Ervin Sánchez
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De 1995 a 2008, de acuerdo con un estudio del Banco Centroamericano de Integración Económica, realizado por el economista en jefe de esa institución, Pablo Rodas, la recepción de remesas familiares en la región traía una senda ascendente, de tal forma que este rubro llegó a competir, y con ventaja, con las exportaciones totales de al menos cinco naciones, exceptuando Costa Rica.

En ese período de más de una década, el flujo de remesas hacia el istmo pasó de dos mil 709 millones de dólares hasta alcanzar en 2008 la cantidad de 16 mil 409 millones de dólares, es decir que los montos enviados crecieron más de seis veces.

Según el estudio de Rodas, lo usual en los últimos años era que la llegada de remesas creciera a niveles de dos dígitos en Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y República Dominicana, teniendo la ventaja de la estabilidad sobre los volátiles precios de las exportaciones de la región hacia el mercado mundial.

Señala el estudio que buena parte de la migración de los años setenta y ochenta, provocada por los conflictos políticos que afectaron la región, se mantuvo posteriormente en los 90, al llegar la paz al istmo, demostrando que el motivo era más económico que político.

El envío de las remesas, según las investigaciones del BCIE pasó de simplemente apoyar el consumo de las familias en las naciones de origen de los migrantes a la construcción de viviendas y al montaje de micros y pequeñas empresas, lo que de acuerdo con Rodas explica el dinamismo de las remesas.

Pero en 2008 se comenzó a apreciar un cambio en la tendencia, a raíz de la entrada en recesión de la economía de Estados Unidos, la que ha impactado sobre los trabajadores hispanos y su capacidad para enviar remesas hacia Latinoamérica. Éstas se han desacelerado, e incluso, en algunos meses han bajado respecto a los mismos meses de un año anterior.

En 2008 el envío de remesas hacia América Central en su conjunto y República Dominicana mostró signos de desaceleración, experiencia que se enmarca en el contexto del desempeño de la economía mundial, con la irrupción de la crisis financiera. En 2007 y 2008 se apreció un menor dinamismo del envío de remesas hacia la región.

Guatemala es el país que más remesas capta, seguido por El Salvador, República Dominicana y Honduras. La brecha respecto a las otras naciones es apreciable, aunque en el caso de Nicaragua el registro oficial podría estar subestimado, ya que cuenta con una amplia población migrante en Costa Rica.


Peso importante
en el PIB
El orden de los países se modifica cuando se compara respecto al PIB, y alcanza una participación elevada en el caso de los cinco países del istmo. En 2008 representó el 23.5% del PIB en Honduras, el 18.1% del PIB en El Salvador, el 11% del PIB en Nicaragua, el 9.6% del PIB en Guatemala y el 8.8% del PIB en República Dominicana. Los valores sólo fueron bajos para Costa Rica (2.1% del PIB) y Panamá (0.7% del PIB).

Los niveles actuales contrastan fuertemente con los que existían durante los noventa, cuando solo para El Salvador las remesas representaban dos dígitos del PIB. No cabe duda de que la ayuda que las remesas brindan hacia las economías se ha magnificado sustancialmente, pero esto, a la vez, provoca una mayor vulnerabilidad de los países respecto a esa “ayuda externa”.

El año pasado, las remesas continuaron creciendo, pero se registró una menor tasa de crecimiento anual desde 1986. En 2008, las remesas aumentaron 5%, cuando lo usual era que crecieran a dos dígitos, en ocasiones incluso aumentaron cerca del 20% anual.

Los datos mensuales permiten apreciar con mayor claridad que la desaceleración inició en 2007 y se acentuó en 2008. Si bien las cifras mensuales siguen siendo positivas, llama la atención que el crecimiento ha sido negativo en meses recientes para algunos de los principales países receptores de la región.

Por una senda desconocida

Por otra parte, la última recesión de Estados Unidos, en 2001, que fue suave y solo duró ocho meses, provocó cierta contracción sobre el flujo de remesas. Pero es innegable que la recesión actual, cuyo inicio oficializó en diciembre de 2007, el National Bureau of Economic Research, ya lleva 15 meses de duración, sin que se avizore todavía una pronta recuperación, lo que nos estaría conduciendo por una senda que Centroamérica no ha experimentado en el pasado reciente.

Por otra parte, aunque no es significativo, el gobierno norteamericano incrementó las deportaciones de centroamericanos desde el año pasado, algo que no se había registrado a tales niveles con antelación, lo que significa una variable adicional que complica el envío de remesas, máxime en un ambiente recesivo como el que atraviesa Estados Unidos.

Trabajos de hispanos

Según el último censo de población de EU, la fuerza laboral hispana tiene una participación alta en los siguientes sectores: servicios en los hogares (37.4%), construcción (24.6%), agricultura (20.4%), recreación y hospedaje (18.4%), y otros servicios (17.1%).

En todos estos casos la participación hispana es significativamente superior al 14%, que constituye su participación promedio en la fuerza laboral de EU, en tanto que el empleo en la construcción y los servicios, por el monto de trabajos generados en ambos, es determinante para el empleo de los migrantes y para determinar su capacidad de enviar remesas.

De hecho, la pérdida más importante de empleo en lo que va de la crisis se originó en el mercado hipotecario del sub-prime del sector inmobiliario de Estados Unidos, pero lo más preocupante es que pese a los esfuerzos de la Reserva Federal por inyectarle liquidez a la economía, no logra detener la hemorragia de pérdida de plazas de ocupación, que se inició hace 22 meses, con despidos consecutivos de trabajadores.

Como se estima que en este sector labora un porcentaje significativo de los trabajadores hispanos, es de esperar que tenga un efecto pernicioso sobre el envío de remesas hacia Centroamérica.

El desempleo hispano, que se había mantenido por debajo del 6% hasta finales de 2007, no solo superó esa barrera sino que ha aumentado en forma acelerada, y casi llega a 10%, lo que en los meses recientes se amplió, tomando en cuenta la ilegalidad de un porcentaje importante de trabajadores centroamericanos, que no pueden aplicar a los beneficios del seguro de desempleo.

Entre 2006 y 2007 se dio una desaceleración en Estados Unidos, aunque el crecimiento seguía siendo positivo, pero a finales de 2007 y durante todo 2008, la variación porcentual pasó a la franja negativa, es decir, se han dado reducciones continuas del empleo. Por otra parte, los sueldos y salarios en EU han tendido hacia la baja en los últimos años.

Caída en el PIB de EU

La baja del PIB trimestral, de -6.2% en términos anualizados, fue la más severa desde el primer trimestre de 1982. El descenso fue generalizado para la mayoría de sectores de la economía de EU, pero para los hispanos es de particular importancia lo que ocurra en la construcción y el sector de servicios.

El FMI proyectó que la economía de EU bajaría -1.6% durante 2009, pero hay otras proyecciones más pesimistas, como las de Roubini Global Economics (RGE), que estiman que la baja podría llegar a ser de -3.4%. Obviamente, mientras más severo sea el descenso, más repercutirá sobre la capacidad de los hispanos para enviar remesas a sus familiares.

Señales negativas en la economía de Estados Unidos

Las señales negativas en la economía norteamericana advierten acerca de una tendencia declinante hacia las remesas para los próximos meses, por lo que sería totalmente previsible que continuara la desaceleración o que pudiera llegarse a dar un decrecimiento durante el corriente año.

La desaceleración registrada en la captación de remesas no estaría respondiendo a un cambio de patrón de largo plazo, en el que las remesas iniciarían una senda descendente. Esos cambios de tendencia usualmente tienen lugar cuando los países receptores manifiestan avances importantes en su nivel de desarrollo, como en el caso de España cuando ingresó a la entonces Comunidad Económica Europea
En el caso de Centroamérica, donde todavía se manifiestan serios problemas en el desarrollo y donde persiste la fragilidad en las condiciones de empleo. La desaceleración actual y eventual caída sería, casi con toda certeza, un retroceso temporal que sería revertido una vez la economía de EU reinicie su senda de crecimiento, lógicamente el calificativo de “temporal” podría ser prolongado.

Las remesas dejaron de ser un fenómeno que incide exclusivamente sobre el consumo de las capas sociales menos favorecidas. En una primera ronda se canalizan hacia el consumo de las familias receptoras, que se ubican entre los deciles más pobres de la distribución de ingreso, pero pronto se esparcen hacia el resto de la economía, contribuyendo a tener un efecto dinamizador sobre numerosos sectores, en particular aquellos como la construcción.

Una reducción de las remesas perjudicaría la capacidad importadora de la región, ayudando a acentuar una brecha comercial que, previo a la crisis, ya era bastante elevada.

El estudioso señala que en cuanto a los indicadores sociales, también sería de esperar un empeoramiento en cifras como el desempleo o la desnutrición, dado que las remesas representan una de las principales variables que han incidido sobre el mejoramiento de los indicadores sociales en los últimos años en los países centroamericanos, incluso más que las mismas políticas sociales de algunos países.

Es poco lo que los países de la región pueden hacer para reducir la merma en la recepción de remesas. Las remesas se asemejan a los flujos de ayuda, con la diferencia de que éstos provienen directamente de los gobiernos de los países industrializados, mientras que las remesas son transferencias otorgadas en forma directa entre hogares ubicados en diferentes países.

Esa connotación de flujo unilateral dificulta sobremanera que los países receptores puedan revertir su descenso. Mecanismos como la facilitación de los envíos a través de menos costos de transacción ya han sido explorados desde hace años, por lo que es difícil que se puedan obtener ganancias importantes ahora en tiempo de crisis.

Asimismo, si bien es de esperar que la nueva administración demócrata mantenga una posición menos inflexible en relación a las deportaciones, no se esperan cambios dramáticos en la política migratoria hacia los trabadores ilegales, máxime en un contexto en el que la tasa de desempleo en EU tiende a subir.

Un reciente estudio del Programa de Remesas y Desarrollo en el Diálogo Interamericano revela que los envíos hacia Nicaragua en 2008 aumentaron hasta en un 10 por ciento, en relación al año 2007, llegando extraoficialmente hasta los 900 millones de dólares, pero cálculos de economistas independientes sostienen que de 2008 a 2009 se dará una reducción de alrededor de 50 millones de dólares.

Según cifras no oficiales, alrededor 800 mil nicaragüenses, forzados a vivir en el exterior, EU, Costa Rica y otros países, ayudan a mantener las necesidades y demandas básicas de unos 2 millones de habitantes, y una parte importante de esa cifra ya estaría sintiendo los rigores exportados por la crisis norteamericana.