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La Libertad, Chontales

Producto de la contaminación con desechos sólidos, la fuerte explotación minera y el mal manejo de la ganadería extensiva, el río Mico, que nace en el municipio de La Libertad, tiende a desaparecer, ya que en menos de 30 años su caudal ha disminuido en un 70 por ciento.

La subcuenca del río Mico tiene una superficie aproximada de 1,845.98 kilómetros cuadrados. Comprende en el departamento de Chontales a los municipios La Libertad, San Pedro de Lóvago, Santo Tomás, Villa Sandino y en la Región Autónoma del Atlántico Sur, RAAS, a Muelle de los Bueyes.

El afluente limita al norte con el río Siquia, al sur con la subcuenca del río Rama, al este con el municipio de El Rama y al oeste con el municipio de Acoyapa.

Un río con mucha historia

El Mico no es un río cualquiera. Desde tiempos prehistóricos ha servido como asentamiento a las culturas prehispánicas que aprovecharon los vastos recursos de su biodiversidad acuática y terrestre. En tiempos antiguos, el caudal del río fue utilizado como vía de comunicación y luego la actividad ganadera se valió de él para el abastecimiento de agua. En años anteriores, sus cristalinas aguas fueron un atractivo turístico para bañistas y veraneantes de las ciudades del departamento Chontales.

Pobladores de La Libertad que utilizaron el caudaloso río para refrescarse en épocas de verano, o para lavar ropa cuando hacía falta el vital líquido por tubería, hoy se lamentan de ver que el río Mico ha pasado a ser casi una quebrada que es utilizada para depositar las aguas servidas de los lugareños de ese municipio.

Ante este lamentable hecho, dos docentes del recinto Universitario de la UNAN, CUR-Chontales, iniciaron una campaña de sensibilización con los pobladores del municipio, pero esperan tener apoyo de las autoridades gubernamentales.

El golpe de la deforestación

El docente Marcos Reyes, quien es oriundo de la Libertad, afirma que para salvar al río Mico hay dos aspectos a considerar, porque no sólo es la actual contaminación que tiene la fuente de agua, sino también la deforestación que se ha dado en toda la ribera del caudal y en las subcuencas y caños que alimentan este afluente de agua.

El temor plasmado es que se seque completamente y con eso desaparezca uno de los principales ríos de la región, que podría significar el afluente de agua que calme la sed de los municipios que ubicados en su ribera en el futuro, con la creación de pozos artesanales en sus orillas.

La minería y sus estragos

Similar a Reyes piensa el docente de esta misma casa de estudio Rubén Gonzáles, quien es arqueólogo titulado y también originario de la Libertad, al señalar que es preocupante la explotación a cielo abierto en la Mina del Mojón, donde se encuentra la subcuenca del río Mico, y a simple vista se observa la disminución considerable de su caudal.

Se le suma la erosión de los terrenos por los fuertes períodos lluviosos y existe la tendencia de incrementar los volúmenes de sedimentos y soterrar el río Mico.

La pequeña minería de igual manera tiene un alto grado de responsabilidad en este caso, ya que ellos presentan poca organización y además hacen uso del mercurio para sus actividades de separación del oro del material original, el cual es un metal muy peligroso para los diferentes ecosistemas existentes en la subcuenca.

La explotación minera es una de las actividades con alto impacto ambiental en el país, dado que se contaminan las fuentes de agua superficiales con metales como mercurio, plomo, zinc y sólidos sedimentales, además, que consecutivamente pueden ocasionar contaminación a las aguas subterráneas, igual afectan la calidad de vida de la población y los recursos naturales

Aguas servidas se suman
al problema
Otro aspecto a tomar en cuenta en la actual contaminación del río Mico son las aguas servidas de más de 15 mil habitantes de La Libertad, las que caen directamente en este manto sin ningún tratamiento, y todos los causes encaminan su caudal al arroyo.

De igual forma no se deja atrás que las zonas que colindan con la vertiente del río son agrícolas y ganaderas, y esas personas utilizan gran parte de sus tierras para la producción de granos, hortalizas, la crianza de ganado y la industrialización de productos lácteos, quienes en su mayoría no cuentan con tratamientos de sus aguas servidas en las instalaciones semi industriales.

Los municipios La Libertad, San Pedro de Lóvago, Santo Tomás y Villa Sandino. Todos comparten la subcuenca del río Mico. Tienen una extensión estimada de 85,684 hectáreas dedicadas a la producción de pastos naturales y mejorados, con una población aproximada de 58,623 cabezas de ganado bovino.

Según un informe del Centro de Investigación Humboldt, a cargo de Felipe Ortiz y Angélica Alfaro, en el río se encuentran algunos metales pesados, tales como el aluminio, manganeso, mercurio, arsénico, plomo, cromo, zinc, cadmio, cobre, níquel y selenio. Esto a futuro podrá provocar efectos ambientales, sobre la salud y posibilidades de que éstos produzcan cáncer.

“En los peces que son extraídos del río en la localidad de Muelle de los Bueyes, se ha encontrado la presencia de mercurio, el cual al ser consumido por la población lo adquiere, y debería de ser una preocupación del sistema de salud, porque la aparición de enfermedades respiratorias, renales y cancerosas podría ser producto de la contaminación de las aguas y los suelos”, señala la investigación ambiental del Centro Humboldt.

Hace cinco años existió una iniciativa de un grupo de Chontaleños que se unieron para salvar el río Mico, pero no prosperó, por eso los dos docentes pretenden reactivarlo y emprender acciones en conjunto para paliar un poco la contaminación directa que tiene esta fuente de agua.

Cambiar la mentalidad

El director de Servicios Municipales de la Alcaldía de La Libertad, Léster Meynar, dijo que se han realizado iniciativas para proteger la cuenca del río, desde la reforestación hasta una campaña del uso del servicio de recolección de basura y evitar que los residuos domésticos terminen en el río como antes pasaba.

Sin embargo, consideró que se requiere de un cambio de cultura, de cuido y protección, porque al momento de sembrar las plantas en la ribera del caudal, no hay un compromiso de los dueños de las propiedades de protegerlas, y se ha dado el caso que para sembrar pasto para ganado se botan hasta diez manzanas de árboles, porque ahí se va a criar a los semovientes.

“El principal problema es que la tierra está en mano de pocos, y esos pocos sólo piensan en el crecimiento de su ganado y de su economía, pero no han pensando en el oxígeno y el agua que le heredarán a las futuras generaciones”, indicó Meynar.

“Yo recuerdo que pozas como El Chiflón, Morazán y El Palo, tenían hasta tres cuerpos de agua y eran grandes correntadas, y hoy da lástima ver que sólo son una quebrada, y hay lugares donde el agua apenas llega a la rodilla”, señalo Jairo Teodoro Olivares, poblador liberteño.

Los años 80 y la fiebre del oro

Desde la época de los años 80, cuando se abrió las puertas masivas a la explotación minera a cielo abierto y se inició la fiebre del oro, comenzó la contaminación de las fuentes de agua, porque la población se volcó a lavar arena y se le dio vuelta a todas las cuencas que caen en el río Mico buscando oro.

En la época de la guerra, los militares que acampaban en la localidad utilizaban explosivos en las pozas y era mortandad de peces, de árboles caídos y esto agravó más el problema del río.

“Yo le doy gracias a Dios porque todavía corre el agua y se encuentran peces, porque después del abuso que se ha cometido con el río, todavía es agradecido y nos da alimento, aunque estudios han determinado que también existe la contaminación de heces fecales, y por lo tanto los peces no se deben consumir”, señaló Meynar.

“La nueva generación no está creciendo con la mentalidad de conservación, sino de destrucción, porque es lo que nos han visto hacer, pero estamos a tiempo de cultivar en ellos ideas ambientalistas, y al cabo de los años recogeremos los frutos”, destacó el director de Servicios Municipales, aunque reconoció que no es una tarea sólo de la municipalidad, sino también de todo los sectores.

Regulación jurídica ampara

Los gobiernos locales se lamentan porque los permisos para la actividad minera del país son amparados en la Ley General sobre la Explotación de las Riquezas Naturales y la Ley Especial sobre Exploración y Explotación de Minas.

Los avales se gestionan en Managua y sólo llegan al municipio con el permiso en mano para iniciar trabajos de extracción del oro.

Aunque la Ley Especial sobre Exploración y Explotación de Minas en su artículo 64 menciona que se prohíbe el vertimiento de residuos o desechos líquidos o sólidos resultantes de la producción minera hacia cuerpos de agua, esto no se respeta.

El concesionario tiene la obligación de tratar los residuos previamente, pero no se supervisa en la localidad si se cumple con ello, porque ni la delegación del Ministerio de Fomento Industria y Comercio, Mific, existe.

También la Ley General del Medio Ambiente y los Recursos Naturales en su artículo 105 prohíbe a los concesionarios de exploraciones y explotaciones mineras e hidrocarburos, el vertimiento en suelos, ríos, lagos, lagunas y cualquier otro curso o fuente de agua, de desechos tóxicos o no tóxicos sin su debido tratamiento, que perjudique a la salud humana y al ambiente.

Asimismo, en el artículo 113 de la misma norma se prohíbe el vertimiento directo de sustancias o desechos contaminantes en suelos, ríos, lagos, lagunas y cualquier curso de agua, pero tampoco se cumplen porque en la actualidad hay más de 400 pequeños mineros que trabajan con mercurio y vierten los residuos al agua sin tratamiento.

Sin embargo, en los últimos años se han recibido permisos mineros hasta de la zona protegida de Amerrisque y que abarcan los cementerios de algunos municipios, no respetando la autonomía de los gobiernos locales y el derecho al suelo que les establece la ley.

Explotación Industrial

En la actualidad la actividad minera industrial está paralizada debido a la instalación de nuevos equipos, y una vez que entren a funcionar conocerán si la contaminación será mayor a la actual, sin embargo, el aprovechamiento del oro con la tecnología de punta se vuelve más peligroso.

Los docentes liberteños en un escrito que hicieron llegar a END titulado ¿Cuánto vale el río Mico?, señalan que actualmente la empresa minera contrató a un grupo de compañías constructoras para hacer una “presa de cola”, que es una gigantesca fosa que servirá para el almacenamiento de los residuos de la actividad minera, los cuales contienen un alto grado de cianuro de calcio, que es un poderoso contaminante.

Esta fosa se está construyendo en terrenos que anteriormente habían sido reforestados por la misma empresa minera, en lugares donde nacen riachuelos que abastecen las nacientes del río Mico, afectando directamente tanto la flora como la fauna acuática.

“No estamos en contra de la explotación minera industrial ni artesanal, porque son fuentes de empleo del municipio. Sin embargo, como ciudadano estamos en la obligación de exigir que la explotación minera sea sostenible y apegada a las normas de conservación del medio ambiente”, exhortan los docentes.

EL NUEVO DIARIO quiso contactar a las autoridades de la mina para conocer su versión, pero no se obtuvo respuesta.