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Quien haya entrevistado alguna vez a Aldo Díaz Lacayo sabe bien que el hombre es muy exigente y se le entiende: es historiador y pasa sus días entre libros. “El rigor es un asunto serio, tanto para su oficio, como para el mío”, dijo antes de aceptar compartir sus reflexiones sobre el 30 aniversario de la revolución sandinista.

Este hombre a quien es difícil recordar sin el uso de tirantes, fue guerrillero y ejerció la diplomacia diez años durante la primera Administración sandinista. Hoy, Díaz Lacayo es un fuerte defensor de que el partido de gobierno impulsa una segunda revolución, aunque admite que el proyecto actual, padece de algunos males del pasado.

Coincide con otras voces en que la dirigencia sandinista tiene actualmente a su favor “un clima más favorable” que en los años 80, resalta como una diferencia importante la conducción personal respecto de la colegiada que se ejerció en el pasado, la que a su criterio no cuenta como error, y que sólo encuentra justificación en una especie de debilidad de la estructuración del partido al que pertenecen.

Don Aldo, ¿usted cree que el actual gobierno representa una continuidad de la Revolución de 1979?
“La respuesta es sí. Aunque, desde luego, en historia no existe la continuidad lineal. Menos con una interrupción tan prolongada en el tiempo y actuando en coyunturas cualitativamente diferentes. Por cierto, la actual mucho más favorable”.

¿Qué logros se obtuvieron antes? ¿Qué se busca ahora y qué han conseguido?
“Esta segunda etapa de la revolución, en efecto, persigue los mismos objetivos generales, en todos los ámbitos. Continúa siendo una revolución de liberación nacional, es decir, que busca la liberación geopolítica de la nación y la libración de la opresión sistémica del capitalismo para sus ciudadanos.

Es una revolución comprometida con los paradigmas humanistas de reencuentro del hombre consigo mismo y con la naturaleza; es decir, por el desarrollo humano pleno y por el rescate de la madre tierra, lo cual implica también el rescate de la historia y de la cultura propias, desde la población originaria, nacional y regional.

Antes asociada al llamado socialismo real, y ahora luchando por reestructurar el socialismo. Reivindicando los mismos principios generales, las categorías fundamentales, pero liberándose de la actitud acrítica, antidialéctica, en que terminó, por razones que desbordan esta entrevista. Una reestructuración que algunos llaman socialismo del siglo XXI, y otros simplemente socialismo.

Revolución unitaria

Una revolución que privilegia el poder del ciudadano, que desborda las estructuras partidarias, pero sin abandonar el Partido, más bien transformándolo como instrumento de orientación en la búsqueda de los objetivos revolucionarios, y como catalizador de la unidad del poder ciudadano, alrededor de la lucha por el logro de estos objetivos, es también una revolución unitaria. A nivel centroamericano, regional e internacional, morazanista, bolivariana, solidaria con el Mundo, tal como lo anunció Sandino y lo recoge la Constitución de la República. Se trata de una revolución, en fin, que lucha por un mundo mejor.

Lo nuevo es que ahora, como ya dije, la coyuntura es infinitamente más favorable, a pesar de la profunda crisis del capitalismo global. Porque en todas las latitudes de la tierra se está planteando la misma lucha, por los mismos nuevos paradigmas. Igual que sucedió a fines del siglo dieciocho. Ahora con la ventaja de la explosión de libertad que produjo la caída del llamado socialismo real, por la reflexión crítica, por el análisis dialéctico”.

Hay quienes admiten errores en el pasado... ¿Usted coincide en eso?
“Ninguna convulsión social está exenta de errores. A mayor dinámica, mayores errores. Sin embargo, el error más grave de la primera etapa, debido precisamente a la dinámica contrarrevolucionaria impuesta por los Estados Unidos, fue que no alcanzó el tiempo, o quizá debo decir que no se buscó el tiempo, para convertir el entusiasmo romántico del pueblo en fervor revolucionario. No se buscó el tiempo para convertir el compromiso emotivo del pueblo en compromiso ideológico. Sobre todo a nivel de cuadros con mayor escolaridad, provenientes del sector social medio y alto. El resultado fue la dispersión después de la derrota electoral”.

¿Errores…? los hay en todas partes
También hay quienes ven errores actualmente…
“No es un error sólo de Nicaragua. Se da a nivel regional y probablemente en todas las regiones geográficas del Mundo, empeñadas en el mismo tipo de revolución. Y, en una proporción importante, es también un error producto de la agresión abierta y radical del Norte contra el Sur --que, como es natural, se resiste a perder su hegemonía--, para obligar al Sur a desarrollar una política coyunturalista, una política que no logra alcanzar resultados estructurales con la misma velocidad con que avanza coyunturalmente.

La táctica de avanzar-avanzar-avanzar, lo más que se pueda, todos los días, es correcta sólo si se corresponde a la estrategia de consolidar institucionalmente lo avanzado, de ser posible también día a día. Y no es un error nacional, como ya dije --aun cuando sin duda se da a nivel variable en los distintos estados de la región--, es un error regional. El núcleo regional, ALBA (lo mismo Unasur, SICA y cualquier otro) aún no logra transformar plenamente las estructuras de integración comercial a estructuras de unidad política.

No ha logrado, entonces, dar el salto institucional de estado-nación a estado-región. No ha logrado estructurar su propio derecho nacional-regional americano. Continúa entrampado en el derecho internacional americano, hecho a la medida de los intereses de los Estados Unidos, y del Norte. Del capital transnacional.

No ha logrado ALBA --ni ninguna otra estructura regional-- institucionalizarse regionalmente, como lo enunció Bolívar y lo reivindicaron Martí y Sandino. Es importante tener presente siempre, el Plan para la Realización del Supremo Sueño de Bolívar, escrito por Sandino en marzo de 1929, hace ochenta años”.

Hablemos del liderazgo de estas revoluciones. ¿Ve usted la diferencia entre el liderazgo sandinista del primer gobierno y el actual?
“El más socorrido es el de la dirigencia colegiada versus la dirigencia personal. Pero no es una diferencia que implique error en la conducción. El problema, más que error, es que por la misma agresión cotidiana de los Estados Unidos, la estructuración del Partido no avanza a la misma velocidad de su activismo político cotidiano. Pero bueno, esto también es parte de la lucha contra el imperio. No me cabe la menor duda de que lo estamos logrando y de que terminaremos de lograrlo”.

Los que se aprovecharon de la derrota electoral

¿Usted cree que hubo personas que se enriquecieron a la sombra del proyecto revolucionario de los 80? ¿Cree que en la actualidad se repite ese mal?
“Otra vez, ningún proceso revolucionario está exento del enriquecimiento ilícito. Sobre todo en su etapa inicial. Pero sobre todo si de pronto sufre un revés cuasi estratégico, como lo fueron las elecciones de 1990, en medio de una coyuntura que hacía poco previsible el regreso en el corto plazo de la revolución, y mucho menos del socialismo en el mundo. Una coyuntura propicia para los conversos. Para quienes se vieron obligados a decir “yo no fui” para ganar la confianza del imperio. Una coyuntura que produjo el estampido de la mayoría de los cuadros y la desprotección de militantes y simpatizantes.

Y ahora, por todo lo que he dicho --por la obligada política coyunturalista deliberadamente inducida por el norte, porque la coyuntura camina más a prisa que la consolidación institucional, sobre todo a nivel partidario, internamente; porque el estado-región aún no asoma; porque entre más débil es el Estado-nación miembro del embrión de Estado región, menos confianza se tiene en la consolidación de la revolución regional--, sin duda este problema debe estarse dando”.

El FSLN y la “desbandada”

¿Usted cree que la base social del FSLN ha aumentado o disminuido en comparación a la que tenía en la primera etapa de la revolución?
“Probablemente, quizá debo decir: sin duda, es mayor. Pero es mucho menos orgánica y por lo tanto menos visible. Además, la actual no es una coyuntura de guerra, donde el pueblo organizado actúa masivamente en defensa de la nación, en primera fila. Pero en la medida que la agresión imperialista vaya subiendo de nivel --como ya lo estamos viendo en Honduras--, o quizás en mayor medida, la organización popular, el poder ciudadano, se va a estructurar más rápidamente y mucho mejor. Así es la dialéctica”.

Por último, ¿cuál es la diferencia entre este Frente Sandinista y el de 1979?
“La primera y más importante, es que arrancó a partir de la desbandada de cuadros y la desprotección de militantes y simpatizantes. Luego, pero también de primerísimo orden, que trabaja, como ya dije, en medio de coyunturas cualitativamente diferentes. Antes en guerra abierta, y ahora en una situación de no-guerra-no-paz.

Antes más estructurado, con parámetros ideológicos más cerrados. Ahora menos estructurado, más abierto. Antes un partido de cuadros, básicamente, ahora un partido de ciudadanos.

Antes aislado frente al imperialismo norteamericano, a pesar de la invaluable solidaridad del Cuba, y de la mayoría de los pueblos del mundo; ahora, en buena proporción gracias a la resistencia de Cuba, formando parte de un movimiento regional que abarca a todos los pueblos de América Latina y el Caribe, y a la mayoría de los gobiernos, acompañado por movimientos regionales semejantes de los otros continentes.

Antes, en fin, en una coyuntura de desesperanza, frente a un capitalismo que parecía triunfante hasta sobre la historia --como se atrevieron a decir y que muchos creyeron, demasiados por cierto--, ahora en medio de una esperanza deslumbrante. Frente a un capitalismo que no alcanza a resolver sus propios errores: empantanado en al geopolítica mundial, empantanado en la destrucción medioambiental, empantanado en la crisis alimentaria, empantanado en la crisis energética, empantanado en la economía, empantanado en fin en la crisis de su propia civilización.

Es, pues, el mismo Partido trabajando en condiciones diferentes. Más favorables, pero por lo mismo más radicales, de respuesta capitalista más violenta y brutal, probablemente hasta la hecatombe nuclear. En un cambio de época, como bien dice el presidente ecuatoriano Rafael Correa. Pero, igualmente, donde las viejas fuerzas están más tensionadas que nunca y con el mismo o mayor poder destructivo. Una coyuntura de cambio de paradigmas. De inicio de un nuevo estadio histórico. A un plazo aún no previsible pero presentidamente cercano”.