•  |
  •  |
  • Edición Impresa

Hace más de treinta años, la política del hijo único obligó a muchas familias chinas a dar en adopción a sus hijos. Muy probablemente ese fuera el caso de Irene González y el motivo por el que su familia tiene rasgos occidentales y ella orientales. Al día de hoy, forma parte de la junta directiva de Andeni (Asociación Nacional en Defensa del Niño); la primera asociación de padres adoptantes en la República Popular de China, constituida en España a finales de los noventa.

Por aquella época una pareja española decidió ampliar la familia y, para ello, viajaron hasta Hangzhou, la ciudad más importante de la provincia de Zhejiang, donde vivía la que sería su segunda hija, entonces bebé. 

En la actualidad, esa niña convertida en adulta, asesora desde Andeni los procesos de adopción, prestando asistencia a través de diferentes actividades culturales y realizando proyectos de ayuda al país de origen mediante la creación de escuelas y la mejora de orfanatos.

Cuando se habla de adopciones, el tema principal sucede en torno a trámites burocráticos y al deseo de unos adultos de formar una familia; pero poco o nada se habla de las necesidades del menor. 

Frente a la ilusión de unos padres dispuestos a repartir amor, se encuentra un niño con miedo, indican desde La Voz de los Adoptados (http://www.lavozdelosadoptados.es), una asociación que se inició a principios del año 2009 con una necesidad de expresión de este colectivo, y que se consolidó  en 2010 “para dar respuesta a un vacío existente en la sociedad, y en concreto en el mundo de la adopción en España”, según indican desde su web.

“Los padres se preocupan mucho por el proceso preadoptivo, pero no dan importancia al posadoptivo, el cual es más importante y donde realmente comienza su papel”, confirma González. 

Alba Artega es natural de las Palmas de Gran Canaria y asegura sentirse diferente y aislada desde el día en que supo que era adoptada. 

“Mi infancia se desarrolló alrededor de la pregunta: ¿por qué yo no puedo ser normal?”. Como ella, son muchos los niños, adolescentes y adultos que reconocen tener sentimientos similares.Una pareja se encamina  a tomar un avión para regresar a su ciudad de origen, con su nuevo hijo adoptado. EFE/END

Derecho a tener una familia

El colectivo de La Voz de los Adoptados indica a Efe que la mayoría de los padres no son conscientes de que su hijo adoptado puede sufrir algún tipo de discriminación.

 Los pequeños acostumbran a callar sus sentimientos de incomprensión, además de los problemas añadidos en casos de adopciones internacionales, como son la adaptación a una nueva cultura o idioma, afirman. 

También aseveran que todos los menores adoptados deben adecuarse a una nueva vida en una familia desconocida y que, cuando llegan, no tienen amigos y algunos compañeros de colegio les hacen, con frecuencia,  sentirse diferentes.

Además afirman que todos tienen que oír a muchos familiares decirles que estén agradecidos por su nueva vida, comentarios que suponen “todo un sentimiento de soledad”. 

“Siempre he tenido que dar las gracias por ser adoptada, cosa que odiaba. Últimamente, a mis veintiséis años, debido a  conflictos familiares, me lo siguen recordando y cada vez me excluyen más de la familia”, puntualiza Artega. 

Irene González, recalca que  “no siento diferencias con mi hermana mayor que es biológica, pero sí que la gente me tiene lástima por haber sido abandonada aunque yo no fui consciente. Eso  ha marcado mi vida y mi personalidad”.

La mencionada asociación nació para dar respuesta a un vacío existente en la sociedad con respecto a este tema. 

“La sociedad nos exige ser agradecidos porque lo contrario hubiera sido quedarse en un orfanato, pero lo contrario no es eso, sino haberse criado apropiadamente en la familia de origen. Los menores tienen derecho a una familia y no por ello tienen que estar agradecidos”, aseguran desde el colectivo.Janice Wollett, una estadounidense de Albany, Oregón, atiende a un niño vietnamita en el orfanato de Phu My en Ho Chi Minh, Vietnam. EFE/END

El abandono nunca se olvida

Con frecuencia, si la adopción no funciona suele culparse al adoptado y no al adoptante. En muchos casos se trata a los segundos de salvadores, mientras que los primeros cargan con el rechazo o temor de algunos hacia la predisposición genética a la maldad, algo que no está demostrado.

Por ello la asociación ofrece charlas donde explicar que ser adoptado “no es en realidad algo maravilloso, porque implica un abandono previo”, indican desde esta asociación.  

“Podemos hacer un símil con un trasplante de corazón; es fantástico que una persona lo reciba, pero para ello ha tenido que morir otra, por eso defendemos que las personas se críen en su familia de origen y la administración vele porque así sea. Debería haber más control para evitar que las adopciones fracasen y no tener que sufrir varios abandonos”.

Como Irene González y Alba, la también Irene (prefiere no hacer público su apellido), de origen andaluz, supo su circunstancia desde muy pequeña. “Con seis años fui consciente de ello y recordé un cuento que me leían siendo más pequeña en relación a la adopción”. 

Gracias a la asociación, Alba Artega supo de la existencia de un servicio de búsqueda de orígenes y apoyo al adoptado en su isla; una prestación que ha dejado de ofrecerse al público el pasado 31 de diciembre de 2017, pero ella sigue esperando información sobre su procedimiento. 

Igualmente, Irene, que actualmente cuenta con veintitrés años, también ha comenzado el mismo proceso en su Sevilla natal. 

“La adopción implica una pérdida de orígenes y mucho más. Aún siendo un niño menor de un año, quedan heridas emocionales”, asegura. 

González también se ha interesado siempre por su familia biológica. “Me gustaría conocer si tengo hermanos, si me parezco a ellos, el por qué de mi abandono… pero no siento rencor; pienso que el motivo fue lo suficientemente importante en ese momento”, puntualiza. 

Desde La Voz de los Adoptados, indican, asimismo  algunas razones que llevan a determinadas familias a ocultar que un hijo es adoptado. Antiguamente por el absurdo estigma social de no poder tener descendencia; y por el miedo también a que los adoptados les abandonaran en búsqueda de su familia de origen o que esta les haga daño. 

“Hay gente que descubre su adopción al casarse y leer la partida de nacimiento. Estas personas sienten que han sido engañados toda su vida”, señala desde la asociación.

Si hay algo que tienen en común la mayoría de las personas adoptadas, es que han sufrido el síndrome del abandono, informan desde esa asociación. 

La baja autoestima, la idea de que no son queridos, la inseguridad y la culpa, son sentimientos que les acompañan y les provocan ansiedad y fobias, pudiendo necesitar de la ayuda de sicoterapeutas para superar el trauma, añaden también.

Según Alba Artega: “Me hacía mucha falta apoyo sicológico pero no había nadie ahí, ni guiando a mis padres hacia una adopción sana, ni a mí hacia una vida normalizada”. 

Desde la junta directiva de “La Voz de los  Adoptados” destacan que “algunos expertos opinan que no se diga “soy adoptado”, sino “fui adoptado”; pero no estamos de acuerdo, porque la mayoría de las personas que estamos en esta situación lo tenemos presente a diario”.

Irene Gonzaléz destaca la importancia de una buena formación a los futuros padres y comenta al respecto que “hay que asesorarles de todos los problemas que pueden o no ocurrir; además de prestarles la ayuda necesaria. Hay muchos aspectos que limar, pero siempre optando por la naturalidad de la adopción y no tratándolo como un tema tabú”.

Y es que la clave es entender que la adopción no es un derecho de las familias, sino un derecho de los menores a tenerla.