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Arlen Guevara García soñaba que estaba muerta y se sentía feliz. Se encontraba en un lugar lleno de flores, donde la gente la trataba con cariño. Nadie lloraba. Cuando la joven de 24 años, ciega de nacimiento, abrió los ojos y se dio cuenta de que aquello era sólo un sueño, que no se había muerto, con esperanza pensó: “¿Será que me voy a morir pronto?”

Al nacer ciego el hermano mayor de Arlen, el médico le recomendó a la madre que se operara para no tener más hijos. No le hizo caso, y fue así que Arlen salió del vientre de su mamá con la misma afección que padecía su hermano. “Mis papás no querían aceptar la realidad, que les naciera una niña así”, dice Arlen, quien vino del departamento de León a Managua a estudiar y a vivir con su cuñada. A pesar de que el rechazo de la familia la hizo soñar con la muerte, hoy no guarda ningún resentimiento.

Un día, Arlen caminaba con su bastón en la calle, cuando un muchacho que iba corriendo la embistió por delante, y la lesionó de tal manera que tuvo que ir al hospital. No sólo le quedó una cicatriz en la frente, sino que también después soñó varias veces con el golpe y el dolor. Conforme a estas experiencias, para Arlen un sueño es algo “que le va pasando en la vida, y se refleja.”

La fase más profunda de sueño de una persona es la de los movimientos oculares rápidos, conocido por las siglas MOR (REM en inglés, Rapid Eye Movement). Y ocurre cuando los ojos se mueven de manera rápida y se producen ensoñaciones con mayor frecuencia. Según Jorge Martínez Cerrato, especialista en Neurología y Medicina en Sueño, del Hospital Metropolitano, podemos tener hasta cinco sueños en una noche, y si nos despertamos durante la fase MOR, podemos recordarlos.

Imágenes son percepciones

Pero, ¿cómo se explica que una persona ciega de nacimiento sueñe con flores, si nunca las vio? “En el sueño tenemos percepciones que pueden ser visuales, auditivas, y menos frecuentes, táctiles, gustativas y olfativas. También tenemos pensamientos y emociones”, explica Martínez. En el caso de las percepciones visuales, hay una parte en el cerebro que produce imágenes. Según él, éstas se pueden originar de nuestra vida real o ser muy elaboradas.

Estudios científicos referentes a los sueños demostraron que si la persona nace ciega o pierde la visión en los primeros cinco años de vida, los sueños no tienen imágenes visuales, pero sí poseen las otras percepciones sensoriales, acompañadas de emociones y de pensamientos. “Esto se explica debido a que la persona carece de percepción visual desde su nacimiento o desde etapas tempranas de la vida. El área cerebral visual no tiene ninguna "imagen" almacenada”, añade el experto en sueños.

Olmer Dávila Rodríguez, de Managua, perdió la vista hace seis años, cuando tenía 23. En sus sueños, el ciego vuelve a ser vidente: “Sueño como cuando miraba normalmente, como si estuviera viendo”, dice. Cuando conoce a alguien, aunque no es capaz de reconocer su rostro, en los sueños lo puede sentir. Se imagina su físico, su cabello, su color de piel. Según Jorge Martínez, esto es común en personas que han perdido la visión después de los siete años de edad.

“Imágenes de archivo"

El cerebro de Olmer, según el médico, tiene guardada una gran cantidad de imágenes, todas las que logró ver durante 23 años: “A pesar de que ahora, durante el día no vea ninguna imagen, en el sueño, en la fase REM, los centros del tallo cerebral activan la corteza cerebral. Esta persona ciega puede tener una ensoñación con imágenes visuales simples o bien elaboradas, un sueño muy semejante al de una persona no ciega.”

Hace un tiempo, Olmer tenía un sueño: Se fue a otro país, a representar Nicaragua en el Goalball, un deporte paraolímpico para personas ciegas. El año pasado, el sueño se hizo realidad: lo convocaron para un juego en Honduras. A pesar de que le costó mucho acostumbrarse a la nueva vida como ciego después de haber visto la luz, sigue teniendo sueños en la vida: “Siempre tuve en mente terminar una carrera y seguir adelante”, dice él. Actualmente, está estudiando quinto año de secundaria y un día quiere ser psicólogo.

Terminar una carrera, ser profesional y no depender de nadie, es una aspiración de Arlen también. Pero tiene otra visión: la de subirse en un avión. “Es mi locura más grande y no me voy a morir con ese deseo. Me imagino cómo iré volando ahí arriba. Algo maravilloso”, dice suspirando, y con una sonrisa en los labios.

“También juegan fútbol”

El goalball o fútbol para no videntes es un deporte paraolímpico practicado por personas ciegas y deficientes visuales. Inventado en 1946 por el austriaco Hanz Lorenzen y por el alemán Sett Reindle, este juego se usó como medio de rehabilitación para los veteranos ciegos de la Segunda Guerra Mundial.

Dos equipos de tres jugadores se enfrentan tratando de meter gol en la portería contraria, lanzando un balón con cascabeles en su interior. El balón ha de rodar por el suelo para que se oiga su sonido en los 20 minutos que dura el partido. Los atletas tienen que impedir que entre en su portería arrojándose al suelo para detenerlo. Los jugadores llevan antifaces opacos para igualar la visibilidad de los participantes.

El deporte fue introducido en los Juegos Paraolímpicos de Toronto en 1976, y en 1978 se celebró el primer Campeonato del Mundo en Austria. En Nicaragua, se empezaba a practicar en los centros de rehabilitación “Carlos Fonseca”, durante los años 80. En la actualidad existen unos veinte equipos de goalball en los diferentes departamentos, y regularmente se organizan torneos a nivel local y nacional. En los Juegos Centroamericanos Paraolímpicos realizados en Managua, el año pasado, por primera vez se formó un equipo nacional que logró ocupar el segundo lugar.