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¿Recordás cuáles solían ser los temas que tratábamos de potenciar a través los titulares del periódico hasta antes del 16 de abril? Inversión extranjera directa, el país como un nuevo e importante destino turístico, índices sobre accidentalidad, femicidios, un nuevo campeón mundial de boxeo, por mencionar algunos de los que recuerdo. Todo eso pasó a segundo plano a partir de ese día.

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Pongo de referencia esa fecha porque fue el día en el que el Gobierno dio a conocer una serie de reformas al Seguro Social, que a la postre serían el detonante para varios acontecimientos que sacudieron a nuestra adormecida sociedad y, que aún hoy, mientras escribo estas líneas me entristecen.

Entre el miércoles 18 de abril y el domingo 22 en diversos puntos de Nicaragua una serie de protestas violentas devinieron en la muerte de por lo menos 35 personas —cantidad confirmada que podría incrementar—, las víctimas en su mayoría fueron jóvenes universitarios, aunque hubo también chavalos estudiantes de secundaria.

Escuché a médicos decir afligidos que en los hospitales habían atendido a personas con heridas de bala en la cabeza.

En estos días, desde mi labor como periodista pude enterarme de primera mano de abusos cometidos por las autoridades y fuerzas de choque progubernamentales.

Familiares de las víctimas pidieron justicia en la calles, reclamando que los responsables de las muertes sean juzgados.   END

Recopilé testimonios de jóvenes que me narraron los vejámenes que sufrieron mientras eran arrestados. Miré llorar a las mamás que agradecían el poder abrazar a sus hijos de nuevo y he de confesar que hasta antes de la semana pasada, pensé que nunca iba a escribir un artículo periodístico en el que tendría que emplear la palabra “desaparecido”, algo que solo había leído en los viejos diarios de los años 70, cuando en el país vivía bajo una dictadura opresiva.

Vi también imágenes de colegas siendo golpeados y asaltados por fuerzas de choque. Hubo un colega muerto mientras realizaba su labor, Ángel Gahona. En un par de ocasiones—aunque en menor grado— también experimenté asedio por parte de las fuerzas simpatizantes del gobierno sandinista. La primera vez una camioneta estuvo siguiéndonos mientras cubríamos las acciones de estudiantes que “protegían” el campus de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua.

La segunda ocasión fue durante la cobertura que di a las protestas que se desarrollaban en el barrio Monimbó de Masaya, cuyos pobladores levantaban barricadas con adoquines. Observé la organización de la comunidad para proveerse de agua, alimentos y materiales explosivos, la única regla: prohibido grabar con celulares. El enfrentamiento entre los monimboseños y la policía se dio por espacio de tres horas en las inmediaciones del parque central y el mercado de artesanías, y a consecuencia de este choque hubo personas heridas de bala.

En esta cobertura una persona le tomó fotografías al equipo del diario, y permaneció moviéndose cerca de nosotros mientras estuvimos en la zona.

Miré algún rostro conocido pasar por las calles del barrio cargando su botín tras saquear alguna de las tiendas cercanas; también vi a comerciantes del mercado Oriental armarse con bates y machetes para defender sus negocios.

Desde mediados de abril Nicaragua empezó a cambiar. Ojalá pueda hacerse posible sin llegar a un conflicto mayor. Esos muertos no deben quedar en el olvido.