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David Zafar nació hace 40 años en Israel y decidió cambiar radicalmente de vida porque en su país era muy difícil comenzar un negocio.

Vive en Nicaragua desde el 2014 junto a su familia, porque vio en el país más grande de Centroamérica el mejor destino para invertir. Con los dedos de sus manos cuenta que son 10 israelitas los que residen en Nicaragua, viven su fe y se han convertido en inversionistas.

El hombre que nació hace 40 años en Israel, la tierra que vio nacer a Jesucristo, vio en Nicaragua su tierra prometida, un lugar para hacer algo diferente. Con su esposa y sus dos hijos emprendió el viaje para establecerse en la ciudad de Granada, donde fundó el restaurante Pita-Pita, un espacio de comida mediterránea, cuya oferta más emblemática son las bolas de falafel, un platillo típico de Medio Oriente.

Zafar es chef de profesión y relata que en el sentido religioso su familia no es ortodoxa, “vivimos la vida como todos los demás. Hay tradiciones que conservamos; por ejemplo, celebramos todas las fiestas judías”.

Judíos de nicaragua, en un momento de oración. Cortesía/END

Describe, además, que el sábado o “Shabat”, es el día que descansan y realizan rezos agradeciéndole al Eterno por la vida y los seres humanos. Además, no deja de preparar junto a su esposa y sus dos hijos un pan llamado “jalá”, para mantener las tradiciones.

Diáspora

Después de que el templo de Jerusalén fue destruido, a inicios de la era cristiana, los judíos fueron deportados o migraron a todas partes del mundo, aunque siempre estuvieron conectados con la tierra, como llaman a Israel. Necesitaron casi dos milenios para volver a constituir una nación en el antiguo territorio, los judíos regresaron y llevaron con ellos comida con las influencias de los países de procedencia.

Los padres de Zafar llegaron de Irán e Irak, combinaron comida persa e iraquí. “En Israel, la comida es una fusión, en un plato se puede encontrar desde una ensalada árabe con schnitzel austriaco y pasta italiana”.

Para los israelitas, según David Zafar, no es simple estar lejos de la familia, pero tratan de enseñarle a los pequeños Itamar y Yuval Zafar las costumbres y tradiciones de su país.

“A pesar del desafío, es bueno hacer un esfuerzo para que los niños conozcan su herencia”, recalcó.

Los niños siempre realizan una fiesta en el colegio y de esa manera otros niños pueden reconocer que existen otras religiones en el mundo, sobre todo conocer la diferencia.

“Puedo decir que la experiencia escolar de los niños siempre se basa en la felicidad de que haya algo más que celebrar, podría decir que es más un pasaje religioso que una tradición”, relata.

La costumbre judía es respetable por los ancestros. El judío europeo, por ejemplo, se dejaba crecer las barbas porque tributa a los 13 principios de misericordia y si se corta, tendría que ser con una navaja.

Zafar es chef de profesión y relata que en el sentido religioso su familia no es ortodoxa. Archivo/END

Judíos en Nicaragua

Existen los judíos conversos, judíos de nacimiento y los que nacieron en Israel. Zafar comenta que en Nicaragua, incluyéndose él mismo, existen 10 israelitas distribuidos en los departamentos de Rivas, Granada, León y Managua.

Según representantes de las comunidades judías, Nicaragua significa pozos de agua, algo que necesita el ser humano para sobrevivir, y manifiestan que no es por una equivocación que esté con ese nombre.

Los judíos tiene presencia en Nicaragua desde el siglo XVIII, su nombre tiene un significado cabalístico, una rama del judaísmo, creando un término griego su numeración de letras tiene como resultado 10 y 40, entonces al sumar 40+40+10, da como resultado la edad en que Moisés fue a recibir las tablas de la ley. Al sumar, fueron también cuarenta los días cuando Moisés se encontró con los judíos bailando alrededor del becerro de oro, por eso Nicaragua tiene la fortuna que su nombre tenga como resultado las enseñanzas del Torá, el texto que constituye la base del judaísmo y que son los cinco primeros libros bíblicos.

En Nicaragua existen unos 180 judíos, según relata Kurt Preiss, de 72 años y presidente de la Congregación israelita de Nicaragua, fundada en 1965, pero no necesariamente son de nacionalidad israelí.

La casa de Preiss en Granada también es un museo donde hay artículos propios de la religión judía. Cortesía/END

Existen judíos conversos pertenecientes a otras nacionalidades, quienes desean adoptar el judaísmo como religión. Llevan procesos de acogida en la comunidad, también están los hijos de padres judíos como el alemán Kurt Preiss, empresario en Granada.

Al consultarle a Preiss, quien llegó a Nicaragua a los 20 años de edad, sobre la relación de ellos con los católicos, detalló que “Dios nos quiere a todos, los judíos y no judíos tienen una obra que hacer en este mundo y cada uno tiene que cumplir esa obra para que haya un balance”. Además, cada persona tiene una relación con su creador y al final en el cielo no hay religiones, dijo.

Para las comunidades judías en el mundo y especialmente en Nicaragua, “la mujer juega una función primordial en la religión judía, a tal grado que es la que le da la sucesión al judaísmo”, relata Preiss, quien recuerda la canción a la “Madre Judía” en castellano antiguo, que habla de los judíos provenientes de Rusia, Europa Oriental y Alemania.

Sin sinagoga

La mayoría de judíos en Nicaragua son jubilados estadounidenses que viven en la ciudad de Granada. Sin embargo, aunque hubo varias sinagogas en el pasado, actualmente no hay ninguna.

Existen dos Sefer Torah, una copia manuscrita del pentateuco en un pergamino, una de ellas en la casa de Preiss. Además, hay una “biblioteca judía”.

Para los israelitas no es simple estar lejos de la familia.

La sinagoga juega un rol muy importante en el judaísmo. En hebreo se llama “Beit Hakneset” o casa de reunión. Es el lugar para la comunidad en todos los momentos importantes y es el lugar donde oran. Preiss comenta que su hogar se convierte en varios momentos en sinagoga, o bien, las casas donde se disponen a realizar las celebraciones judías.

La casa de Preiss en Granada también es un museo donde hay artículos propios de la religión judía, entre ellos la Torá. Cada celebración que realiza la comunidad debe realizarse con el pergamino, para analizar los textos bíblicos.

En Nicaragua, la congregación judía es relativamente pequeña y está dispersa, por lo que una sinagoga no parece necesaria.

Conversos

En los últimos 100 años los judíos han visto pasar el holocausto, al que ellos llaman “shoa” o tragedia, también la destrucción de todas las comunidades judías en tierras árabes y la reconstrucción de una patria. Actualmente están entrando en una era de reconstrucción del pueblo, tratando de llevar los lineamientos que la religión les refiere.

Alexis Moncada Pino, de 44 años, es un nicaragüense que vive en Managua y desde el 2013 se convirtió al judaísmo.

“Mi interés por el judaísmo nació desde que supe que mi apellido por línea materna era judío, sin embargo, eso no me hacía judío; tenía que hacer conversión halájica (según la ley judía)”, relata Moncada, quien actualmente es miembro de la Congregación Israelita de Nicaragua, dirigida por Preiss.

La mayoría de judíos en Nicaragua son jubilados estadounidenses.

La familia del ahora judío también fue conversa a la religión; es decir, que los próximos hijos de Moncada serán judíos de nacimiento y no tendrán que ser conversos por los rabinos enviados cada vez que hay conversión.

Con cada conversión debe pedirse un tribunal rabínico que no está en Nicaragua y se debe solicitar.

La Congregación israelita de Nicaragua es la única reconocida por la Confederación Latinoamericana, que es parte de la Asociación Regional de Miembros de la Unión Mundial Maccabi.

Como miembro de la comunidad judía nicaragüense, Moncada ha viajado a Galilea para representar a la comunidad en un encuentro con la Iglesia católica con el fin de enfrentar la pérdida de valores en la familia a nivel mundial.

En Nicaragua existen unos 180 judíos. Cortesía/END

Cementerios

En Nicaragua existen dos cementerios judíos, porque en la tradición hebrea, no deben ser enterrados en campos no consagrados para ellos. Uno de los panteones está ubicado en Granada, el cual no está habilitado por la comunidad, al haberse hecho en un cementerio intereligioso y el segundo camposanto está ubicado dentro del cementerio central de Managua, en área particular, del cual únicamente quedan seis espacios y donde hay aproximadamente 65 tumbas algunas de principios del siglo XX.

Los judíos no ponen lapidas a las tumbas, la tierra debe caer sobre el ataúd que normalmente es hecha a base de pino, sin ningún tipo de tornillo o clavo.

Un monumento dedicado a la comunidad judía en Nicaragua, llamado la Menorah, que es el candelabro de siete brazos, fue construido gracias al apoyo de las comunidades evangélicas, explica Preiss.

Se permite el consumo de animales terrestres que tengan pezuñas hendidas y rumien como vacas, ovejas, corderos y cabras, mientras que los que no cumplan estas dos condiciones no son permitidos, lo que excluye de su dieta a cerdos, conejos, liebres o ardillas.