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Desde que tenía 11 años participa en la traída y dejada de Santo Domingo de Guzmán, convirtiéndose desde el 1º de Agosto de 1946 en uno de los ocho cargadores que en esa época traían a Managua la pequeña imagen del Santo que paraliza las actividades de los managuas.

Nos referimos a José Santos Rivera Rivas, de 74 años, uno de los 150 cargadores tradicionales de Managua de la pequeña imagen, a la que hace 63 años acompañaban unas 500 personas, las que a lo largo de los años se multiplicaron en miles de peregrinos, devotos y promesantes, y los que llegan a consumir licor.

José Santos, quien ayer cumplió un nuevo año en cargar en sus hombros la imagen de Santo Domingo desde la iglesia de Las Sierritas, nació el 2 de noviembre de 1935. Al cargador de mayor edad le tocó un padre biológico desobligado, a pesar de que fue un médico de la vieja Managua y de que nunca lo conoció. Por la pobreza en que vivía con su progenitora, ésta apenas tuvo para ponerlo en la escuela por dos semanas, donde sólo logró aprender el abecedario.

Despertó su inquietud por las festividades de Santo Domingo desde muy chavalo, cuando aún no tenía la estatura para alcanzar la peaña, “pero sí me metía debajo de la misma y con mis manitos venía tocándola”.

En ese tiempo, en el camino de la traída del Santo habían unas grandes zanjas, y recuerda que una vez él, junto a los cargadores y la imagen, se fueron en una de ellas, “a pesar de que yo les venía diciendo que nos íbamos a caer, y fue así como le caí en gracia a Luis Almendárez, quien ahora es la reliquia del Comité Tradicionalista de Cargadores de Managua, que tiene sus oficinas de los semáforos del Gancho de Caminos una cuadra al sur.

Almendárez era custodia de Santo Domingo por parte de la iglesia, “pero él nos tenía anotadas en un cuaderno a las personas que nos daban la responsabilidad de chinear al Santo, a pesar de que la iglesia de Las Sierritas tenía su comité que venía pidiendo la limosna como comité parroquial.

“Cuando veníamos en la procesión, los muchachos encargados por parte de la iglesia entregaban el santo al mayordomo en la esquina del Gancho de Caminos; los que veníamos cargando la imagen en ese tiempo éramos ocho personas, porque en la década de los 40, la multitud que venía acompañando a Santo Domingo de Guzmán eran unas 500 personas”.

La imagen se traía sin música de viento

Recuerda que no había música de viento, sino que “con unas latas veníamos haciendo bulla y así le bailábamos al santo. Tampoco había nacido la práctica de mancharle con grasa el rostro a la gente, aunque había negritos que iban delante de la procesión.

José Santos recuerda que todo el camino en que se traía al Santo era de tierra, y al referirse a la avenida que comienza del Gancho de Caminos hacia el sur, rememora que era un cauce donde había unas rampas.

“Antes eran unas 500 personas que venían en la procesión, ahora son como 500 mil” recuerda el cargador, quien asegura que siempre se ha ingerido licor en las fiestas, “y nosotros bebíamos guaro en la iglesia antes de que saliera el santo, ya que yo llegaba los 31 de julio a Las Sierritas, pagaba mi promesa de rodillas y después me iba a ‘chequear’”.

Cuando llegaba al templo en Las Sierritas, Luis Almendárez “me hacía una señal con uno de los dedos de su mano, llamándome, pero yo le decía que no, porque estaba gaseado, y hasta el sacerdote me decía: ‘Te echás un trago y te acostás en esa banca, para que después en la mañana te vayas a bañar, comés, te echás un bojazo para quitarte la goma, y a las 7 de la mañana salimos en la procesión”.

Nombres del Comité de Cargadores
En Las Sierritas hay otro comité de cargadores que han tenido cuatro nombres. Primero se denominaron Comité de Toros, después Comité de la Parroquia, posteriormente Caballeros de Santo Domingo, y hoy se identifican como Comité Parroquial.

El Comité de Cargadores de Santo Domingo tuvo una disputa con el Comité Parroquial de Las Sierritas, y Lisímaco Chávez “es el que nos engancha a que nos pongamos el tradicionalista. Nuestra organización se debiera llamar Comité de Cargadores Tradicionalistas, pero como las cosas cambian, ahora le pusieron el tradicionalismo adelante”.

Aclaró José Santos que Lisímaco nunca fue cargador de Santo Domingo. Recuerda que a Lisímaco varias empresas lo respaldaban, incluyendo las chibolerías.

Comenzó a trabajar a los 14 años
José Santos comenzó a trabajar a los 14 años en la “Agencia Reyes”, que llevaba encomiendas al interior del país. La empresa fue propiedad de José Luis Pérez, y ahí trabajó ocho años hasta que se fue, cuando José Luis Medal le dio un trabajo donde ganaba más que en la empresa de envíos.

Cuenta que en el camión donde trabajaba iban vendiendo de todo --además de llevar las encomiendas--, y al regreso traían cerdos, que los llevaban a un chiquero que estaba de El Arbolito dos cuadras al lago. En ese trabajo ganaba diez córdobas el día, pero “jamás le falté a mi Santo Domingo”.

“El 30 de julio le decía a mi jefe: ‘Bueno, necesito un permiso de 15 días, porque hasta el 15 de agosto vuelvo a trabajar’”. Hubo patrones que le daban el permiso, pero otros no. “Cuando me pasé a trabajar con Luis Medal, en una ocasión le dije: ‘Mirá, necesito que me prestés 100 córdobas’, que en esa época era un platal”. Hombreé, es que voy a ir a beber guaro con Santo Domingo, y hasta el 15 de agosto vengo a trabajar.

El patrón le respondió: “Sólo porque me dijiste la verdad, tomalos”, y le dio los 100 córdobas para emprender la bebedera de guaro y pagar su promesa, la cual consiste todos los años en subir de rodillas desde la Ermita hasta el altar mayor en la iglesia de Las Sierritas.

¿Por qué su promesa?

La promesa de José Santos es porque chavalo se agarró a los golpes con un jovencito de su misma edad, “pero como lo golpeé, él tomó una vaina de carao y me golpeó la chimpinilla, y se formó una pelota como el tamaño de mi cabeza. El propio 30 de julio estoy pensando que iba a traer al Santo, pero la promesa más bandida para mí fue comprar donde Francisco Villanueva, que estaba en el Gancho de Caminos, un litro de guaro”.

“Llevé una botella de vidrio porque no había plásticas, eché el guaro, y lo que sobró ahí mismo en la pulpería me lo zampé, y cuando iba por donde fue la Tercera Sección de Policía (por donde ahora están los Repuestos Bóer), ahí me eché el otro pencazo, al llegar al puente del barrio La Luz me eché el tercero, y para no cansarte el cuento, cuando llegué a la Ermita ya no llevaba guaro, sino que tres cohetes y una bolsita de candelas Llanes”.

“Le rezaba (al Santo), le prendía las candelitas, le tiraba los tres cohetes y me arrodillaba sin usar trapos, y así pagaba mi promesa, y esto hasta la vez lo cumplo”. La promesa es porque se le desinflamó la chimpinilla.

Muchos cambios en la procesión
Dice que a lo largo de los años ha habido muchos cambios en la traída y dejada del Santo. Primero la multitud, segundo que la famosa tradición de la roza del camino ya no existe, porque el camino es pavimentado, ¿y qué vamos ir a rozar si no hay monte?, se preguntó el tradicionalista.

La venta del guaro en el trayecto (de la traída y dejada del Santo) nace después del terremoto de 1972. También con la tradición del barco ha habido muchos cambios. “No estoy de acuerdo con esos cambios, porque el barco se velaba en la esquina del Gancho de Caminos y no era como en la actualidad, sino que de dos carretas de madera haladas por una yunta de bueyes, hacían la forma del barco con palmas de coco.

Una vez que colocaban el Santo en el barco, giraba hacia la izquierda por el Cine México, y pasaba por el Copa Blanca, que quedaba de la esquina del Infierno, tres cuadras al sur. El Santo bajaba una cuadra más e iba directo a salir a la iglesia de Santo Domingo.

“Ahora al Santo lo traemos, lo montamos en el barco y agarramos hasta llegar al Novillo, giramos una cuadra al lago, y así pasamos por donde fue el Hotel Nicaragua hasta llegar a la iglesia de Santo Domingo, en Managua”, dice don José Santos.

¿Quién es el patrono de Managua?
También le preguntamos al cargador quién es el verdadero patrono de los managuas, si Santiago o Santo Domingo de Guzmán. Su respuesta fue que Santiago, y agregó que el cambio es “porque la mayoría del pueblo somos absolutos, y hemos dicho eso con el grito ¡¡¡Viva Santo Domingo, el patrono de Managua!!!

Dice que no le molesta que la alcaldesa Daysi Torres haya sido designada como mayordoma de las fiestas de Santo Domingo, y recordó que históricamente, cuando comenzó esa responsabilidad, siempre se buscaba a gente que tuviera reales. El primer mayordomo fue Luis Hasbani, el dueño de la fábrica de baterías que llevaba ese apellido. Él vivía del Infierno una cuadra arriba y una cuadra al lago.

Los tragos amargos

También recordó los tragos amargos que vivieron los cargadores, porque en una ocasión Lisímaco Chávez “nos obligó de que vistieran al Santo de rojo y negro, pero nosotros como cargadores somos apolíticos. Aquí no se habla nada relacionado con política, aquí conversamos los problemas que tenemos con la tradición”.

También recordó otro “trago amargo” del 1 de agosto de 1979, cuando el entonces nuevo gobierno sandinista, el 31 de julio de ese año mandó a cortarle a la iglesia de Las Sierritas el agua potable y la energía eléctrica, pero eso no fue problema para que la tradición se llevara a cabo.

Y como la dirigencia rojinegra no quería la procesión, intervino Lisímaco Chávez, que habló con un funcionario de apellido Guzmán, a quien le preguntó: ¿Y qué pasaría si el pueblo se trae el Santo?, pero ese funcionario sandinista dejó una rendija abierta al decir: “Esa es cosa del pueblo”. Esa reunión tuvo lugar en las gradas de la vieja Catedral y el Santo fue traído a Managua conforme su tradición.