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Puede ser el presidente más joven en la historia moderna de Colombia, pero sobre todo Iván Duque figura como el elegido del popular exmandatario Álvaro Uribe para recuperar el poder para la derecha opuesta a un histórico pacto de paz con la exguerrilla FARC.

Afable y con algunos kilos de más, este exsenador de 41 años es el favorito para ocupar la silla presidencial. Según los sondeos, aventaja entre seis y quince puntos al exguerrillero Gustavo Petro en el balotaje del domingo.

Abogado con maestría en economía y corta experiencia política, Duque (Bogotá, 1976) representa a la mitad de Colombia “indignada” por las “concesiones” a la exguerrilla FARC a cambio de transformarse en partido tras medio siglo de guerra. 

Por eso promete realizar “modificaciones estructurales” al acuerdo de paz de 2016 que desarmó a 7,000 combatientes. 

Ivàn Duque

Queremos que “quienes han cometido crímenes de lesa humanidad tengan sanciones proporcionales que sean incompatibles con la representación política”, dijo a AFP.

Lo convenido estipula que los jefes exguerrilleros reciban penas alternativas a prisión si confiesan crímenes y reparan a las millones de víctimas de un conflicto en el que también participaron paramilitares de ultraderecha y agentes del Estado.

Temor a la experiencia venezolana

Duque también es vocero de esos colombianos temerosos de que el país siga el rumbo que lastró económicamente a Venezuela, lo que ocurriría, asegura, si gana Petro. Al presidente venezolano, Nicolás Maduro, lo llama “dictador” y “genocida”.

Pero, sobre todo, encarna las ideas del ahora senador Uribe, al que llama “presidente eterno”, y cuyas ideas siguen vivas ocho años después de dejar la Presidencia: mano dura contra los rebeldes, inversión privada y valores tradicionales. 

Y ese poder de Uribe, que se conserva pese a decenas de investigaciones en contra, es su mayor reto en caso de llegar a gobernar. Dentro de su partido, el Centro Democrático, afirman que Duque “le debe” todo al ahora senador; en la oposición señalan que es un “títere” del exmandatario.

“Todavía nadie sabe si tiene criterio propio o va a obedecer los mandatos de otro”, sostiene Fabián Acuña, profesor de la Universidad Javeriana.

Poca experiencia

Su experiencia en la política es de cuatro años. Pero este bogotano “ha vivido la política y desde niño la lleva en la sangre”, afirma José Obdulio Gaviria, uno de los ideólogos del uribismo. Con su padre Iván Duque Escobar, un liberal de extensa carrera política, aprendió de discursos políticos.

Pero fue con el entonces ministro Juan Manuel Santos con quien se inició profesionalmente en los 90 como asesor de Hacienda. Luego saltó al Banco Interamericano de Desarrollo (BID), donde estuvo casi 13 años.

Hoy, Duque se opone ferozmente a Santos. “Es muy dinámico en sus relaciones públicas, muy hábil para manejar las relaciones”, dijo a la AFP una fuente que trabajó con él en el BID.

En Estados Unidos conoció a Uribe, quien lo incluyó en su lista cerrada al Senado para el periodo 2014-18.

“Iván es más que sabio y estoy seguro de que tiene por delante un futuro brillante”, escribió Uribe en los agradecimientos de su libro “No hay causa perdida” (2012).

Sus colegas en el Congreso valoran su inteligencia, responsabilidad y disciplina. En cuatro años logró destacarse y sacó adelante cuatro leyes, la más relevante sobre emprendimientos y “economía naranja”.

Pero “un presidente tiene que tener experiencia, autonomía, capacidad política propia, de todo eso carece Iván, que es, como todo el mundo reconoce, un buen muchacho”, considera el senador oficialista Roy Barreras.

Vieja aspiración

Su imagen jovial y moderna, en la que abundan las camisas sin corbata y los jeans, contrasta con sus creencias conservadoras: se opone a la adopción y matrimonio gay, la eutanasia, la legalización o despenalización de la droga.

Aunque antes celebraba los avances de las minorías, la adhesión a su campaña de sectores de ultraderecha y evangélicos podría explicar su endurecimiento en estos temas.

Casado hace 15 años y padre de tres hijos, de niño soñaba con ser delantero del América de Cali. Tiene una memoria cuasi fotográfica y en la universidad fue un “nerd”.

“Iván siempre decía ‘hombre, algún día yo seré presidente de Colombia’. Lo decía con tal determinación que uno le creía”, recuerda Francisco Barbosa, amigo cercano y compañero de estudio.

Melómano consagrado, tocaba bajo y cantaba en una banda de rock que formó con sus amigos del exclusivo colegio de Bogotá del que se graduó de bachiller. Aún hoy, en su tiempo libre, toca guitarra. 

Se reconoce como un buen bailarín de salsa y, paradójicamente, uno de sus géneros musicales predilectos es la trova cubana, cuyos mensajes revolucionarios intenta obviar.

También es un mago aficionado. Su “truco” consagratorio sería ser el segundo más joven elegido para ocupar el sillón presidencial, por detrás del liberal Eustorgio Salgar, quien con 39 años lo ocupó entre 1870 y 1872.

Petro, el exguerrillero que desafía a las élites en Colombia

Burló la muerte y el estigma para convertirse en el primer exguerrillero en llegar tan lejos en la búsqueda de la Presidencia de Colombia. El ascenso de Gustavo Petro hace tambalear un siglo de gobiernos tradicionales.

De 58 años, el también exalcalde de Bogotá se medirá el domingo en un histórico balotaje contra el derechista Iván Duque. Su adversario parte como favorito con una ventaja de entre seis y quince puntos en los sondeos.

Este hombre de mediana estatura, que lleva lentes gruesos por la miopía, cuida su apariencia frente a las cámaras, aunque sin excesivo esmero. Cuando le habla a la multitud, desvanece su mentada timidez.

Petro recobró para la izquierda la plaza pública y el apoyo de un importante sector de jóvenes, tras el pacto de paz con la guerrilla de las FARC, cuya fallida y violenta lucha desacreditó por décadas a esta tendencia. 

Si gana la Presidencia “será porque la ciudadanía logró separarse del miedo que produce la guerra y la política del odio”, señaló a la AFP.

Azotada por dictaduras militares en el siglo XX, Sudamérica ya conoció gobiernos a la cabeza de rebeldes que alguna vez validaron las armas, como Dilma Rousseff en Brasil o José Mujica en Uruguay.

Pero en una Colombia ensangrentada por medio siglo de conflicto ya en vías de extinción, el éxito electoral de Petro - cimentado en su oratoria - amenaza por primera vez con quebrantar un pasado de élites conservadoras y liberales.

Y quien encarna este fenómeno es un “populista radical” - a ojos de sus críticos - que militó en el disuelto M-19, un movimiento nacionalista de jóvenes de ciudad críticos del marxismo que asaltó el Palacio de Justicia (99 muertos en el ataque y la retoma militar) antes de deponer los fusiles y promover la Constitución liberal de 1991. 

Fue un “pésimo guerrillero en armas, pero buen guerrillero político. Nosotros éramos los hijos de puta que echábamos tiros y él hacía lo importante”, recuerda a la AFP Juan Montaña, de 70 años, excompañero de Petro en “El eme” en los ochenta.  Con él, la fragmentada y minoritaria izquierda ha encontrado una fórmula de poder en uno de los países más desiguales del mundo.