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Todo empezó en cuestión de segundos. Juana María despertó al filo de la medianoche del sábado 12 de mayo por el estruendoso sonido de morteros que se perdía en la nada con los disparos de armas de fuego. Dejó su cama y de inmediato se dirigió a la habitación de su hijo de 23 años, pero no lo encontró. 

Asustada, abrió las puertas de su casa en el barrio indígena de Monimbó, y corrió enmedio de la penumbra. ¡Chavalo hp, te fuiste otra vez!, gritó.  Al llegar a la calle principal del asentamiento, encontró más barricadas y un ambiente de guerra que de inmediato la trasladó a la insurrección popular de 1978, cuando este mismo barrio indígena se levantó en armas en contra del dictador Anastasio Somoza. Entre el cruce de morteros y piedras, llegó hasta la placita de Monimbó, donde le dijeron que estaba su hijo. Su mente pensó otra vez en 1978. “No era una pesadilla, era una realidad 40 años después”, cuenta. 

 Sacerdotes salen a las calles a apoyar a la población

La tenue iluminación pública le impedía localizar a su hijo Iván entre las decenas de jóvenes que corrían. Preguntó otra vez y le dijeron que estaba una cuadra más al este de la plaza.  “Caminé y caminé hasta que lo encontré”. Antes de correr, se detuvo para mirar al cielo y decir: “Gracias Señor por protegerlo”. El joven estaba intacto en un puesto médico ayudando a los enfermos y doctores que atendían heridos.

Todas las noches en la plaza de Monimbó pobladores se reúnen para conmemorar a los muertos de abril.

“Mi hijo fue a ayudar a nuestros hermanos de Monimbó, a luchar por un mejor país, por justicia, por honrar a nuestros muertos”, dice bajo el inclemente sol del domingo 13 de mayo, cuando miles de capitalinos viajaron en caravana hasta Masaya en respaldo a este barrio que había sido azotado otra vez la noche antes por la Policía Nacional y miembros del Gobierno. 

Cuando la caravana de  Managua entró a Masaya se encontró con la desolación. Edificios quemados, negocios destruidos, calles con largas barricadas y casquillos de armas esparcidos por aceras. Monimbó fue atacado otra vez, pero resistió. “Somos un pueblo bravo, gente laboriosa y no nos vamos a dejar de ningún gobierno”, comenta Juana María. Esta mujer baja, de pelo cenizo y ojos achinados estuvo la madrugada del domingo pasado atendiendo heridos, cargando piedras para construir barricadas y despertando a más mujeres para que salieran a las calles a proteger de nuevo a sus hijos, pese a que horas antes a las 11 p.m. del sábado, la Iglesia católica y una organización habían alcanzado una tregua con la policía.

Lucha cívica

Desde el 19 de abril Monimbó está defendiendo sus barricadas y pidiendo justicia con morteros, palos, palabras, consignas con rezos, con muertos, con esperanza, con destrucción. Pero es una cruenta desigual, dicen. 

“Aquella en (1978) fue una guerra en la que estaba el Frente Sandinista armado, fue una lucha igual contra Somoza, de igual a igual, (pero ahora) aquí andamos con piedra, porque  nosotros no estamos armados”, lamenta Gabriel Hernández, un hombre de 30 años.

La tarde del sábado 12 de mayo Hernández dejó el negocio donde trabajaba, que optó por cerrar antes los fuertes enfrentamientos. Eran las tres exactamente, se encontraba caminando por una vía del centro de la ciudad de Masaya, y en su mente estaban las intenciones de defender a “mi pueblo”.  

 Diálogo acuerda parar represión

“Aquí estaban miembros de la Juventud Sandinista, policías y vagos en contra del pueblo, era una lucha que necesitaba de más gente”, comenta. Las redes sociales reportaban en directo incendios en edificios públicos y saqueos. Masaya estaba atrapada en anarquía y caos.  “Se está quemando el Mercado de Artesanías (mercado viejo)”, reportaban pobladores en vivo por la red social Facebook y acusaban al mismo gobierno de esa acción para deslegitimar la lucha estudiantil y ciudadana que se había gestado desde el pasado 18 de abril, y que ha dejado más de 50 muertos.

En Monimbó los pobladores han salido a protestas. Alejandro Sánchez/END

Hernández no dudó y se unió a los pobladores que enfrentaban la represión policial. “Me sumé a los chavalos por la tarde, la mañana del sábado la Policía quiso entrar a Monimbó, atacando de frente, pero el pueblo los regresó, ha habido muertos, pero han sido del lado del centro, después de esos muertos ha habido saqueos”, asegura.  

Desde las redes sociales Maritza Vanegas ha reportado las manifestaciones de este barrio. Ha salido a la iglesia San Sebastián todas las noches a poner velas a los muertos que han dejado los enfrentamientos. “Nuestra bandera ha sido nuestra arma y consideramos que nuestra lucha ha sido cívica”, asevera la joven comunicadora, que ha reportado las veces que la Policía Nacional los ha reprimido.  

“Mi corazón al igual que el de muchos está adolorido de ver tantos muertos, agresión con balas, balines, morteros, bombas molotov y armas de fuego. He visto todo. He llevado a heridos, he llorado, he elevado una oración desde las barricadas utilizadas como protección”, comenta la monimboseña, y deja claro: nuestra lucha es cívica.

Descontento social 

Minutos después de terminar la entrevista, en la plaza de Monimbó, Hernández regresa donde el periodista y pide que encienda la grabadora. “Quiero decir que exigimos paz, justicia, libertad de expresión, que los poderes del Estado sean autónomos y que dejen que cada gobierno dirija conforme sus funciones”, sentencia.

Monimbó ha sido escenario de fuertes protestas. EFE/END

Hernández votó por Daniel Ortega en las elecciones de 2006, pero en 2011 prefirió no ir a las urnas. Dice que Monimbó dejó gobernar a Ortega, pero a medida que pasaban los años se daban cuenta que “el presidente quería más poder”.  

Patricia Hernández, otra pobladora de Monimbó, coincide con el joven: “Aquí estábamos de que no nos tocaran un poquito más, porque esto (las protestas) estaba por estallar, todos estábamos inconformes con el Gobierno”. 

 Carreteras libres de tranques

Esta señora de 54 años cuando supo que había manifestaciones en varias partes del país en contra de las reformas a la Seguridad Social, decidió marchar por las principales avenidas de Masaya y terminar en la sede del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), en las afueras de la ciudad.  

Sin embargo, no lo logró. Las 50 personas, la mayoría mujeres jubiladas, que caminaban con ella, fueron interceptabas por agentes de la Policía Nacional. “Cuando los antimotines atacan a los viejos, la gente se empieza a arrechar y nosotras gritábamos “pueblo, únete”, mientras los policías se ponían y se quitaban”, recuerda.

Monimbó es una plaza emblemática en Nicaragua. EFE/END

Ella iba a la cabeza de la manifestación y dice que si la policía las hubiera dejado marchar, solo 10 jubilados habrían alcanzado la sede del INSS. “Pero pasó algo, como voy adelante, volteo a ver y veo que de pronto teníamos más personas con nosotros, ya eran tres cuadras llenas de gente, y de pronto un mar de gente”, comenta la mujer de ojos achinados que se le empañan cuando recuerda ese 19 de abril. “Esa fue la chispa que encendió todo”, añade.

Solidaridad 

Al anochecer del sábado 12 de mayo, el país se estremeció con las imágenes que el canal 100% Noticias y las redes sociales mostraban sobre Masaya. Enfrentamientos con la policía, edificios en llamas, gente corriendo buscando resguardo, barricadas para resistir los enfrentamientos y la más nefasta: un hombre caído a tiros en una calle de Masaya esa misma tarde.

De inmediato jóvenes de Managua convocaron por redes sociales a una caravana hacia Masaya en respaldo y solidaridad con la ciudad. A las 9 de la mañana del 13 de mayo, justo cuando los masayas quitaban las barricadas para recibir a los capitalinos, centenas de vehículos emprendían una marcha de más de 20 kilómetros desde la rotonda Jean Paul Genie.  En ese trayecto iba Julia Cáceres, una joven de 25 años, estudiante de Medicina, enfundada en su bata de doctora y con la bandera de Nicaragua alzada en brazos. “¿Cómo no apoyar a Masaya, cómo no apoyar a Monimbó, ejemplo de resistencia y orgullo?”, se preguntó. 

“Ir a Masaya, llevarles alimentos y medicinas tras los enfrentamientos y saqueos que han vivido es una muestra de solidaridad de todo un pueblo que está en las calles desde el 18 de abril, y ya no por el INSS, sino porque este gobierno ha defraudado a toda Nicaragua, todos estamos inconformes, y como pueblo debemos ir donde los hermanos que nos necesitan”, expresa Cáceres. 

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Para ella la movilización del pasado domingo emula el histórico repliegue táctico a Masaya de hace 39 años, cuando guerrilleros sandinistas cansados por enfrentamiento, la falta de municiones y el temor de ser masacrados por la Guardia Nacional, emprendieron el viaje a esa ciudad en 1979.

Por la Avenida Real Monimbó decenas de motocicletas, vehículos y personas a pie, marchan y gritan: “Viva Nicaragua”. Las calles del barrio indígena se han quedado pequeñas para la cantidad imprecisa de ciudadanos de Masaya, Managua, Catarina, Niquinohomo, Diriomo, Granada, Nindirí y Tipitapa que se desplazaron. La población habla con desdén del repliegue táctico que cada año emprende el Frente Sandinista y arropan uno nuevo, el “repliegue del movimiento 19 de abril”. 

Historia de resistencia

Monimbó es un pueblo bravo, aguerrido y de artesanos. La mejor descripción, según sus pobladores, la ha hecho Carlos Mejía Godoy en una de sus composiciones revolucionarias que evoca la insurrección popular de 1978 en contra de la dictadura somocista.

Los pobladores en Monimbó no han dudado en protestar. Archivo/END

El 26 de febrero de 1978, en la plaza Pedro Joaquín Chamorro, o placita de Monimbó, fue donde se dio el primer levantamiento popular de Masaya en contra del dictador Anastasio Somoza. “Yo tenía 14 años cuando se dio eso, era una niña, y hasta ayer (13 de mayo) eran los recuerdos más feos de mi vida”, dice Patricia.

Ella dice que desciende de una familia luchadora que entre 1978 y 1979 ofrecieron sus casas y fincas para resguardar a sandinistas. “Las dos fincas de mi padre fueron usadas para entrenamiento, y buzones de armas, aquí fuimos sandinistas, aquí luchamos por derrocar a la dictadura y lo logramos”, señala.

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Cuarenta años después Monimbó se alzó otra vez y Patricia advierte que cada vez que su barrio indígena lo hace, no para. 

El pasado jueves diversos sectores de Masaya llegaron a un acuerdo con la Policía Nacional en el que se estableció que resguardarían la ciudad, pero tenían prohibido entrar al barrio indígena. Los pobladores dejaron claro que  se defenderían desde sus barricadas porque no confían en las fuerzas policiales.

Justo cuando habla este domingo 13 de mayo, en la plaza donde empezó la insurrección en 1978, suena Carlos Mejía Godoy, fundido entre vivas a Nicaragua, y consignas de libertad. Justo cuando habla, al Norte de Monimbó el pueblo mira atónito las cenizas de la Alcaldía de Masaya; justo cuando habla, más capitalinos entran a la ciudad a respaldarlos; justo cuando habla, entre morteros, suena a todo pulmón “vivirás Monimbó, llama pura del pueblo”. Justo cuando habla, Monimbó se repone otra vez de una situación de violencia.