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Sacerdotes que vivieron en El Salvador durante los años 80 y 90 dicen en Managua que el gran legado de Monseñor Óscar Arnulfo Romero es haber logrado que la iglesia católica abrazara con firmeza a los pobres, a los sectores desposeídos y a los violentados.

También, y parte clave en la vida y muerte de monseñor Romero, es que denunció las violaciones de los derechos humanos.

“Si hubiera muerto como tantos obispos y sacerdotes ¿Quién lo recordaría? Nadie. Ahora es una estrella que brilla, un modelo que la iglesia propone, miren lo que hizo él, imitó a Jesús; son de esos modelos que están más cerca de la gran figura de Cristo”, comentó el presbítero salesiano Salvador Cafarelli, de origen italiano y quien durante 35 años vivió en El Salvador y recogió el sentir de los pobladores, mientras impulsaba obras educativas en San Salvador.

Cafarelli se encuentra en Nicaragua como administrador del Centro Juvenil Don Bosco, en Managua. En San Salvador fundó la Universidad Don Bosco, la cual forma parte de la Ciudadela del mismo nombre, un centro que cobija a unas 12 mil personas.

“Monseñor Romero leía el evangelio y decía ‘aquí están pasando cosas’. Él estaba consciente de asumir el papel del pastor que se preocupa por las ovejas, que nadie tiene el valor de defender. Por eso, la iglesia lo declara mártir, porque él murió por defender a los más desheredados, a la gente campesina, obreros, a los pobres”, añadió.

El pecado estructural

El sacerdote jesuita Juan Ramiro Martínez, director de Identidad y Misión de la Universidad Centroamericana (UCA), en Nicaragua, de origen hondureño y quien también vivió en El Salvador en la década de los 80, explicó que Romero hizo suyas las reflexiones y documentos surgidos en las Conferencia General del Episcopado Latinoamericano de 1968, en Medellín, que marca una nueva visión y relación de la iglesia con los sectores más pobres.

“Antes se hablaba del pecado personal, adulterio, fornicación, de la mentira, pero en Medellín se va a decir que hay un pecado estructural, que es el pecado que hace que se engendren más pobres. Si en un hospital no se compra la medicina que debe suministrarse a la población y no se pone la vacuna de poliomielitis y luego un poblador anda con una pierna toda destrabada, ese es un pecado estructural, porque ya se tenía una solución y por la negligencia, porque alguien se robó el dinero, no se aplicó esa vacuna”, comentó Martínez.

Juan Ramiro Martínez, sacerdote jesuita. Óscar Sánchez\END

Monseñor Romero, dijo Ramírez, supo ilustrar en sus prédicas toda esa visión.

“Fue como una nueva lectura de la realidad que monseñor Romero supo transmitir en sus homilías. Primero decirles a los pobres que no era que Dios quisiera que ellos fueran pobres, si eran hijos de Dios. Tenían derecho a las riquezas de este mundo”, añadió.

La sentencia de muerte

El presbítero Salvador Cafarelli recordó que la defensa que hizo Romero a favor de los pobres y avasallados en El Salvador, lo hizo pedir al ejército de ese país que parara la represión contra quienes reclamaban reivindicaciones sociales y terminaban asesinados.

“La sentencia de muerte de Monseñor Romero fue pedir y ordenar no matar. Ese fue su sermón del 23 de marzo de 1980. El 24 de marzo lo mataron. Fue su sentencia de muerte porque cuando el ejército salvadoreño se dio cuenta que había una persona que estaba pidiendo, a los que tenían el poder y tenían las armas, que no mataran a sus hermanos, entonces, esto no fue bien recibido”, indicó.

Cafarelli recalcó que Romero pidió a los mandos militares no matar a la gente, “sabiendo que eso era una especie de llamado a la rebeldía”.

“Quienes estaban en el ejército, entonces, habrán dicho ‘si a éste lo seguimos dejando hablar, el ejército se va a revelar’. Se piensa que esta fue una de las razones por la que lo mataron”, explicó.

La tumba del Papa Pablo VI, quien también fue canonizado este domingo.Óscar Sánchez\END

El sacerdote Juan Ramiro Martínez recuerda que Romero dijo en la homilía “que ante una orden de matar dada por un hombre, ellos tenían que obedecer a la ley de Dios, que dice ‘No Matarás’ y dio ese gran grito que dijo: ‘Cese la represión, en Nombre de Dios, les pido, les ordeno: cese la represión’. Esto fue como desanimar a las tropas, por eso al siguiente día lo asesinan”.

Para Ramírez, las prédicas de Monseñor Romero siguen siendo actuales.

“Uno de los temas es la justicia, en nuestros países todavía falta que la justicia sea real. El que tiene poder político puede cambiar juicios. Decía monseñor Romero que la Ley era como una serpiente en El Salvador, solo pica a los descalzos, es decir, a los pobres. Es una realidad muy actual”, mantuvo Ramírez.

El sacerdote Cafarelli recordó que Romero anhelaba la paz. “¿Cómo se va a lograr la paz?”, se preguntó Cafarelli, respondiendo que esta no se logrará solamente diciendo ‘cállense todos, porque así va a haber paz´”.
“Monseñor Romero dice ‘queremos la justicia, queremos la paz’. Pero recuerden que la paz es fruto de la justicia, es fruto del respeto a la vida, esos elementos son interesantes y por eso monseñor Romero se propone como modelo para nuestra sociedad que vive situaciones de choque, de violencia, es necesario que veamos un poco esa figura”, dijo Cafarelli. 

Patrono

A San Romero de América los devotos pueden pedirle cualquier milagro, pero el sacerdote Ramiro Martínez sugiere que bien puede ser considerado patrono de los defensores de los derechos humanos.

En el año 2010 las Naciones Unidas (ONU) declaró el 24 de marzo como Día Internacional del Derecho a la Verdad, en relación con Violaciones Graves de los Derechos Humanos y de la Dignidad.

En la ONU “vieron a monseñor Romero como un símbolo de la defensa de los derechos humanos, contra la tortura, contra todas las barbaridades de la que es capaz el ser humano para conservar el poder o aumentar el poder”, destacó Martínez.

Añadió que Romero “puede ser el patrono de los defensores de los derechos humanos y de los periodistas, porque él fue un gran comunicador y la sangre de los mártires nos protege; uno dice, ‘me encomiendo a este mártir para hacer este trabajo que es difícil’, como lo que pasa con los periodistas que se están exponiendo”.

Ser como Jesús

Martínez valoró que los jóvenes conocen el legado de Romero, pero muchas veces les da miedo, porque es un santo que lo invita a uno a ser como Jesús y nadie quiere ser mártir.

Relató que a monseñor Romero le preguntaban si no le tenía miedo a la muerte y él respondía: “Claro que le tengo miedo a la muerte, el miedo es parte del ser humano, pero yo no creo merecer el martirio, el martirio es una gracia que Dios le da a uno, pero si algún día me llega, decía monseñor, que mi sangre sea semilla de liberación”.

Este pensamiento es como una herencia para los jóvenes, consideró Martínez.

“Los retos en El Salvador quizás son un tanto diferentes, uno de ellos es la cuestión ecológica, el cuido del agua; también está el tema de las maras. En la guerra uno sabía quién era soldado del ejército y quién guerrillero, pero ahora lo pandilleros están en cualquier esquina y no tienen valores morales, las pandillas deciden a quién matan”, expresó.

Martínez agregó que algo importante de monseñor Romero es que uno puede oír sus predicaciones, porque están grabadas. Su legado tiene mucha documentación, su enseñanza se transmite también por la familia, siempre hay gente en la tumba de monseñor Romero que está en la Catedral de San Salvador.

“Uno puede escuchar su voz”, afirmó Martínez.