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Los vidrios volvieron a ser colocados en las calles, al igual que las barricadas, las cuales comenzaron a levantarse al mediodía. Justo en ese momento, el cura salesiano César Augusto Gutiérrez, quien está a cargo de la parroquia de Monimbó, se acercó a los pobladores.

Era el segundo día de manifestaciones en Masaya, cuando el religioso llegó hasta donde se estaba levantando la primera barricada –unos 20 metros antes de llegar a la placita de Monimbó, Masaya- exhortó a los jóvenes a respetar la vida, a manifestarse pacíficamente y a decirles que la iglesia acompañaba los reclamos justos; acto seguido, en conjunto, rezaron un padrenuestro.

 Carreteras libres de tranques

Durante toda la jornada de enfrentamientos en Masaya, el padre César Augusto Gutiérrez y otros sacerdotes de esta ciudad, estuvieron apoyando a la población que estaba siendo víctima de los efectos de los gases lacrimógenos, las balas de goma, heridas por armas de fuego y detenciones en medio de la refriega.

Frailes franciscanos salen a las calles de Juigalpa en medio del enfrentamiento, para tratar de evitar un mayor número de heridos.

Gutiérrez incluso se desmayó por los efectos de los gases, cuando junto a representantes de organismos de derechos humanos, trataban de mediar entre las fuerzas antimotines y los protestantes, para liberar prisioneros y buscar un alto al fuego en uno de los días más duros de enfrentamientos en Masaya.

El padre Gutiérrez se dirigió a los jefes policiales para pedir “que cesara la represión y que se mantuvieran en sus cuarteles”, y ayudó a que liberaran a 41 personas apresadas durante las protestas.  El actuar de los sacerdotes y obispos durante las protestas fue similar en los diferentes municipios del país donde se produjeron fuertes enfrentamientos durante la jornada de protestas que iniciaron el 18 de abril.

Muchos de ellos se ofrecieron de mediadores  para evitar más derramamiento de sangre en diferentes municipios.

Este viernes, el obispo de Jinotega, Enrique Herrera, se colocó al frente de la mediación entre la Policía y los manifestantes, un cese a la violencia en esa ciudad, que al amanecer de ese día estuvo bajo un fuerte enfrentamiento.

Con el Santísimo en procesión

El lunes 14 mayo la ciudad de Sébaco, Matagalpa, estaba sufriendo los efectos de un fuerte enfrentamiento entre policías antimotines y elementos afines al Gobierno contra manifestantes opositores y la situación estaba tan crítica que el obispo de Matagalpa, monseñor Rolando Álvarez, llegó a apoyar al párroco de Sébaco, el padre Uriel Antonio Vallejos, quien trataba de frenar la violencia.

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Los pobladores de Sébaco se habían movilizado a la Iglesia Católica de la localidad para asistir a una misa, luego de un día de enfrentamientos que dejó a varias personas con heridas de bala.

El sacerdote salesiano César Gutiérrez, saluda a los manifestantes de Monimbó. Este cura sirvió de mediador entre policías y protestantes para frenar la violencia e intercambiar detenidos.

Arodillados, los feligreses pidieron por el cese de la violencia, durante una misa que ofició monseñor Rolando Álvarez.

Luego de la misa, los feligreses acompañaron a Álvarez a una procesión con el Santísimo por las zonas donde a lo largo del día se registraron fuertes enfrentamientos a balazos, pero una vez finalizada la procesión, los enfrentamientos. La Iglesia Católica abrió las puertas de la parroquia Inmaculada Concepción de María en Sébaco, donde se improvisó un puesto médico para atender a los heridos, porque, según el padre Uriel Antonio Vallejos, en el centro de salud no estaban atendiendo a los opositores al Gobierno que resultaban heridos.

Hasta las 8:00 p.m. de ese lunes, en el puesto médico de la parroquia, a cargo del doctor Francisco Aguirre, habían atendido al menos a 16 personas, entre ellos cuatro menores de edad, la mayoría por impactos de bala.

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En la ciudad de Matagalpa, los sacerdotes César Corrales, Oscar Escoto, Denis Martínez y Sadiel Eugarrio, mediaron para frenar los enfrentamientos ocurridos durante varios días, conversando con el comisionado mayor Martín Solórzano. Lo mismo ocurrió en Jinotega, donde en varias ocasiones las fuerzas antidisturbios en conjunto con elementos del Gobierno, se enfrentaron a los manifestantes opositores y los sacerdotes de esta ciudad tuvieron que salir a las calles a evitar que la violencia continuara.

En la cuna de Sandino

El 6 de mayo pasado por la noche, un ataque que sufrieron protestantes opositores de parte de elementos afines al Gobierno en Catarina y Niquinohomo, tras un plantón que hicieron en Monimbó, Masaya, dejó numerosos heridos y destrucción en la zona.

El enfrentamiento ocurrió en la rotonda de Catarina y en varias de las calles de ese pueblo de Masaya. Luego el conflicto pasó a Niquinohomo, un municipio vecino. Los opositores dijeron que los sandinistas primero les habrían quitado las banderas azul y blanco y luego los atacaron. Después, manifestantes se trasladaron desde Monimbó a Catarina, para enfrentar a los sandinistas.

Una de las marchas multitudinarias organizadas en Managua por la Iglesia Católica.

El motivo de los enfrentamientos fue principalmente los colores que debía llevar la base del monumento al General Augusto C. Sandino, que los sandinistas pretendía que siguiera siendo rojo y negro, pero los protestantes lo habían cambiado a azul y blanco. La destrucción que los enfrentamientos dejó en Catarina  y Niquinohomo, llevó al sacerdote Edwin Román, párroco de la Iglesia San Miguel de Masaya, a ofrecerse de mediador entre la alcaldesa de Niquinohomo, Martha Jeaneth Pérez, la policía y los manifestantes, para restablecer la normalidad en la zona y evitar mayores daños.

El sacerdote lamentó que se haya atacado a los que protestaban, además de responsabilizar al Gobierno de la situación de violencia que se originó en el país. Los religiosos se pusieron a la par de la población en protesta desde un inicio, cuando el obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, llamó a las autoridades a cesar los enfrentamientos contra los universitarios y abrió las puertas de la Catedral de Managua para brindarles refugio.

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Báez y el arzobispo de Managua, monseñor Leopoldo Brenes, hicieron numerosos llamados a las autoridades para evitar más enfrentamientos, porque estaban dejando muertes y muchos heridos.

Mucho dolor

La situación de violencia sacó de su rutina tradicional a los obispos y sacerdotes y prácticamente estuvieron muchos de ellos exponiendo sus vidas al pedir tregua en medio de los enfrentamientos. La crisis dejó mucho dolor en el pueblo monimboseño, aseguró el sacerdote salesiano César Augusto Gutiérrez.

El padre Jairo Velásquez, de la iglesia Santa Catalina, en Catarina, ayudando a restablecer el orden en esta ciudad.

  “La gente está dolida por los muertos, por la injusticia con que trataron a los muchachos”, refiere el religioso, quien mantiene que ese dolor hará que la gente reaccione de nuevo ante cualquier tensión. En Monimbó, los habitantes quieren “libertad” y “tranquilidad”, según el sacerdote salesiano, quien durante los cuatro días de enfrentamientos se dedicó a “hacer oraciones y darles la bendición” a los “muchachos”, además de mediador entre la ciudadanía y la Policía.