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Las mujeres que viven en entornos rurales en México parecen estar destinadas a la pobreza. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la mitad de las mujeres rurales vive en la pobreza extrema y el restante la sufre de manera moderada.

El pasado lunes se celebró el Día Internacional de la Mujer Rural para concienciar sobre la situación de estas mujeres que padecen carencias sociales en el acceso a la educación, salud, seguridad social, infraestructura de la vivienda, servicios básicos y alimentación.

Según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), un 93.5 % de las mexicanas rurales son vulnerables a las carencias mencionadas y, además, perciben un 75 % menos de salario que los hombres que trabajan en el campo.

Pese a estas desigualdades, el papel de la mujer rural es esencial. Contribuye con un 43 % de la mano de obra agrícola del mundo, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Además, tienen que enfrentar a la discriminación en cuanto a la propiedad de la tierra, desigualdad económica, poca participación en las entidades responsables de la toma de decisiones, así como nulo acceso a créditos y a los servicios financieros.

Lidiando con dificultades

La investigadora del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) Cristina Oechmichen dice a Efe que “desde hace mucho tiempo la mujer ha desempeñado un papel de suma importancia tanto productivo como reproductivo dependiendo de las zonas rurales en las que habite”.

“Es la proveedora de vida, la encargada del cuidado de los hijos, pero también trabaja en múltiples actividades que no siempre son reconocidas y mucho menos retribuidas económicamente”, asegura.

Según la experta, a la mujer rural le cuesta más trabajo

conseguir recursos porque no habido los suficientes apoyos por parte del Gobierno para echar andar los proyectos productivos que le ayuden a lograr la autosuficiencia.

“Las que logran arrancar sus proyectos de corte emprendedor lo hacen con mucha dificultad porque no existen hasta hoy programas productivos de apoyo a estas iniciativas”, explica.

Falta de políticas públicas

 Asimismo, añade que en el país se requiere de una política pública amplia, distributiva e incluyente que “significa invertir en desarrollo social” para combatir también la violencia y la marginación.

Una de estas mujeres afectadas es Corina Arenas, quien vive en la zona rural de San Salvador Cuauhtenco en el municipio de Milpa Alta, en Ciudad de México.

Ella, junto con un grupo de personas, desarrolló hace seis años la cooperativa Productos Ecosistémicos de la Montaña. Sin embargo, asegura a Efe que la falta de apoyos junto con la burocracia gubernamental hace lento el camino hacia su meta: una empresa sustentable de corte rural.

“El proyecto consiste en la recolección de plantas medicinales,subimos a la montaña a recolectarlas, después las sembramos de nuevo

en un pequeño invernadero, para después volverlas a sembrar en la montaña. El objetivo es secar las plantas y con ello hacer tés curativos”, señala.

La madre de tres hijos explica que, por ejemplo, el toronjil ayuda a combatir el estrés y el insomnio.

El hinojo por su parte, es conocido por aliviar los dolores de los cólicos menstruales, mientras que el poleo ayuda en padecimientos respiratorios como gripe y bronquitis.

“El proyecto es 100 % rural. Es algo que nosotros trabajamos en el campo, nos ha costado muchos años levantarlo y llevarlo a cabo, a pesar de las dificultades no lo hemos dejado porque es un beneficio para la misma comunidad y para que no se pierda este conocimiento de nuestros antepasados”, explica.

No obstante, indica que se han topado con diversas dificultades como la falta de apoyos económicos para el proyecto.

Después de todo, Corina es positiva al señalar que la cooperativa seguirá capacitándose como pueda para sacar su proyecto a flote.