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Entre rabia, dolor y lamentos, los restos de la inmigrante guatemalteca Claudia Gómez González, asesinada en Estados Unidos, son velados en el hogar que le vio nacer hace 20 años. Sus sueños fueron truncados por una bala disparada por una agente de la patrulla fronteriza el pasado 23 de mayo.

Los pobladores de su aldea natal La Unión Los Mendoza, 220 kilómetros al noroeste de la Ciudad de Guatemala, tienen la palabra “justicia” entre el pecho y la garganta, con una mezcla de rabia al recibir los restos de Claudia, quien falleció por un “incidente” (como lo calificó la Cancillería guatemalteca) con la patrulla fronteriza de los Estados Unidos.

“Yo quiero que el que hizo esto, que pague y sienta el dolor que yo estoy sintiendo”, dijo Gilberto Gómez, padre de Claudia, frente a su casa, con una mezcla de enojo y tristeza, pero también reconoce la ayuda y solidaridad de la comunidad inmigrante en Guatemala y Latinoamérica.

El ataúd con los restos de Claudia fue colocado en la sala de la vivienda de su familia, frente a una toalla con la imagen de la estatua de la Libertad con un fondo de barras rojas y azules, a un costado un póster con una águila real, también con estrellas, y barras de los colores de los Estados Unidos, y en la pared de atrás una manta con varias fotos de la joven.

Los dolientes llevaban coronas de flores y dinero para ayudar a la familia, afuera los vecinos organizaron la preparación de alimento y bebida para cientos de personas que esperan para elvelatorio, que durará día y medio. El entierro de Claudia será, hoy sábado, por la tarde en una aldea vecina, ya que en San Juan Ostuncalco, de cientos de inmigrantes ausentes, no tienen cementerio. En la aldea decenas de niños corren por las calles de tierra y frente a las siembras de maíz, si se les pregunta sobre sus padres, alguno de ellos o los dos están en los Estados Unidos trabajando, y el cuidado de los más pequeños pasa a responsabilidad de los ancianos, los abuelos.

Casi no hay mujeres y hombres jóvenes de entre los 20 y 30 años, al parecer la mayoría se ha ido a la Ciudad de Guatemala o están ya en el país del norte en busca de cumplir el “sueño americano”.

Para los pobladores, Claudia representaba la esperanza que tiene cada familia del lugar en mejorar la situación económica trabajando por dólares. Al ver el ataúd de Claudia les recuerda que este sueño puede ser silenciado por una bala. El consulado de Guatemala en Ciudad del Río, Texas, fue el que el pasado 24 de mayo dio cuenta de la muerte de la mujer y de la detención de tres “jovencitos” guatemaltecos, Carlos Pérez Vicente y Eder Cabrera Sánchez -ambos de San Juan Ostuncalco- y Damián Méndez, de Concepción Chiquirichapa, y que la investigación estaba a cargo del FBI por “la gravedad del caso”.