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Reconstruir la vida de una menor de edad, víctima de explotación sexual, de trata de personas o que ha vivido en la calle, suele ser un proceso de varios años, desde sacarla de círculos de riesgo, para después iniciar un camino de reparación sicológica, hasta concluir en su formación educativa.

Dejar la calle, romper con la estructura de abuso dentro o fuera de la familia, puede implicar un proceso no exento de recaídas, que corre el riesgo de toparse con la incomprensión y el rechazo de los allegados.

En declaraciones a Efe, el director de la fundación Munasim Kullakita, Ricardo Giavarini, señaló que una de las principales causas que induce a las menores a ingresar en dinámicas de agresión sexual es “vivir mucha violencia intrafamiliar”.

“(Creen que) la calle llega a ser un espacio más seguro que la familia”, aseguró Giavarini.

El director argumentó que ese escape parece algo fácil porque prevalece “la idea de rehacerse en el grupo de amigos”, pero a la hora de satisfacer las necesidades básicas, el cuerpo, en el caso de las mujeres, es el instrumento más efectivo para conseguir dinero.

En El Alto, la segunda ciudad más poblada de Bolivia, con cerca de un millón de habitantes y vecina de La Paz, los niveles de prostitución de niñas y adolescentes se ha incrementado considerablemente, según datos de la fundación y de la ONG Educo, que colabora con ella.

El ambiente 

La prostitución de menores se ejerce en las calles, en lugares con gran movimiento comercial y a vista de todos, y se alimenta de una estructura que vincula a proxenetas, discotecas, alojamientos y el consumo de drogas de bajo costo que se inhalan.

La labor de Munasim Kullakita se concentra en la estrategia de “reparación de daños”, orientada a reconstruir a las víctimas de la violencia sexual apoyándolas educativa, sicológica y legalmente.

Un aspecto central es el llamado “empoderamiento”, que consiste en dotar a la población en riesgo de las competencias necesarias para afrontar una vida independientemente.

Uno de los pilares del trabajo es el enfoque socio-comunitario, que hace algunos años sustituyó a uno que era más legalista y que ha permitido reducir las “recaídas”.

El subdirector de la fundación, Ariel Ramírez, enfatizó a Efe la importancia de abordar a estas menores “como personas que tienen derechos”, a fin de evitar su marginación o exclusión, que lo que hacen es que su situación se estanque y no puedan salir de ella.

Al respecto, añadió que es importante “fomentar su independencia” emocional y material, de manera que “desarrollen estrategias” para afrontar escenarios de dificultad.

De esta institución dependen al menos tres espacios destinados a acoger a las menores que sufrieron episodios de violencia sexual, uno de ellos, el Hogar de Acogida.

Ahí vive casi una veintena de niñas entre los 8 y 18 años que reciben apoyo legal, médico, sicológico y de formación técnica orientada al aprendizaje de algún oficio.

Ninguna de las niñas de ese hogar puede recibir visitas de sus familiares si no existe una autorización expresa de la autoridad regional, una especie de filtro para proteger su estabilidad, aseguró a Efe Anabel López, una de las educadoras.

López también explicó que el apoyo legal consiste en tramitar su documentación personal, fundamentalmente en los casos de orfandad y abandono.

Cuando llegan al hogar, las menores deben pasar por un proceso de valoración médica que, por lo general, debe tratar algunos casos de infecciones de transmisión sexual y problemas estomacales crónicos.

Durante una visita, Efe pudo conocer a las niñas y adolescentes, en ese momento todas ellas en un gran salón en una clase de conocimiento personal junto a la sicóloga.

Atentos a la depresión

Aunque su estado de ánimo fue el normal, ya que reían, bromeaban y contaban anécdotas, la especialista advirtió sobre la importancia de estar atentos a cualquier episodio de depresión para poder tratarlo.

Algunas de las menores que están cerca de los 18 años y que han pasado por el proceso de “restauración de daños” ya conocen un oficio, incluso han logrado ahorrar dinero en una cuenta bancaria que les permite soñar con un futuro mejor.

Tanto el director como el subdirector de la fundación subrayaron la importancia del trabajo con el entorno familiar, para que reciban al miembro que se ausentó involuntariamente y el seguimiento posterior para evitar cualquier posible reincidencia.

En ello consiste el detallado y lento trabajo para reconstruir las vidas que la trata o el abuso sexual ha dejado en varias niñas y adolescentes.