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En algún lugar del Mediterráneo, el portaaviones “USS Harry S.Truman”, en cuya cubierta no cesa la actividad de los cazas Super Hornet F-18, se convirtió en la punta de lanza de las misiones estadounidenses contra el grupo Estado Islámico en Siria.

Esta ciudad flotante de propulsión nuclear, de 95,000 toneladas de peso y con 70 aviones, llegó a la zona a finales de abril desde Norfolk (Virginia), donde forma parte de un grupo de ataque integrado por cuatro destructores y un crucero de guerra.

El portaaviones, que lleva el nombre del 33º presidente de Estados Unidos, ya había sido desplegado en el Mediterráneo en 2016. 

La Marina estadounidense empezó el 3 de mayo una misión de apoyo a “Inherent Resolve”, la operación internacional contra los yihadistas del EI en Siria.

El grupo de ataque “es el más importante que ha zarpado de la costa este (de Estados Unidos) desde hace bastante tiempo”, asegura el comandante del portaaviones, el contraalmirante Gene Black.

“El plan es de siete meses, pero podemos estar en casa el mes que viene o dentro de un año”, dice el contraalmirante sobre la duración de la misión.

El portaaviones tiene de 333 metros, el tamaño el Empire State, y su personal trabaja sin cesar para abastecer a los aviones, cambiarles las ruedas o cargar municiones.

Durante el día pueden despegar dos aviones cada 40 segundos y por la noche dos cada 60 segundos.

La cubierta es el epicentro de esta pequeña ciudad donde viven 5,500 personas, muchas de ellas en su primera misión al extranjero.

“En mi casa no había mucho dinero y quería ver el mundo, conocer gente y sobre todo estudiar gratis”, explica Caitlin Schumacher, de 25 años y madre de tres niños, que trabaja plegando paracaídas.

“Es lo más interesante que he hecho jamás. Una revelación”, asegura por su parte Dewayne ‘Hula’ Hooper, un piloto de 26 años de Maryland.

Después de tres años de formación, ‘Hula’ acaba de llevar a cabo su primera misión en Siria, pero todavía no se siente totalmente seguro cuando tiene que aterrizar en el portaaviones en movimiento. “Siempre me angustia, sobre todo de noche”, confiesa.

- 17,000 comidas al día -

Después de las largas jornadas de trabajo, que pueden alcanzar doce horas, el personal se relaja viendo películas, jugando a los videojuegos o haciendo deporte.

En todas partes hay aparatos para hacer deporte y musculación, incluso en cubierta, pero como hay tantas escaleras casi no hace falta hacer deporte, bromea uno de los marineros.

También se imparten clases de ‘fitness’, se organizan sesiones de karaoke e incluso existe un programa de televisión propio, “Truman Show”, que se graba en el portaaviones.

Sin olvidar la buena comida. “Siempre que podemos queremos que disfruten”, dice Brandi Royal, de 26 años, un oficial de cocina de Denver, mientras pone beicon en las ensaladas.

Cada día se preparan 17,000 comidas en las siete cocinas del “USS Harry S. Truman”, que necesitan 700 kilos de pollo, 600 litros de leche o 160 kilos de ensalada, entre otros.

También se celebran los cumpleaños por todo lo alto, “con manteles, vasos de vino, buena música, chuletón o bogavante”, explica Naomi Goodwyn, responsable de la sala de los oficiales.

A pesar de todos estos detalles, el personal debe respetar a rajatabla la discreción sobre las misiones militares. Para eso está un responsable de comunicación, que interrumpe a un marinero que iba a contestar una pregunta sobre lo que más teme cuando está en vuelo.