómo eran esas ruinas en su máximo esplendor. Basta un simple detalle para darse cuenta de que los romanos veían aquellos monumentos de  forma muy diferente y es que las estatuas que hoy se contemplan en piedra desnuda estaban en realidad, pintadas de vivos colores.

Desde la realidad aumentada, a la reconstrucción con luces, proyecciones y sonidos sobre las mismas ruinas, las nuevas tecnologías toman un espacio cada vez mayor en la Ciudad Eterna para ofrecer al turista una experiencia nueva y más enriquecedora.

Las piedras hablan

“Estas piedras hablan, es suficiente hacerlas hablar”, asegura el periodista y divulgador Piero Angela, que ha participado en varios de estos proyectos, no solo como experto, sino también guiando con su voz los “Viajes a la antigua Roma”, que recorren el foro de Augusto y el de César.

Un viaje que empieza al caer la noche, pues la oscuridad es el aliado imprescindible para que luces, imágenes, vídeos, simulaciones gráficas y animaciones puedan verse proyectadas sobre las ruinas al aire libre para poder revivirlas como fueron hace 2,000 años.

Roma contaba con un millón de habitantes en la época del emperador Augusto (63 aC-14 dC) y de su foro queda ahora una amplia área arqueológica en la que se levantan las ruinas del Templo de Marte Vengador, cuyos restos sirven para proyectar, no solo una reconstrucción de su época de mayor esplendor, sino de la historia de la ciudad y del hombre que inició la época imperial.

Opulencia imperial

A pocos pasos, el visitante puede acceder al Foro de César y disfrutar con la misma tecnología, en esta ocasión caminando entre las ruinas para pasar, del templo de Venus, a los restos de antiguas tiendas, mientras a su paso surgen fuentes ya olvidadas o ve cómo aparecen ante sus ojos uno de los primeros grafitis de la historia sobre la pared de lo que se piensa que fue una escuela.

Y para saber cómo vivían las familias opulentas de la época imperial hay que visitar el palacio Valentini, en cuyos sótanos existen los restos de dos grandes villas romanas que, gracias a una cuidada presentación audiovisual, vuelven a la vida, reconstruyendo con luz, imagen y sonido las antiguas estancias y los traumáticos sucesos que acabaron con las lujosas moradas, tras un terremoto.

Un viaje por la cuarta dimensión

La tecnología en tres dimensiones o realidad aumentada también ha llegado a la arqueología con un ambicioso proyecto recién abierto: Una reconstrucción de las Termas de Caracalla con realidad aumentada, de la que el visitante puede disfrutar caminando por el espacio arqueológico y gracias a un visor especial. 

Los muros medio derruidos de los que fueran los baños públicos más lujosos de la Roma antigua renacen y rodean al visitante, que puede contemplar cómo las ruinas recuperan sus vivos colores, las columnas, los mármoles preciosos, el mobiliario y hasta las cristalinas aguas de la gran “natatio” (piscina descubierta).

Incluso el Toro Farnesio o Castigo de Dirce, la imponente estatua de más de cuatro metros de altura que se expone en Nápoles, vuelve de manera virtual a su emplazamiento original en un patio cubierto y porticado. 

“La cuarta dimensión es el tiempo y es lo que ofrecemos al visitante, la posibilidad de hacer un viaje atrás sin moverse del sitio”, en concreto al año 216 dC, cuando se inauguraron las termas de Caracalla, indicó en la presentación el sobreintendente de Bienes Culturales, Francesco Prosperetti.

Con estas visitas virtuales se puede ver “aquello que una persona no puede ni siquiera intuir” viendo solo las ruinas, “todos nos convertimos en arqueólogos, y con un solo clic se puede hacer un salto de 1,800 años”.

La visita permite un paseo por el gimnasio, el “frigidarium” (bañeras de agua fría), los vestuarios, el “natatio”, las saunas o las dos bibliotecas de unas termas que visitaban a diario más de 6,000 personas. 

La realidad virtual también ha llegado a los restos aún enterrados de la Domus Aurea, el lujoso palacio mandado a construir por el megalómano emperador Neron, tras el pavoroso incendio de Roma en el 64.

El director del proyecto, Alessandro d’Alessio explicó en su presentación que con este recorrido virtual “podemos revivir la historia, redescubrirla, de manera que el visitante comprenda mejor lo que ve, a través de un diálogo entre pasado y presente”. 

De la misma manera, los relieves que decoran el Ara Pacis, el monumento que el emperador Augusto dedicó en el año 9 a la paz y la prosperidad de su mandato, recuperan sus llamativos colores, lejos del blanco del mármol que se ve ahora, en una visita que sirve, además, para conocer las ceremonias sagradas que en él se realizaban y “asistir” al primer sacrificio romano de un animal, reconstruido gracias a la realidad aumentada.

En definitiva, como dice Piero Angela “cada columna, cada escalón, cada trozo de mármol cuenta un trozo de aquella historia, una historia lejana, pero a la vez cercana, porque está hecha de personas como nosotros, también ellos con sus proyectos, con sus esperanzas, con sus pasiones, a través de estas piedras siguen hablándonos en la dulce noche romana”.

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