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El escritor dominicano-estadounidense Junot Díaz, ganador en 2008 del Premio Pulitzer, relató el calvario que ha enfrentado en los últimos años, en los que incluso intentó suicidarse, tras haber sido violado cuando era un niño.

“Fui violado cuando tenía 8 años. Por un adulto en quien realmente confiaba”, reveló el autor de “La maravillosa vida breve de Óscar Wao” en un artículo que será publicado en la edición impresa del 16 de abril en la revista The New Yorker, bajo el título “The Silence: The Legacy of Childhood Trauma”, y que apareció el martes en la digital.

Díaz, de 49 años y oriundo de Santo Domingo, narra cómo ese hecho, del que nunca habló con sus padres o conocidos durante su infancia, adolescencia e incluso ya de adulto, salió a flote después de que un admirador, al que identifica como “X”, le preguntó en voz baja si el abuso sexual al que alude en sus libros le sucedió a él.

“Me tomaste completamente por sorpresa”, aseguró Díaz en una especie de conversación con “X”, a quien detalla no le respondió entonces mientras firmaba libros y de quien decidió pasar para atender al siguiente en la fila, pero quien se convierte en una especie de destinatario de su escrito.

Sobre el abuso, admite que, bajo intimidación, aterrorizado y confundido, volvió al día siguiente donde su atacante, quien lo volvió a violar.

El autor de “El ahogado” (1996), quien explica que “no hay suficientes páginas en el mundo” para describir lo que le hizo esa violación, se refiere a la depresión de la que sufría cuando tenía 11 años, los cambios de humor durante su adolescencia, así como los problemas en la escuela, que su familia, en la que es el tercero de cinco hijos, quizá supuso se debieron a que era “un maldito loco”.

También destaca cómo la carta de aceptación a la Universidad Rutgers lo salvó de sus ideas suicidas y permitió darle un alivio a su situación, ya que se dedicó a correr, levantar pesas y ser “popular”, aunque posteriormente se enfrentó a relaciones amorosas fallidas que repitió incluso en su época de posgrado. 

Pero fue la relación con una chica con quien compró un apartamento en Harlem e incluso habló de tener hijos, la que supuso un punto de inflexión, ya que terminó después de que ella descubriera sus relaciones con otras mujeres, afirma en su relato.

Desde entonces se sumió en una etapa en la que tocó fondo y hasta intentó lanzarse desde la azotea de un apartamento, y de la que confiesa salió con el apoyo de sus amigos y un “gran terapeuta”.

 Casi una década después de esa “caída”, Díaz afirma que asiste a terapia dos veces por semana, no bebe alcohol, está en una relación y se ha atrevido a hablar de su pasado.

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