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La decisión de República Dominicana de barrer de un plumazo sus casi 80 años de nexos con Taiwán para abrazar las relaciones diplomáticas con China, ha despertado un intenso interés local por el lejano gigante asiático que, cual estrella mediática, se ha puesto “de moda” en la isla caribeña.

Desde que ambos gobiernos anunciaran de manera conjunta el inicio de relaciones bilaterales al más alto nivel, hace casi tres meses, se ha producido una oleada de viajes de funcionarios, empresarios y periodistas desde Santo Domingo a Pekín.

Prácticamente a diario, desde entonces, no han cesado las noticias en torno a las bondades que esta decisión supuestamente producirá en la nación con la economía más pujante del Caribe y una de las de mayor crecimiento sostenido en América Latina.

Hace pocos días, un diplomático dominicano dijo que el Gobierno chino podría invertir en su país unos 10,000 millones de dólares en los próximos años en sectores como el turismo, energía e infraestructura.

Para el director de relaciones con Asia y Oceanía del Ministerio de Exteriores dominicano, Luis González, las exportaciones locales a la nación asiática podrían pasar de 140 millones de dólares, a los 500 o 600 millones de dólares en los próximos dos años.

En 2017 el déficit de ese intercambio comercial fue de 2,281.3 millones de dólares para República Dominicana.

A mediados de junio, el ministro de Economía dominicano, Isidoro Santana, visitó China para acordar la creación de una comisión mixta que dará seguimiento a temas como comercio internacional, cooperación bilateral, inversión extranjera directa, y el fomento del turismo dominicano en la nación más poblada de la Tierra.

Asimismo, y de acuerdo a fuentes oficiales locales, se conversó sobre oportunidades de financiación de capitales chinos en puertos de carga y de cruceros, zonas de desarrollo económico industrial, saneamientos de ríos y de desarrollo urbano, y de transporte terrestre.

En la ruta de la seda

Pekín, además, acordó incluir al país caribeño en el proyecto conocido como la “nueva Ruta de la Seda”, que busca conectar a países de Asia, Europa y América Latina en un circuito de comercio mundial.

Además, los chinos invitaron a República Dominicana a participar de la feria comercial de Shanghái, a celebrarse en noviembre venidero, donde se esperan 138 países y unos 650,000 eventuales compradores. También, el Gobierno de Pekín declaró que República Dominicana entró oficialmente a su lista de destinos turísticos, luego de que esta nación reconociera la existencia de una sola China.

Pero aún hay más: a finales de octubre próximo atracará en el puerto de Santo Domingo un hospital flotante chino que durante una semana espera atender a unas 5,000 personas en áreas de Oftalmología, Odontología, Ginecología, Dermatología y Cirugías laparoscópicas, entre otros servicios.

Las grandes promesas

Este febril accionar de la diplomacia bilateral ha dejado en el olvido los fuertes resabios salidos de los taiwaneses cuando fueron apartados por los caribeños, y que les hizo afirmar que la decisión dominicana se debió a promesas chinas de inversión por el orden de los 3,000 millones de dólares.

Los nuevos socios diplomáticos rechazaron de inmediato esa postura, aunque el presidente dominicano, Danilo Medina, reveló que el “único compromiso con China” era que recibiera a los estudiantes locales becados en Taiwán y les reconociera los estudios aprobados. “Punto, no hay más”, espetó el gobernante.

Medina alista maletas

Con el enojo taiwanés difuminado, República Dominicana se apresta a colocar la cereza al “pastel” chino con la anunciada visita que Medina hará a Pekín en el último trimestre de 2018 donde será recibido por su homólogo, Xi Jinping.

Pero, como la perfección es escurridiza, la semana pasada el gobierno local se apresuró a aclarar que la firma de un memorando de entendimiento en la capital china a principios de julio por parte de un funcionario del área energética, no implica “ningún compromiso” para la construcción de 1,200 megavatios de generación, ni a la concesión por 30 años de un puerto en el noroeste del país.

República Dominicana es el segundo socio más grande en el Caribe para China, mientras esta nación es el tercer mercado asiático más importante para Santo Domingo. Los chinos en República Dominicana son propietarios de decenas de negocios de comida, ropa, calzados y una amplia gama de artículos de todo tipo relacionados con el hogar.