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Desde la 7:00 a.m. del viernes 20 de abril la Catedral Metropolitana de Managua se convirtió en el centro de acopio y asistencia médica de los jóvenes estudiantes que protestaron por las reformas al INSS en la avenida Universitaria y Upoli.

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Estudiantes de Medicina y Enfermería de distintas facultades universitarias, con la cooperación de algunos médicos, se organizaron para dar asistencia a los heridos y para abastecerse de agua, vinagre, bicarbonato, vendas, alcohol, algodón, suero, entre otras cosas útiles para atender lesiones y lo hicieron con el apoyo del cardenal Leopoldo Brenes.

No era la primera vez que me encontraba entre estudiantes que, como dice la canción, “no se hacen los sordos ni mudos cuando llega el leño”. A finales de los 90 tiré piedras a los antimotines y corrí desesperado a refugiarme entre las paredes de la UCA. Pero esta vez fue distinto, no recuerdo un gesto tan espontáneo de hermandad como el de esos muchachos en la catedral y el de las personas que llegaban a pie o en vehículos con alimentos y productos para atender a los heridos. Me recordó un poco a la guerra y pedí a Dios que ese fantasma se alejara del país.

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Era difícil no conmoverse, no tenía sentido resistirse. La joven periodista María José Martínez lloró al ver a los jóvenes, reconociendo el sentido de hermandad e identificándose con aquella sensación. Estábamos con el fotorreportero Melvin Vargas, quien abrazó a María José para darle ánimo sin decir una palabra.

Las bancas de la catedral servían como camillas, donde se recostaban a los heridos por balas de goma y a quienes habían sido afectados por los gases lacrimógenos.

Los estudiantes usaron los distintos accesos a la catedral para movilizarse, pero fue la entrada del costado oeste la que sirvió para introducir a los heridos en las protestas sostenidas en la avenida Universitaria y UNI el 20 de abril.

Los jóvenes atendidos en la catedral, después de ser revisados, según su estado de gravedad, eran trasladados en vehículos particulares a los centros médicos.

Mientras acopiaban los víveres se organizaron por grupos y decidían dirigirse a la Upoli con la asistencia, que incluía comida enlatada y paquetes de galletas.