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Amaya Eva Coppens, estudiante del quinto año de la carrera de Medicina en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-León), fue vista en reiteradas ocasiones estudiando libros relacionados a su carrera debajo de los árboles y en medio de las barricadas en el contexto de las protestas antigubernamentales, instruyéndose para actuar con mayor eficiencia al momento de atender alguna emergencia entre sus compañeros.

Coppens, de 23 años, quien goza de doble nacionalidad (nicaragüense y belga), es miembro del Movimiento Universitario 19 de Abril en León. El pasado 10 de septiembre fue capturada junto a Sergio Midence Delgadillo, de 28 años y ahora enfrenta causa judicial por los delitos de secuestros simple y terrorismo, lesiones sicológicas leves, portación ilegal de armas y entorpecimiento de servicios públicos. La acusación está radicada en el Juzgado Quinto Distrito Penal de Audiencia de Managua.

La acusación presentada por el Ministerio también va dirigida contra otros cinco jóvenes leoneses, a quienes señalan de participar en un tranque antigubernamental levantado a la salida de la ciudad de León, en dirección a Managua.

Dos fotografías en las que aparece Amaya Coppens departiendo con amigos de diferentes nacionalidades.

La joven vivió su infancia en Estelí, es hija del belga Frédéric Coppens y la nicaragüense Tamara Zamora, quienes desde que la joven fue capturada, viajaron a la capital para estar pendientes de su situación y gestionar su libertad, ya que consideran si arresto ilegal y arbitrario. 

Muchos de sus excompañeros de clases de bachillerato, que prefirieron el anonimato por razones obvias, la recuerdan como una persona extrovertida y sincera.

Tanto en la clase como en los trabajos extracurriculares tuvo una actitud de colaboración con los demás y cuando tenía dificultades en la parte de comprensión de un ejercicio, sobre todo de las materias consideradas problemáticas como Matemáticas, Física y Lengua y Literatura Hispánica, siempre preguntaba a sus docentes o compañeros de clases.

Ella cursó sus estudios en el Instituto Pedagógico Padre Cesar Jerez, de Estelí, considerado uno de los mejores, ya que es dirigido por un colectivo de docentes y entendidos en los senderos de las Ciencias de la Educación.

A la joven la recuerdan con un nivel de intelecto o de entendimiento claro y avanzado, suponen que lo heredó de su madre, una docente  universitaria de Estelí y su padre, hombre nacido en Bélgica, pero con corazón esteliano.

Amaya con un grupo de compañeros universitarios durante la jornada de protestas.

Le gusta pintar murales, cantar y participar en obras sociales, como visitas al Asilo de Ancianos y la construcción de viviendas para gente necesitada. 

Siempre se destacó como una excelente estudiante, culminó sus dos últimos años de  bachillerato en Hong Kong, posteriormente ingresó a estudiar la carrera de Medicina en la UNAN-León.

Respaldó jubilados

La mañana del 18 de abril, en las afueras de la delegación del Seguro Social, Coppens respaldó la protesta de los adultos mayores contra la reforma a la Seguridad Social. En ese lugar fue insultada y golpeada por los partidarios del Frente Sandinista.

“La noté un poco decaída, callada y con el rostro golpeado, además presentaba dificultad al momento de expresarse o participar en los debates en el aula de clases. Se sentía orgullosa de haber participado y respaldado a los adultos mayores que protestaban en las afueras de la delegación del Seguro Social”, expresó sobre Coppens una compañera del quinto año, quien solicitó que omitiéramos su identidad por temor a represalia.

“Amaya es una excelente estudiante, muy carismática y amable, se expresa con naturalidad; no se complica. Es extrovertida y sin prejuicios, siempre demostró su inconformidad con las violaciones a las causas sociales”, agregó la estudiante de Medicina, quien calificó las acusaciones contra la estudiante como ridículas. 

Coppens fue capturada por policías y parapolicías el pasado 10 de septiembre en una calle de León junto a otros estudiantes.

La joven agregó que tras la detención de Amaya, sintieron el vacío de ella en el aula de clases y realizaron un plantón en las afueras del Hospital Escuela Oscar Danilo Rosales Argüello (Heodra) expresando el respaldo hacia la joven y todos los presos políticos, pero el asedio policial y parapolicial los obligó a replegarse.

Amaya Coppens en una de las marchas por las calles de León.

“Amaya Jamás agarraría un arma para atentar contra una persona; son cargos ridículos, solo alzó su voz, incentivaba a no perder el ánimo, a continuar la lucha cívica, si fuera una delincuente como la ponen, estaría afuera, libre junto al opresor”, apuntó la compañera de estudios.

Jennifer Sarria, quien el pasado 28 de agosto fue agredida por sujetos afines al gobierno y luego retenida en las cárceles preventivas de la Policía por participar en un plantón azul y blanco en el parque El Calvario, aseguró que Amaya Coppens es una lideresa que se involucra en los problemas de los demás y que sabe trabajar en equipo en cualquier circunstancia.

Sarria, de 19 años, es estudiante de segundo año de Medicina y conoció a Amaya en los plantones y tranques.

“En una ocasión durante los tranques me quemé el pie y Coppens fue quien me brindó primeros auxilios. Es una persona súper linda, atenta, que se entrega a las causas sociales, es callada, delicada en sus sentimientos, cariñosa, servicial, pero sobre todo honesta”, comentó Sarria, quien además confirmó que en ocasiones observó que Coppens acudía con su libros de Medicina a los tranques para estudiar.

“Es una alumna destacada. Decía que para cualquier emergencia valía por dos, que podría pasar alguna emergencia y que ella tenía que saber qué hacer, y se ponía a leer en los tranques”, recordó Sarria.

La joven Amaya en un plantón de protesta en las inmediaciones de la Catedral de León.

No demostró miedo

Según Sarria, Coppens en todo momento durante las protestas se mostraba positiva con las cosas que se hacían.

“Nunca demostró miedo porque es contagioso, tomaba en cuenta la opinión de las demás personas, estimulaba a los demás, era uno de los motivos por el cual estábamos en la lucha junto a ella”, resaltó Sarria, quien se encuentra en desobediencia estudiantil y señaló a muchos estudiantes que actualmente están en las aulas de clases como “hipócritas”.

Por su parte, Yerri Estrada, miembro del Movimiento Universitario 19 de Abril en León y compañero de clases de Coppens, afirmó que la intención del gobierno es callar las voces de sus opositores.

Además de Amaya Coppens, nunca nos vamos a olvidar de Byron Corea, Nahiroby Olivas, Luis Muñoz, Juan Alvarado, Sergio Midence y de todos los presos políticos del país.

“Amaya es una muchacha increíble con muchos conocimientos, es muy extrovertida, tiene sus propios ideales, es una líder universitaria que expresa lo que siente, pero las acusaciones en su contra son indignantes y estresan a cualquiera”, enfatizó Estrada.

Agregó que los cargos que le achacan es una estupidez, porque la lucha fue pacífica y transparente. 

“Ella nunca reclutó a nadie; todos participamos por nuestra propia voluntad”, expresó Estrada.

Añadió que desde abril se involucró en las protestas, pero actualmente el mensaje es que van a seguir luchando en las calles. 

“Quizás ahorita no estamos en las calles, pero el pueblo no va a estar paralizado. Cada día este gobierno nos brinda un motivo más para seguir protestando”, manifestó Estrada, quien calificó como cobardía la detención y acusación en contra de los líderes universitarios.

La casa de su infancia

Desde pequeña Coppens se caracterizó por ser sobresaliente en sus estudios. Según relató su mamá, Tamara Zamora a los medios de comunicación, quien recordó que su hija fue la mejor estudiante de Estelí y la segunda a nivel nacional.

El Nuevo Diario visitó La casa de Amaya Coppens en Estelí, la que desde lejos se observa con un ambiente triste. 

Un costado de la casa ha sido pintado con un mensaje ilegible porque ya ha sido borrado con pintura negra. La puerta principal de ingreso a la casa, rodeada de un pequeño jardín, luce con un candado por fuera que desde largo parece solitaria.

No obstante, en el interior se encuentran unos parientes de Amaya Coppens. Tras tocar la puerta, ellos observaron por una pequeña ventana y amablemente alguien preguntó qué es lo que queríamos. 

Con voz suave pero firme, nos señaló que no podía brindar información por no estar autorizada por los padres de la joven universitaria, que desde el diez de septiembre forma parte de las estadísticas de los nicaragüenses detenidos por involucrarse en las protestas contra el gobierno.