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Hablar de William Walker en Nicaragua y en Centroamérica es equivalente a aludir al nuevo conquistador, que esta vez no venía de Europa, sino que surgió de la propia América en busca de construir un gran imperio, al mejor estilo del Romano.

“Ansiosamente aguardamos que Cuba sea parte de la Unión (Americana) […] El Golfo [de México] será el centro del comercio más rico que el que podría jamás presumir el Mediterráneo; Nueva Orleans será la Alejandría y Habana la Constantinopla de nuestro imperio, mucho más poderoso y extenso que el romano”, escribió Walker en The Daily Crescent de Nueva Orleans.

En nuestro país lo más estudiado sobre este personaje conocido como “El predestinado de los ojos grises”, por considerarse designado por Dios para “civilizar” estas tierras, se centra en episodios concretos: la quema de Granada, su ascenso a la presidencia y la derrota de sus filibusteros en la batalla de San Jacinto.

Sin embargo, muy poco se ha dicho de que el interés de  Walker en Nicaragua era nimio, al fin y al cabo era para él como la puerta que le abriría paso a conquistas más grandes como la de liberar a Cuba de la monarquía española.

Fue en ese afán ambicioso que pactó un contrato con el cubano Domingo Goicuría, quien envió a Nicaragua a 50 hombres integrados en una falange filibustera compuesta por 250 en total. De este hecho da cuenta el doctor Jorge Eduardo Arellano en su artículo “Nicaragua y Cuba, planes pilotos de Walker y Goicouría”, publicado en 2009. 

Asimismo, el historiador costarricense Armando Vargas Araya se ocupó del tema en una investigación publicada en el tomo 82 de la Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, bajo el título “La brigada cubana del expansionismo esclavista en Nicaragua”.

“Suman casi 50 los reclutas y oficiales de una Brigada Cubana quienes compartirán las responsabilidades de la guerra con que Walker aumenta los duelos, las lágrimas y las ruinas de Nicaragua. A pocas semanas de su arribo, procedentes de Estados Unidos, los aventureros antillanos pelearán contra las Fuerzas Armadas de Costa Rica, además dirigirán el periódico de propaganda filibustera, marcarán con una cruenta estela su paso por Chontales, integrarán la llamada Guardia presidencial walkerista…”, escribe el doctor Vargas Araya en su investigación.

Definitivamente, tan solo 50 cubanos fueron suficientes para convertirse en los favoritos de Walker y sus principales aliados, gracias a que Goicuría, un personaje que hizo baño de sangre en Chontales, funcionaba como un agente diplomático para asuntos económicos, pues se encargaba de solicitar los empréstitos que el líder filibustero pedía para llevar a cabo sus conquistas .  

El historiador conversó con El Nuevo Diario sobre diversos aspectos de la participación de los cubanos al lado de Walker.

¿Qué motivó a los cubanos a unirse a la falange de Walker? ¿Quién fue el intermediario?

Muchos cubanos bregaban por independizarse del Imperio Colonial Español. Unos querían ser República, otros anexarse a la Unión Americana. Unos favorecían la esclavitud, otros luchaban por su abolición. Geopolíticamente, la invasión militar del expansionismo esclavista a Centroamérica fue valorada positivamente por los anexionistas. Hubo un acuerdo entre Domingo Goicuría y William Walker, intermediado por el austrohúngaro Luis Schlesinger y el cubanoamericano Francisco Alejandro Lainé.

 ¿Cómo podría definir la ambición de Walker al querer hacer una especie de réplica del Imperio Romano?

El minúsculo narcisista soñaba en grande con llegar a ser un Julio César o un Napoleón Bonaparte. “Vinimos [a Centroamérica] como columna de vanguardia de la civilización americana”, dijo en Rivas: “Nuestra misión se extiende más allá de los límites de la visión ordinaria y abarca tal vez la redención y civilización apropiada de toda la América española”. Mínimo, comandar un imperio militar esclavista desde el estrecho de Panamá hasta el estrecho de Tehuantepec, con la península de Yucatán incluida, más Cuba y la isla Española. 

¿Qué rol jugó Goicuría?

Goicuría fue el segundo jefe militar de la llamada Falange Americana. Ensangrentó Chontales en dos veces malhadadas excursiones punitivas, recomendó separar de Roma a la Iglesia nicaragüense, suya fue la idea de elegir Presidente de Nicaragua al cabecilla invasor con esta argucia: “Como en todas las repúblicas hispanoamericanas, una espada es la que debe mandar aquí”. En la ceremonia de toma de posesión de la Presidencia, el 12 de julio de 1856– ondearon juntas las banderas de Nicaragua, Estados Unidos, Francia y el pabellón de “la Estrella Solitaria de Cuba”.

¿Cuál fue el trato entre Walker y los cubanos?

Fue un toma y daca: los cubanos ayudan a conquistar Centroamérica y luego los ayudaremos a independizarse de España. El embajador español Facundo Goñi reportó a Madrid que “proclaman públicamente en Granada su pensamiento de afirmarse en Centroamérica para emprender después sus ataques contra la isla de Cuba, y aun extenderlos después a México y en el porvenir a las demás repúblicas hispanoamericanas, según la doctrina de Monroe, y en cumplimiento del destino manifiesto”.

¿Por qué Walker hizo a los cubanos su “guardia pretoriana?

Los cubanos eran bilingües en su mayoría. Demostraron labia para entenderse con los nacionales. Se regodeaban con la presencia del cabecilla invasor en sus banquetes, cenas y otras fiestas. Se entregaban ilusionados a la causa del expansionismo filibustero. En el fondo, eran despreciados por el cabecilla de los invasores de Centroamérica que escribió: “Los [cubanos] son menos aptos para la obra verdadera de la revolución que los robustos hijos del Norte, cuya fantasía no huye de la tumba ni de las cosas que la rodean”.

¿Cómo entró en escena Lainé? ¿En realidad fue amante de Walker?

Lainé llegó a Nicaragua como agente de Goicuría y se quedó. A sus 32 años, fue nombrado ayudante personal del cabecilla invasor, con rango de teniente coronel. Dicen que era apuesto y hasta guapo. Su jefe no solo lo apreció, sino que lo llegó a querer con pasión. Los guatemaltecos lo fusilaron como traidor y su patrón, andrógino de voz aflautada, entró en duelo. 

Según un texto publicado por el doctor Jorge Eduardo Arellano, Goicuría llegó a instaurarse como gobernador en Granada, ¿en qué circunstancias se dio?

En un momento de la guerra, el cabecilla invasor se trasladó a Rivas. Su lugarteniente Goicuría quedó al mando en Granada y se hizo organizar un desfile militar en honor suyo. Recuérdense las palabras de Rubén Darío sobre los rifleros del expansionismo esclavista que “sembraron el espanto en Granada. Sus tiradores cazaban nicaragüenses como quien caza venados o conejos”.

¿Cuál es la trascendencia de la batalla contra los costarricenses?

En sus nueve meses de residencia en Costa Rica, Rubén Darío escribió sobre la Guerra Patria Centroamericana, “cuando se echó al bucanero de rifle y bota, como a una fiera invasora”. Las otras cuatro repúblicas “acudieron en ayuda de Nicaragua, con apoyo de todos y muy especialmente de Costa Rica”. A juicio suyo, esa fue su “segunda independencia, cuando se vio libre de la ocupación del filibustero yanqui”. Aún más, “la defensa contra el famoso yanqui ha quedado como una de las páginas más brillantes de la historia solidaria de las cinco repúblicas centroamericanas”.

¿Qué sucede con la alianza entre Walker y Goicuría?

El cabecilla invasor y Goicuría eran dos mandones de marca mayor, dos egos hinchados. El cubano se atrevió a darle consejos y enmendarle la plana al otro. Y cayó en desgracia. “Barbablanca”, así lo apodaban los nicas, explicó: “Nicaragua era para mí un objeto secundario, un simple escalón para subir a Cuba. Mi primer y principal objetivo es Cuba. Mi corazón, mi sangre y mi fortuna pertenecen a la causa cubana». Si los celos son más terribles en la política que en el amor, las rupturas entre los actores políticos suelen ser más desgarradoras que entre las parejas. Y exclamó: “Ya se acabó el ahijado por quien éramos compadres”. El diario “New York Times” le recordó que cuando dos montan en un caballo, es fuerza que uno vaya en las ancas.

Armando Varga Araya

Armando Vargas Araya es escritor e historiador costarricense. Ha sido galardonado con el Premio Nacional de Historia Cleto González Víquez. Es presidente de la Academia Morista Costarricense, miembro de número de la Academia de Geografía e Historia de Costa Rica y miembro correspondiente de la Real Academia Española, la Academia de la Historia de Cuba y la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua.

En el Gobierno de la República, fue el primer ministro de Información y Comunicación; ha sido miembro de número de la Academia Costarricense de la Lengua y ha cumplido responsabilidades culturales como embajador en misión especial en Argentina, Cuba y El Salvador.

Su obra más reciente es “Juan Rafael Mora y la Guerra Patria. Costa Rica versus el expansionismo esclavista de Estados Unidos, 1850-1860” (La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2017). Cuenta con 28 títulos publicados –17 de su autoría, cinco en coautoría y seis como editor–. La editorial de la Universidad Estatal a Distancia (EUNED) tiene en prensa su obra “Rubén Darío y José Martí: fervor de Costa Rica”.