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Un importante legado cultural es lo que dejó a Nicaragua el maestro de generaciones, Enrique Peña- Hernández, fallecido el lunes pasado a los 96 años. Pero además de su gran aporte en el tema educativo, fue también un hombre hogareño, que dedicaba tiempo a su familia.

Enrique Peña-Hernández fue miembro de la Real Academia Española (RAE) desde 1961 y autor de una serie de libros, como “Panorama Masayense”, un ensayo folclórico escrito en 1957; “Refranero zoológico popular”, publicado en 1961, “Al pie del Coyotepe: relatos y crónicas” (1999) y “Sala de lo Civil: apuntes procesales de la segunda instancia”, además de obras literarias que formaron parte de la enseñanza en la educación regular nicaragüense durante varias décadas, con el castellano básico.

El reconocido doctor Peña-Hernández, el cual procreó 10 hijos con su esposa Emma Nidia Pérez (fallecida en 2017 a los 86 años de edad), fue miembro de la Comisión de Temas Gramaticales de la Asociación de la Lengua Española y se le atribuye la sistematización del estudio del folclor nica y la enseñanza del español.

En el año 1967 recibió por parte del Gobierno de España la Orden Isabel la Católica, en reconocimiento a su labor con los textos en español, obras sobre el folclor nicaragüense y las leídas columnas lexicográficas.

Francisco Arellano Oviedo, director de la Academia Nicaragüense de la Lengua (ANL), recuerda al insigne maestro Peña-Hernández como un hombre íntegro y dedicado, respecto a su labor profesional y familiar, además de ser un excelente amigo, demostrando carisma y mucha empatía con la gente.

Nació el 7 de junio de 1922 en la ciudad de Masaya, misma que vio crecer en educación y principios al doctor Enrique Peña, quien realizó estudios primarios y secundarios en el Colegio Salesiano.

El maestro Enrique Peña-Hernández fue sepultado en su natal Masaya. Orlando Valenzuela/END

Arellano Oviedo recuerda que Peña fue un hombre polifacético, jurista de profesión y maestro de vocación.

Como jurista escribió sobre el derecho y como maestro dejó los libros de “Castellano Básico” y “Ortografía”, para el aprendizaje del español.

Fungió como docente

Peña-Hernández fungió como docente de Derecho en la Universidad Centroamericana, Universidad Católica, en Guatemala, escribió sobre el derecho constitucional de ese país y como maestro en institutos de secundaria de Masaya. 

“Son pocos los escritores que hablan sobre su ciudad natal, pero Enrique siempre se sintió orgulloso de ella (Masaya), por eso escribió la obra ‘Al pie del Coyotepe: relatos y crónicas’ y ‘Panorama Masayense’”, refiere el letrado Francisco Arellano Oviedo, quien recuerda que fue Peña-Hernández quien lo motivó a integrase a la Academia Nicaragüense de la Lengua.

Uno de las mejores obras del hoy recordado Peña-Hernández, según Arellano, fue el “Refranero zoológico popular”, porque presenta el habla nicaragüense, muy rica en dichos y refranes, basados en diferentes animales que se domestican en el país.

Enrique Peña-Hernández fue conocedor de muchas raíces griegas y latinas. “Él era un hombre muy intelectual que no solamente repetía lo que leía, si no que investigaba lo que leía”, manifiesta el presidente de la ANL, quien, además dice que él no era un erudito en las cosas que enseñaba, si no que era un coautor de esos conocimientos que ponía en los libros para el aprendizaje.

Una foto del recuerdo de Enrique Peña Hernández, con todos sus hijos. Orlando Valenzuela/END

Peña-Hernández, a través de la investigación, creaba cultura. Y el sueño de él era que las nuevas generaciones superaran las expectativas de los maestros.

Ante la RAE, Enrique Peña-Hernández estuvo en la Comisión de Lingüística y Lexicografía y recibió una orden de parte de los reyes de España, quienes la enviaron a través de sus embajadores.

La gran riqueza de Peña-Hernández fue la capacidad de sentirse orgulloso de ser nicaragüense y sobre todo de Masaya. Los valores de la cultura reconocen su trabajo.

“Él amó a su pueblo, nunca creyó que los buenos nicaragüense eran los que tenían dinero”, detalló Arellano, quien laboró varios años con el insigne maestro.

Peña-Hernández trabajó en el primer “Diccionario de uso del español nicaragüense”, en el 2001, y por su larga trayectoria fue reconocido como decano de la Academia Nicaragüense de la Lengua, además, en Masaya fue declarado como hijo dilecto y ostentó el cargo de Magistrado de la Corte Suprema de Justicia por 9 años.

Vida familiar y devoción a la virgen

10 hijos procreó Enrique Peña-Hernández con Emma Pérez Noguera, con quien compartió los mejores momentos, dos de sus vástagos fallecieron y los demás se formaron profesionalmente.

Fue un hombre hogareño y gustaba dedicarles tiempo a sus 25 nietos y nueve bisnietos, quienes siempre recibieron enseñanzas por parte del lexicógrafo que viajó a México, Guatemala, España, Italia y otros países del mundo.

Parte de las obras académicas que dejó Enrique Peña-Hernández. Lester Arcia/END

Según familiares y amigos de Peña-Hernádez, él era el alma de las reuniones y siempre tenía algo que contar para hacerlos reír. 

Además, admiten que fue ejemplo de esposo y padre, nunca dejó a su esposa e hijos por banalidades.

Hernández fue devoto de la Inmaculada Concepción de María y de San Miguel Arcángel. Cada año celebraba la Purísima y en sus años de juventud salía a cantarle a la Virgen por las calles de Masaya, lugar donde se ganó el respeto y admiración de los pobladores que lo llegaron a conocer.

Con el pasar de los años se convirtió en Caballero del Santísimo en una de las iglesias de la ciudad de Masaya.

El maestro de generaciones fue sepultado en Masaya, su tierra natal, el pasado 20 de noviembre, a cuyas honras fúnebres asistieron amigos y admiradores de su obra.