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El príncipe heredero de la corona saudita, Mohamed bin Salmán, todavía mantiene los asuntos del reino, pero la indignación por el asesinato del periodista Jamal Khashoggi ha empañado su reputación y reducido su margen de maniobra internacional, según los analistas.

Hace unos meses, el heredero del reino más poderoso de Oriente Medio era elogiado por dirigentes y medios internacionales por sus reformas --autorización para que las mujeres conduzcan, apertura de cines--, y su ambición de remodelar la economía de este país petrolero. Incluso aunque este príncipe de 33 años, conocido como “MBS”, concentraba en su persona poderes inéditos.

El asesinato, el mes pasado en el Consulado saudita de Estambul, de Jamal Khashoggi, crítico con “MBS”, empañó en parte la imagen del príncipe, aunque Riad insista en que se trata de una “operación no autorizada” por el poder saudí.

“En el clima actual, Arabia Saudita, el gobierno saudita y el mismo príncipe son vistos, de alguna manera, como radiactivos”, señala Husein Ibish, investigador del Institut Arab Gulf States en Washington.

“No sabemos cuánto tiempo durará, pero ahora mismo Arabia Saudita, aunque no es exactamente un paria a nivel internacional, es como mínimo una entidad con una imagen empañada”, dice a la AFP.

Por el momento, el caso no ha amenazado la posición del príncipe heredero en su país, donde ha aplicado severas medidas contra los disidentes y estrechado su control sobre el Ejército y los servicios de seguridad.

En esta monarquía absoluta, solo su padre, el rey Salmán, puede cuestionarlo.

Aunque Estados Unidos, gran aliado de Riad, denunció las maniobras sauditas en torno a las explicaciones del asesinato del periodista, no rompió los vínculos con el príncipe.

Este, quien podría gobernar (reinar en) Arabia Saudita durante los próximos 50 años, según pronostican los diplomáticos, “no se irá”, dice a la AFP Ali Shihabi, jefe de la Fundación Arabia, a menudo presentada como cercana al poder saudita.

“Debilitado”

Los analistas no prevén grandes sanciones contra el primer exportador mundial de petróleo, que es a la vez un gran comprador de armas de Estados Unidos.

“Incluso si hubiera medidas de represalia más severas en caso de responsabilidad demostrada del príncipe Mohamed bin Salmán, no solo sobreviviría, sino que aprovecharía para reforzar” su influencia a nivel nacional, estima Yezid Sayigh, del Centro Carnegie para Oriente Medio, con sede en Beirut.

“Bajo presión, los dirigentes autócratas no ceden el poder, trabajan arduamente, al precio que sea, y en esto, Mohamed bin Salmán está en mejor posición que muchos otros”, asegura este experto.

Esta semana, el regreso a Riad del príncipe saudita Ahmed bin Abdel Aziz Al Saud, hermano del rey Salmán y tío de “MBS”, hizo circular rumores de que la familia real hacía esfuerzos para mantenerse unida.

Este príncipe suscitó polémicas al criticar en el extranjero al rey y a su hijo, aunque luego quiso quitarle importancia a sus comentarios.

“El regreso desde Londres del príncipe Ahmed es una señal de que algo está pasando en los círculos dirigentes de la familia Al Saud, pero esto sigue estando velado”, según Gregory Gause, especialista de Arabia Saudita en la universidad estadounidense A&M de Texas.

Algunos dirigentes extranjeros podrían utilizar la polémica creada por este caso para obligar al príncipe a hacer algunas concesiones.

El príncipe “está debilitado y Arabia Saudita está debilitada”, asevera Ibish.

El escándalo Khashoggi ha sacado a la luz otros temas espinosos, como la intervención militar saudita en la guerra de Yemen, donde la coalición dirigida por Riad está acusada de haber bombardeado a civiles y agravado la crisis humanitaria en este país.

Estados Unidos reclamó esta semana el alto el fuego de aquí a un mes, incluyendo el cese de bombardeos de la coalición.