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Entre las callejuelas y humildes viviendas de una favela, un exrapero brasileño predica la religión musulmana desde una pequeña mezquita situada en la periferia de Sao Paulo, donde a diario, cuenta, lucha contra el prejuicio. Situada en una favela conocida como Cultura Física, la mezquita recibe semanalmente a medio centenar de personas, la mayoría brasileños de este empobrecido barrio de la ciudad paulista de Embú das Artes, un polo artístico famoso por la cultura, sus turísticas tiendas y su gastronomía.

La mezquita con nombre de mujer (Sumayyah Bint Khayyat fue una mártir que prefirió morir a renunciar a su fe) fue levantada por Cesar Matheus, un exrapero y activista que creció junto con la criminalidad de la favela y encontró en la religión musulmana un refugio “delante de otros caminos”.

Después de varios años en el mundo del hip-hop y tras profesar distintas religiones, Cesar tuvo su primer contacto con el islam a finales de la década de los 80 gracias a un libro del activista estadounidense Malcom X y se convirtió hace doce años, cuando pasó a llamarse Cesar Kaab Abdul.

Sala de oración

Fue entonces cuando decidió abrir una sala de oración (haram) en el altillo de una vivienda de una favela de Embu das Artes, una bohemia ciudad que en 2003 llegó a ser considerada como uno de los municipios más violentos del país.

“Fui a la Meca, en Arabia Saudita, y allí tuve la oportunidad de hacer el camino que hizo Malcom X, de abdicar de las drogas, del tabaco. Eso fue muy importante para mí y me abrió un espacio de conocimiento y de intercambio con otras personas de diferentes realidades”, afirma en una entrevista con Efe.

A partir de ahí, asegura, modificó su conducta: “Dejé de frecuentar el bar, dejé de acompañar los encuentros de hip-hop. Paré de beber, de fumar. Fue una lucha y ahí descubrí lo que es yihad, una lucha contra uno mismo”.

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Yihad fue también el nombre con el que bautizó su grupo de rap (Jihad Brasil), el cual usa ritmos combativos para transmitir los preceptos del islam. “Quise transmitir que el yihad no es terrorismo, es algo totalmente distinto que lo que los medios de comunicación hablan. Mis letras decían totalmente lo contrario de lo que las personas pensaban”, asegura. Mientras sus letras sonaban en las “quebradas” (como se conocen las regiones más pobres y sin infraestructura de las favelas), Cesar construyó la mezquita en medio del prejuicio de este empobrecido barrio en el que hasta ese momento no había ningún musulmán. “La gente se preguntaba cómo podía haber un musulmán de favela. Un rapero, que se pasaba el día peleándose con todo el mundo en el medio político... Ahí se dijeron muchas cosas ridículas sobre mí, incluso si yo era terrorista”, apunta.

La sala de oración comenzó a ser frecuentada poco a poco por conocidos de Cesar, hasta que hace unos años fue cedido un pequeño edificio de dos plantas que hoy congrega semanalmente entre 30 y 60 personas. La mezquita está situada en frente de una iglesia evangélica, lo que, según Cesar, demuestra la convivencia armónica de las religiones en la favela, a pesar de que el desconocimiento crea prejuicios fuera y dentro de la comunidad.

Los prejuicios

“Hay mucho prejuicio en Brasil. Principalmente con el velo, las personas no conocen el islam. Cuando nos sentamos y conversamos, es diferente, pero antes nos insultan, nos llaman de mujer bomba, nos dicen qué hacemos aquí, que volvamos a nuestro país”, lamenta a Efe Vera Freire, tras participar en las oraciones del viernes (salat jumma).

Para luchar contra el prejuicio, Cesar ha creado también el grupo “Musulmanes Mochileros”, el cual recorre el país para informar sobre el islam. “Es un acto de conocimiento y no de convencimiento”, concluye.