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Desde los años 60, numerosos programas de exploración fueron lanzados hacia el planeta rojo.

La distancia entre la Tierra y Marte varía según el movimiento de los planetas alrededor del Sol, de manera que la distancia puede llegar a ser de 102 millones de kilómetros y la más corta, de 59 millones. 

Por razones evidentes, las agencias espaciales preparan sus proyectos para fechas coincidentes con este fenómeno, pero aún así, según explica la profesora del Instituto Nacional Aeroespacial de Estados Unidos, Rebecca Jaramillo, un viaje de un ser humano a Marte conllevaría un mínimo de 2 a 3 años. 

Mientras tanto, el próximo robot que trabajará en Marte, del programa ruso-europeo Exomars, está previsto para el 2020. Deberá perforar el suelo del planeta rojo con la esperanza de hallar rastros de vida del pasado.

Hasta el momento, solo hubo misiones robóticas en Marte, pero eso puede cambiar.

La NASA prevé una misión habitada en Marte en los años 2030. Ya está desarrollando misiones de aislamiento en la Tierra. La última prueba hasta la fecha mantuvo a seis voluntarios bajo una cúpula durante un año en Hawái.

Por su parte, la empresa holandesa Mars One planea enviar voluntarios para colonizar el planeta a partir del 2026. Ya está organizando la selección de sus primeros exploradores y preparando una primera misión no habitaba para el 2018.

SpaceX, la empresa californiana fundada por el millonario Elon Musk, tampoco oculta su ambición de establecer una colonia en el planeta rojo. Prevé enviar una cápsula no habitada a Marte en el 2018. 

El proyecto nipón

Las primeras colonias espaciales estarán en túneles en la Luna, donde Japón prevé que los humanos se instalen en 2030 en enclaves autosuficientes que ya están siendo diseñados por el Centro de Investigación de Colonias Espaciales (RCSC) nipón.

Establecido en noviembre de 2017 y liderado por la primera mujer japonesa astronauta, Chiaki Mukai, este centro dependiente de la Universidad de Ciencias de Tokio (TUS) tiene la tarea de desarrollar la tecnología óptima para garantizar la supervivencia en el espacio.

Dentro del basto universo, el satélite natural de la Tierra es un destino “muy prometedor y muy realista” dada su cercanía, apenas se tardan tres días en llegar y por ello incluso la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA) se ha sumado a la conquista lunar, explica Mukai.

El puntero centro, que agrupa a una treintena de brillantes científicos nipones, busca alternativas a la Estación Espacial Internacional (EEI), cuyas operaciones está previsto que acaben la próxima década.

“Si lo pensamos, la EEI no es más que un ‘camping’ al que tenemos que llevar todo lo necesario desde la Tierra: agua, comida, ropa, cualquier cosa, excepto los paneles solares. Si vamos a la Luna, necesitaremos usar sus recursos y hacer que todo sea eficiente mientras reciclamos”, reflexiona Mukai.

Con esta visión, se trabaja en resolver cuatro grandes problemáticas: el diseño de un espacio habitable, con capacidad de abastecerse de energía y almacenarla, con tecnología para reciclar aire y agua, y en el que se puedan cultivar alimentos.

La propuesta del RCSC presenta un habitáculo con forma de cápsula construido en los túneles ya hallados bajo la superficie de la Luna, una ubicación ideal para protegerse de los efectos de la radiación.

Simulación de una colonia en Marte.

“En el futuro imaginamos que podría haber varios módulos de vida acoplados los unos a los otros”, dice Mukai, así como instalaciones en la superficie, orientadas para estancias cortas y uso turístico.

Para la astronauta, de 66 años y con dos viajes al espacio en su trayectoria (1994 y 1998), la visión de una colonia en el espacio es más la de turistas acudiendo a hoteles que la de grandes urbes.

Para garantizar la viabilidad de esta residencia, los científicos están priorizando el estudio del uso de la termoelectricidad (producción de electricidad por calor) para el abastecimiento de energía y el diseño de un dispositivo que se instalaría en la pared.

La diferencia de temperatura entre el interior de la colonia y el exterior es mucha (de los +10/30 grados Celsius del interior a los +90/130 grados del exterior durante el día y los -170/230 grados de la noche), lo convierte en un sistema idóneo.

Pese a su sencillez, todavía “hay que desarrollar los sistemas para mantener la temperatura constante”, explica el profesor Tsutomu Iida, así como escoger un material adecuado para su implementación.

La termoelectricidad tiene una larga historia, pero su uso es limitado porque los materiales que suelen usarse son tóxicos y muchos han sido prohibidos en lugares como la Unión Europea.

El equipo japonés centra sus estudios en el siliciuro de magnesio (Mg2Si), un compuesto benigno y con reservas naturales abundantes con un tiempo “de vida” de una década, un período que podría ser superior en mejores condiciones en el espacio, estima el científico.

Cómo asegurar la producción de alimentos es otro de los puntos en los que trabajan los investigadores del RCSC y en un pequeño invernadero realizan pruebas con patatas, tomates, albahaca y lechugas sumergidas en agua en vez de plantadas en tierra.

 Se trata de obtener plasma por primera vez en estado líquido de manera artificial a partir de orina, para crear un compuesto capaz de ayudar a abonar los cultivos y mantener el agua libre de algas.

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