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Boracay, una paradisíaca isla de aguas cristalinas, padece las consecuencias del superdesarrollo. Su controvertido cierre debería permitir limpiar el sitio y construir plantas depuradoras. 

Para la operación de cierre, se enviaron policías armados de fusiles de asalto a los puntos de entrada de la minúscula isla, acompañados de los guardacostas, que patrullaban la zona.

Según el jefe de la policía regional, Cesar Binag, el cierre entró en vigor desde la medianoche de este jueves. Desde entonces, los turistas ya no pueden utilizar el ferry, principal medio para llegar a la isla de diez kilómetros cuadrados, situada a 300 km al sur de Manila. 

“Boracay está oficialmente cerrada a los turistas. No estamos cerrando establecimientos, pero los turistas no pueden entrar. Estamos implementando las instrucciones del presidente”, dijo Binag.

Unos 600 agentes fueron desplegados, incluyendo a policías antidisturbios, para evitar cualquier incidente. Ante las miradas de estupefacción de los habitantes, los agentes llevaron a cabo ejercicios de simulación de disturbios de todo tipo, con falsos manifestantes lanzando botellas de agua e incluso falsos raptores secuestrando turistas en una playa de arena blanca. 

“Parece que estuviéramos en guerra”, dijo a la AFP el miércoles por la noche Jessica Gabay, vendedora de una tienda. “Parece que las autoridades están haciendo esto para instigar el miedo para que la gente siga las reglas”, indicó. 

Tarjeta de identificación 

El jueves el Gobierno admitió que no había una amenaza real y el subsecretario del Ministerio del Interior, Epimaco Densing, dijo a la AFP que la presencia policial era “simplemente una forma de prepararse para lo peor”. 

El presidente Rodrigo Duterte, que calificó las aguas como “una cloaca”, ordenó el cierre de este destino vacacional para construir una planta de tratamiento de aguas servidas, puesto que los hoteles y la comunidad que vive allí habrían contaminado indiscriminadamente el mar, según denunció. 

Según el Ministerio de Medio Ambiente, 195 comercios y 4,000 particulares de la isla no están conectados a los sistemas de alcantarillado. 

Durante el período de cierre solo los residentes con una tarjeta de identificación podrán abordar el ferry a la isla, que alberga a unas 40,000 personas. 

El jueves por la mañana la policía comenzó a patrullar la playa para vigilar el cumplimiento de la prohibición de nadar, a excepción de un área delimitada. 

Los botes tienen prohibido navegar en un radio de tres kilómetros alrededor de la isla y solo los habitantes de Boracay podrán pescar en las aguas.

Las autoridades prometieron que aprovecharán el período de cierre para reforzar las infraestructuras de la isla, derruir las construcciones ilegales y limpiar la basura resultante de años de crecimiento incontrolado. 

Olas pegajosas

El Gobierno temía que se produjeran manifestaciones violentas, algo que de momento no ocurrió, especialmente por parte de los 30,000 empleados en el sector turístico y de la construcción.

El número de visitantes se cuadruplicó desde 2006 y en 2017 dos millones de turistas viajaron a la isla, donde los sueldos son relativamente altos, lo que también la convierten en un atractivo destino para los trabajadores. 

Los turistas, incluyendo un creciente número de chinos y coreanos, reportaron 1,000 millones de dólares a la economía del archipiélago el año pasado. 

En los años 1990, Boracay era un paraíso para los mochileros. Pero el desarrollo provocado por el turismo de masas, que comportó la apertura de restaurantes de comida rápida en las playas, tuvo sus consecuencias. 

Las construcciones ilegales desfiguran el paisaje y, en algunas zonas, el mar se ha vuelto pegajoso, mientras que las montañas de basura se acumulan en varios puntos.

El turismo de masas supuso una maldición para algunas playas de ensueño del sureste asiático. 

Así, en Tailandia, la bahía de Maya, inmortalizada en la película “La Playa”, con Leonardo DiCaprio, cerrará de junio a septiembre para dejar que el “ecosistema se regenere”.