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El dolor es uno de los principales motivos de consulta médica. Su impacto  lo sitúa como un problema de salud pública a nivel mundial, siendo la causa más frecuente de sufrimiento y discapacidad. Una iniciativa literaria da voz a este padecimiento a través de veinte historias escritas por profesionales de la salud que viven el dolor de la mano de sus pacientes. Sus testimonios pretenden aportar una enseñanza vital y una visión humanizadora de la enfermedad.

 La humanidad ha visto aumentada su esperanza de vida considerablemente en los últimos setenta años. Los grandes avances producidos en el ámbito de la medicina han hecho de la cura de muchas enfermedades antes impensables una realidad.

Sin embargo, estos progresos no han ido a la par que los avances en el abordaje del dolor, presente en muchísimas enfermedades. Ello, sumado a la cronificación y la aparición de patologías degenerativas, ha llevado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) a reconocer el dolor como un importante problema de salud pública global.

En Estados Unidos padecen este trastorno hasta el 30 % de la población y, teniendo en cuenta datos globales, el 20 % de la población mundial, según la Federación Europea del Dolor (EFIC por sus siglas en inglés).

Necesidad de hablar de este problema

El dolor no es simplemente un síntoma, sino un proceso neurosensorial que transciende más allá de lo físico. Esta enfermedad repercute negativamente en la calidad de vida, pues la mayoría de los pacientes con dolor intenso ven mermadas sus actividades sociales, familiares y laborales habituales.Afortunadamente, la sensibilización social e institucional con respecto al abordaje de este trastorno es cada vez más evidente. En este sentido, la Fundación Grünenthal y la Sociedad Española del Dolor (SED) han impulsado la obra de relatos breves “Dad palabra al dolor” (Plataforma Editorial).

Dolor crónico

El libro pretende dar voz a este sufrimiento a través de veinte relatos de profesionales sanitarios en contacto diario con el dolor de la mano de sus pacientes. Sus testimonios pretenden aportar una enseñanza vital y una visión humanizadora.

El dolor crónico, entendido como aquel que dura más de tres meses, es una patología infravalorada y de la que no se habla lo suficiente a pesar de su magnitud. Por ello, concienciar, informar y sensibilizar sobre esta enfermedad silenciosa es clave para mejorar la vida de estas personas.

“Los tabús y las presiones sociales tienen que ver con que los pacientes no se atreven a manifestar que sienten dolor de manera continuada por miedo a ser tachados de flojos o quejicas”, señala Juan Quintana, director de comunicación de la Fundación Grünenthal.

En esta línea, Juan Pérez Cajaraville, vocal de la SED (www.sedolor.es) y director de la unidad de dolor de HM Hospitales, lamenta que “desafortunadamente existe un componente emocional que nos lleva a rehuir del dolor como ser humano y, socialmente, el dolor crónico es visto como una lacra”.

Se trata de una situación contra la que hay que luchar y que, en definitiva, es el objetivo de esta iniciativa: Trasladar desde la visión más humana, tanto a la sociedad como a los profesionales sanitarios, lo que representa el dolor crónico como enfermedad, coinciden Quintana y Pérez Cajaraville.

Convivir con el dolor desde la profesión

Los expertos coinciden en que asistimos a un cambio de paradigma en el que los profesionales sanitarios están pasando, de abordar únicamente la enfermedad en sí, a tratar al paciente en su conjunto.

Lorenzo Martínez es uno de los autores que ha hecho de la lucha contra el dolor su profesión. Para este médico con más de treinta años de experiencia en el ámbito rural, “estar en contacto con pacientes con dolor no te cambia de una manera concreta, sino que te va modelando a lo largo de toda tu vida profesional”, comenta.

“El dolor es una de las experiencias más humanizadoras que el profesional sanitario puede vivir. Intentar el alivio de estas personas te une de una manera trascendental con ellos, al tiempo que te lleva a padecer con cada paciente que sufre y a sentir felicidad por cada uno que alivias”, indica Martínez.

Paliar el dolor, no solo supone utilizar toda una batería terapéutica a su alcance, sino “enfatizar sobre todo en el aspecto humano que tiene que ver con la dedicación, entrega, acompañamiento y apoyo a la persona que está sufriendo”, apunta este médico rural ya retirado.

Tal como refleja en su relato “Don Florencio”, las dificultades en el abordaje del dolor ante las que se tuvo que enfrentar eran “la escasa formación en el tratamiento del dolor que recibíamos durante la carrera, los tabús y los miedos que nos transmitían con respecto al uso de los fármacos opiáceos y la escasez de los mismos”.

Hoy, la batalla contra el dolor ha progresado notablemente gracias al desarrollo de un mayor arsenal farmacológico y a los esfuerzos dedicados a la investigación, así como a la búsqueda de nuevas dianas terapéuticas.

No obstante, todavía no existen medios objetivos para la medición del dolor, lo cual supone otro de los grandes retos. Únicamente se puede valorar mediante el reporte del paciente. Por ello, “dar palabra al dolor es la base para poder avanzar en su manejo”, asegura María do Carmo, enfermera e investigadora de dolor postoperatorio y dolor irruptivo oncológico (DIO).

¿Por qué dar palabra al dolor? Según esta enfermera, porque ello “supone la base para tratar cualquier tipo de dolor o problema. Debemos dejar que el paciente nos lo explique; de lo contrario, el tratamiento será ineficaz y no conseguiremos ayudarle de ninguna manera”.  

Su relato “La maestría del cóctel de dolores”, aborda las transformaciones interiores y los aprendizajes personales que ha adquirido al tratar con aquellas personas que padecen dolor.

La labor de la enfermería es indispensable en este tipo de pacientes y mitigar el dolor una de sus prioridades: “El dolor debe tener un abordaje multidisciplinar y nosotros, desde la enfermería -hospitalaria, como es mi caso-, estamos 24 horas con el paciente; somos los que de primera mano nos encargamos de la detección y la actuación en caso de tener las herramientas”, sostiene.

Do Carmo se dedicó al estudio del dolor agudo posoperatorio y, después, decidió volcarse en el dolor crónico, combinando práctica clínica e investigación en el dolor irruptivo oncológico, “uno de los peores dolores”, el cual afecta al 60-70 por ciento de pacientes con cáncer.

El padecimiento de sus pacientes le enseñó muchísimo sobre cómo convivir con el dolor y cómo llegar a sobreponerse ante situaciones límite: “Ver cómo estos pacientes pueden convivir con circunstancias tan críticas y, en muchos casos, sin querer preocupar a la gente de su alrededor, es una de las experiencias vitales que más me ha marcado”, indica.