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El quetzal, ave de un colorido plumaje y endémico de regiones tropicales, se ha logrado reproducir en cautiverio gracias a un programa de conservación en el estado de Chiapas, sureste mexicano.

El ave tiene presencia en países como Guatemala, Honduras, Nicaragua y Costa Rica y se ha conseguido el nacimiento de la especie en cautiverio en el Zoológico Miguel Álvarez del Toro (Zoomat), primera reserva en el mundo que lo logra.

Para la reproducción en cautiverio, las condiciones medioambientales de altitud y vegetación deben cumplir con ciertas características que Chiapas tiene y por lo que cinco ejemplares han sobrevivido a través del citado programa.

“El quetzal se reproduce a partir de los 1,200 metros de altitud y donde la vegetación sea de selva de niebla”, explicó a Efe el curador general de la exhibición de fauna silvestre de la reserva, Gerardo de Jesús Cartas Heredia.

Explicó que hay lugares de la Sierra Madre del Sur, sobre todo en los límites con Oaxaca, donde la “zona es muy baja, los vientos son muy fuerte y la vegetación dominante son los pinos y no árboles frutales de los que se alimenta el quetzal”.

El especialista, quien se ha dedicado durante dos décadas al estudio del quetzal, cuyo nombre científico es Pharomachrus mocinno, recordó que el ave fue considerada sagrada por los mayas y los aztecas y únicamente habita libre en los bosques de niebla en Chiapas.

“Afortunadamente el quetzal todavía lo podemos encontrar en la Sierra Madre, en las montañas del norte y en los Altos de Chiapas, en la frontera con Guatemala y por la zona de las lagunas de Montebello”, explicó.

En últimos años algunos investigadores comprobaron su presencia en la Selva Lacandona, lo que atestigua que su población está repartida aunque no es muy numerosa y por ello está en riesgo de extinción.

El biólogo recordó que en 1983 se llevó a cabo el primer censo que indicó que había un quetzal por cada 16 hectáreas. En 2008 se hizo un “conteo rápido” y detectó que la población se había duplicado, es decir, dos aves por cada 16 hectáreas.

Cartas dijo que ese aumento en la población se debió a que la reserva se protegió y la gente que vivía en la zona fue reubicada fuera de ella.

Relató que en 1992 arribó el primer ejemplar recién nacido al zoológico y su historial indicaba que su nido fue depredado por un tejón o viejo de monte. “Nos dedicamos a alimentarlo y a cuidarlo, eso ocurrió en los primeros días de mayo y en el mes de junio se llevó la exhibición con su plumaje y ya volando perfectamente”, agregó.