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El 22 de abril de 1970 tuvo lugar la primera manifestación del Día Internacional de la Tierra, promovida por el activista ambiental Gaylord Nelson, quien promovía la creación de una agencia que protegiera la biosfera y sus habitantes. Nelson convocó a diez mil personas para presionar al gobierno de Estados Unidos, el cual cedió, creando la Agencia de Protección Ambiental y una serie de leyes para conservar el medio ambiente.

En vísperas del aniversario de tan memorable fecha, visitamos la segunda selva más grande del continente, la reserva de Bosawás, ubicada entre la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN), Jinotega y Nueva Segovia, declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco en 1997, y cuyas montañas y vertientes representan la mayor reserva de Centroamérica y la tercera a nivel mundial, convirtiéndose en uno de los pulmones del planeta.

EL NUEVO DIARIO realizó un recorrido por el cerro Peñas Blancas, uno de los seis núcleos de Bosawás, ubicado cerca del municipio de El Cua, cuya extensión comprende 119 kilómetros en total, de los cuales 68 kilómetros son áreas vírgenes.

Ubicado en medio de imponentes montañas y envuelto por brumas, el macizo de Peñas Blancas expresa una emocionante aventura dentro de sus selvas desconocidas. Compuesta por una hermosa variedad de flora y fauna, muestra especies que todavía no han sido descubiertas, y otras que revelan lo primitivo de sus bosques llenos de maderas preciosas y animales silvestres.

“Los Guardianes del Bosque”

Toda esta belleza natural durante años ha sido perseguida por depredadores que buscan conseguir dinero a costas del recurso más importante del hombre. Es por ello que un grupo de pobladores de la zona y otros amantes de la madre naturaleza, decidieron crear la cooperativa “Guardianes del Bosque”, nacida en 2000 como una “alternativa de sobrevivir”, según expresa su presidente, Jairo Cruz, nativo del lugar y dirigente de los guardianes.

“Venían muchas personas a despalar y se estaban llevando las maderas, entonces decidimos hacernos cargo del macizo, ya que las autoridades no le daban importancia”, aseguró Cruz.

Los “Guardianes del Bosque” fueron constituidos como cooperativa con 53 miembros, y hoy la conforman 67 afiliados, los cuales son hijos y esposas de productores de la zona. La mitad de los guardianes son mujeres y su labor va más allá del amor a la tierra.

La cooperativa ha crecido por el apoyo de algunos organismos de protección al medio ambiente, como el Fondo de Desarrollo Agropecuario (Fondeagro), que les ayudó en asesoría técnica para convertir el lugar en una actividad turística y que sus habitantes sobrevivan con sus recursos.

“Nosotros les apoyamos para que conozcan la importancia de sus recursos y así pudieran sacarle provecho, con el objetivo de cuidar el bosque, el agua y los animales”, aseguró José Martínez, asesor técnico de Fondeagro.

El macizo de Peñas Blancas es protegido desde hace diez años por estos centinelas de la tierra, que cuidan de sus montañas como si fueran sus familias, y aseguran que protegerán la naturaleza hasta con sus propias vidas.

Hace algunos años el bosque llamó la atención de algunas compañías, que cegadas por la ambición al comercio, pretendían negociar con las maderas preciosas que predominan en el lugar, como el Cedro, San Rafael, Lañamo, Nance y María, entre otros frondosos árboles que crecen varios metros y se encuentran robustos ante el clima tropical húmedo que predomina en la zona.

Alternativa turística

Los guardabosques ofrecen un sendero turístico para los visitantes, el cual constituye un recorrido de un kilómetro cuesta arriba dentro del bosque, en el cual es notable el cuidado exhaustivo del lugar y la claridad de sus aguas, que manan de una imponente cascada ubicada cerca de la cima del cerro, la cual no se observa desde ningún lugar, solamente llegando hasta el punto donde se muestra la majestuosidad de la tierra en todo su esplendor.

Para llegar a la cascada se cruzan muchos obstáculos durante tres horas en el camino, que se mezclan con las temerosas alertas de los guías, que advierten hacer silencio y no alarmarse si se encontrasen algunos animales silvestres, como jaguares, pumas, monos, cerdos de monte, serpientes y otros, pero a la vez, los temores se esfuman con la colorida belleza que ofrece la variedad de aves existentes en el lugar.

La cooperativa de los guardabosques ofrece una humilde pero hogareña cabaña donde los turistas pueden acampar en las faldas del cerro, y un paquete turístico que incluye tours por el cerro Peñas Blancas, alojamiento y alimentación con bajos costos, que van desde cinco a quince dólares por visitante y disminuyen para turistas nacionales.

Los guardabosques actualmente trabajan en un proyecto con el Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales, Marena, para asignar más recursos a los guardaparques y poder ampliar la vigilancia en el cerro, debido a que 39 años después que la lucha de Nelson se hiciera realidad, prevalecen muchas amenazas para la tierra, lamentablemente, la mayor de ellas es el ser humano.