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Eran las 4:30 p.m. del jueves 19 de abril de 2018 cuando se dijo que chavalos armados con lanza morteros y armas de fuego ingresaban por la parte de atrás de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), frente al estadio nacional de beisbol.

Entran lanzando piedras y morteros a diestra y siniestra a otros muchachos que se encuentran atrincherados dentro de la universidad, y que también tienen piedras y morteros. La única diferencia es que los que están adentro son estudiantes y pelean para que no se imponga una reforma al sistema de seguridad social que les quitaría más dinero a los trabajadores y a los mismos pensionados.

En cambio, los otros están acompañados por antimotines que les despejan el camino para que entren al recinto.

“Corran, la Juventud está adentro”, grita uno de los universitarios que resguarda la entrada. Los demás retroceden para escapar del ataque combinado de los antimotines y la Juventud Sandinista. Al instante se escuchan los gritos: “¡Médico!”, “¡Médico!”.

Al mismo tiempo otros advierten que los de la Juventud tienen armas de fuego y que están disparando a matar. Por miedo, nadie se atreve a auxiliar al joven que pide un médico. Poco a poco esta horda llamada “Juventud”, no calculo de cuántos, entra al recinto.

Entran lanzando piedras y morteros a diestra y siniestra a otros muchachos que se encuentran atrincherados dentro de la universidad. Orlando Valenzuela/END

Los estudiantes retroceden a pesar de que son más, pero lo hacen tirando morteros y piedras. Están cansados. Combatieron desde un día antes y esa tarde llevan 8 horas continuas peleando contra los antimotines, quienes les tiraban balas de goma y gases lacrimógenos.

Una hora antes de que entraran los de la Juventud a la UNI, estuve en el puesto médico que colocaron estudiantes de medicina y médicos graduados. Este se hallaba en la casa de los estudiantes internos, ubicada a 100 metros de la entrada por donde ingresaron las fuerzas de choque.

Los médicos voluntarios tenían todo tipo de medicamentos, pero les hacía falta una camilla. Cuando llegué atendían a un joven con una herida de bala de goma en la espalda. También había otros con impactos de bala de goma en el pecho y las piernas.

Uno de los médicos graduados me dijo que uno de los jóvenes no corrió con suerte y recibió un balazo de plomo en el pecho. “Lo atendí, la herida era grave. Lamentablemente cuando lo trasladábamos a una ambulancia falleció”, afirmó el doctor, quien también comentó que el muchacho no tenía identificación.

Minutos después se escucha el grito nuevamente: “¡Médico!” Muchos chavalos rodean un cuerpo ensangrentado, era un muchacho que recibió un disparo en la cabeza. Lo cargaron entre cinco pero no se lo aguantaban y lo botaron en dos ocasiones. En ese momento hizo falta la camilla.

Lo montaron a un carro y se lo llevaron. El paramédico que lo atendió dijo que su estado era reservado. Aún no sé si murió.

Los de la Juventud a su paso van destruyendo todo. Los estudiantes son replegados hasta ser arrinconados al otro extremo de la universidad, cerca de la pista Juan Pablo II.

Estudiantes universitarios y las fuerzas antimotines se efrentaron por varios días en las inmediaciones del estadio Denis Martínez. Orlando Valenzuela/END

Sus morteros y piedras no son suficientes para detener el avance de las fuerzas de choque. Resisten solo 15 minutos más después de que la Juventud entró.  Pero, finalmente, los muchachos no aguantaron y cruzaron la malla perimetral de la UNI, atemorizados por la certidumbre de que los otros tienen armas de fuego.

De esa manera la UNI fue tomada por la “Juventud”. Luego miraría los destrozos que hicieron dentro del recinto. El laboratorio de informática fue arrasado.​