Edgard Barberena
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A los 37 años, el destino lo convirtió en el periodista más envidiado a nivel internacional, ya que le tocó vivir una experiencia inolvidable: cubrir desde el “corazón” del Congreso somocista la toma que protagonizó un comando del FSLN el 22 de agosto de 1978.

Ese periodista que ahora anda por los 68 años es Filadelfo Martínez, corresponsal jefe en Managua de la Agencia Española de Noticias ACAN-EFE, quien narró para EL NUEVO DIARIO esa experiencia vivida como humano, como periodista y como corresponsal extranjero, sobre un acontecimiento que estremeció al mundo.

Ese día, como cualquier otro, Filadelfo monitoreó noticieros, desayunó y salió hacia las oficinas de la agencia, para después dirigirse al Congreso somocista, donde se iba a discutir la aprobación de un préstamo internacional del que el corresponsal recuerda que era con intereses leoninos.

“Nunca pensamos que el debate sobre el préstamo leonino iba a dar para mucha información, y así nos quedamos unos 30 periodistas cuando se produjo el asalto al Palacio Nacional, a eso de las 12 y 30 del medio día”, recuerda el corresponsal.

Algo no coincidía

En sus oídos está fresca la estridencia del fusil G-3 que disparó Edén Pastora --entonces Comandante Cero--, y “todo mundo creía que era la Guardia, pero había algo un poco extraño, porque no sé qué vimos a los uniformes del comando, que eran un poco raros, eran verde olivo, pero había algo que no coincidía con el uniforme de la GN”.

Dice el corresponsal que los guerrilleros al ingresar a la Cámara llevaban descubiertos sus rostros, “pero cuando controlaron todo dentro del Palacio se colocaron los pañuelos, y fue hasta entonces que se conoció que era el FSLN. Diputados, asistentes y periodistas nos lanzamos al piso y debajo de los escritorios”.

“Los periodistas especulábamos de que era la Guardia la que había entrado, algo así como un golpe de Estado, sin embargo, había dudas sobre cómo podía ser eso. Así se pasaron los primeros minutos, entre disparos y gritos. El que más gritaba era Edén Pastora”, relata.

Una vez que el comando tomó el control de la Cámara, Walter Ferreti --conocido como “Chombo” (ya fallecido)-- comenzó a preguntar: ¿Dónde están los periodistas? y se identificaron. En el grupo había dos fotógrafos: Cruz Flores y Tito Palma.

“Chombo nos recomendó tirarnos al piso y boca abajo, y que no levantáramos la cabeza”, dice Filadelfo, quien a 31 años de ese acontecimiento, está claro de que la orden de Ferreti “fue como una especie de protección para nosotros”.

Un periodista herido

Sin embargo, cerca de donde estaban los periodistas, un guardaespaldas de un diputado somocista cayó mortalmente herido, y también resultó lesionado en uno de los dedos de su mano derecha el periodista Rafael Báez (q.e.p.d.).

“Rafael me contó después que él tenía puestas las manos en una especie de tribuna, adonde llegaba la gente a ver los debates de los diputados, cuando una ráfaga le hirió los dedos, y es difícil precisar de dónde llegaron los disparos”, indica el veterano periodista.

Filadelfo también presenció que una buena cantidad de diputados somocistas andaban armados, y lo que hicieron fue lanzar hacia el lado de los periodistas sus cartapacios donde andaban revólveres y escuadras automáticas, “andaban armas”.

Cuando el comando controló la cámara, Dora María Téllez llevó a cabo un operativo que calificó como “despistolización”. Recogió un verdadero arsenal.

El guerrillero herido

También recuerda que uno de los guerrilleros resultó herido en uno de sus glúteos, y lo fueron a poner a donde estaban recluidos los 30 periodistas. Recuerda el corresponsal que en la noche (del día del asalto) el guerrillero herido fue atendido por uno de los diputados que era médico. Rememora dentro de los diputados a René Sandino Argüello y a uno de apellido Herdocia, de León, que eran médicos.

Pastora amenazaba que si el guerrillero herido se moría, varios diputados iban a ser fusilados, pero la herida del guerrillero no era de muerte. Esa noche un guerrillero se durmió con el fusil en el estómago, “pero ya dormido el rifle se le comienza a deslizar, y estaba junto a mí Manuel Eugarrios (ya fallecido), y me dice: ‘Mirá, se le está cayendo el rifle, ¿qué hacemos?”

“Si se lo agarramos y se despierta va a creer que lo vamos a matar, mejor despertémoslo y que él agarre el rifle”, le dijo Eugarrios --quien cubría el Congreso por el diario La Prensa. Al final, le hablaron al guerrillero para que no se le cayera el arma.

El teléfono rojo
Filadelfo tuvo una oportunidad histórica: que el comando le autorizara usar el teléfono directo que tenía el entonces presidente de la Cámara, Luis Pallais Debayle con Anastasio Somoza Debayle.

“Es en ese momento que me doy cuenta de que tengo un filón de información por lo que estaba pasando, pero me pregunté primero si los guerrilleros iban a permitir que se informara, y por eso hablé con Hugo Torres después de identificarme como corresponsal de ACAN-EFE y decirle que necesitaba informar sobre el hecho”.

Torres se fue a hablar con Dora María Téllez, quien tenía a su cargo la parte política, y después llegó con “Chombo” para “decirme que estaba autorizado y que me iban a prestar el teléfono rojo”.

Romerito despistado

La primera llamada que hizo Filadelfo fue a su oficina en la agencia, y estaba Eduardo Romero Gómez que era su compañero de trabajo, y “me dice casi gritando: ‘Fijate que asaltaron el Palacio Nacional, y ve, yo estaba a una cuadra del Palacio y por poco quedo atrapado’”.

La repuesta de Filadelfo fue: “Yo estoy adentro”, pero Romerito le dijo: “Dejá de estar bromeando, venite para acá para que hagamos la información”. Filadelfo le insistió varias veces a Romerito que él estaba dentro del Palacio y no podía salir. Le ordenó que llamara a las oficinas que la agencia tenía en Panamá, su sede regional, y que les diera el número del teléfono rojo para que lo llamaran.

El primer despacho

Es así como producto de la información que Filadelfo había recogido dentro del Palacio al momento de la toma, que la pasa por teléfono a editores de ACAN-EFE, y sale al mundo el primer despacho internacional sobre la acción del FSLN.

En algunas ocasiones, editores de la agencia desde Panamá, a través del teléfono rojo, entrevistaron a Dora María Téllez y a otros, pero eran declaraciones muy cortas. Era el único teléfono que estaba funcionando, porque Somoza mandó a cortar otros teléfonos del Palacio Nacional.

Recuerda que algunas veces cuando él estaba pasando información a Panamá, los guerrilleros tenían reuniones: “Yo decía, escuchen lo que están diciendo aquí”.

Después de las 48 horas “que estuvimos ahí, y antes de que se fuera el comando, ellos hicieron un mitin con toda la gente que había, donde hubo varios discursos, y todo eso con el teléfono rojo lo transmití hacia la regional de ACAN-EFE”.

¿Cuándo llamó a su casa?

Y como el periodismo es como un apostolado, Filadelfo llamó a su casa hasta después de haber pasado la información a la regional de ACAN-EFE en Panamá. Su esposa no sabía que él estaba dentro del Palacio Nacional, y “cuando se lo dije, ella se puso muy nerviosa y le dije: ‘Tené calma’, porque lo peor ya había pasado”.

Pero esas sólo fueron frases para consolar a su esposa, “porque un asalto de esa naturaleza no se sabía en qué iba a terminar, ya que se rumoraba que Somoza tenía a un tipo haciendo cuentas sobre cuántos muertos se podían producir si asaltaban el Palacio”.

Somoza tuvo diversas opciones para lanzar un ataque al Palacio, y “esto lo confirmaron los mismos guerrillero cuando subían al techo a ver los movimientos de la Guardia”.

El cubano y Francisco Argeñal Papi

Filadelfo también fue testigo de cómo los guerrilleros pusieron en posición de fusilamiento al cubano Luis Manuel Martínez --que escribía en Novedades-- y a Francisco Argeñal Papi. El cubano llegaba con frecuencia a las sesiones del Congreso porque escribía en el periódico de Somoza y hacía crónica parlamentaria, además de que era muy amigo de todos los diputados. A ambos los amarraron de pies y manos y los pusieron al fondo del hemiciclo del Congreso.

Comando creía que ahí estaba el “Chigüín”

Dice Filadelfo que el comando siempre creyó que en el Congreso estaba el “Chigüín” (Anastasio Somoza Portocarrero), y por eso hicieron varios operativos de revisión por todo el Palacio buscándolo, pero el único que estaba era el hijo de José Somoza “Papa-Chepe”, José Somoza Ábrego, quien era diputado.

Recuerda que el hijo de “Papa-Chepe” se puso una toalla y nunca lo vieron, y los que sabían (los diputados) que estaba ahí tampoco lo denunciaron. Hasta el final se dieron cuenta, pero ya se habían establecido las negociaciones.

Filadelfo también recuerda los nombres de algunos de los otros periodistas que vivieron con él las 48 horas que duró la toma del Palacio, al fotógrafo Cruz Flores, quien hizo las fotos de la toma, las cuales perdió cuando se partió La Prensa y nació EL NUEVO DIARIO. “Ahí teníamos fotos (nosotros los periodistas) con los guerrilleros”. Cruz hizo una foto donde aparecen Filadelfo, Manuel Eugarrios con Edén Pastora, Hugo Torres y Dora María Téllez.

Conferencias de prensa de Pastora

Dice que Pastora acostumbraba --durante la toma del Palacio--, a brindar conferencias de prensa, pero el único que podía informar al exterior era Filadelfo, porque Somoza había decretado el estado de emergencia para amordazar a los medios locales, y evitar así que informaran sobre el asalto al Palacio.

Después del asalto hubo otro momento de gran tensión: sobrevino un gran temblor. “Si ese temblor hubiera sido más fuerte, ahí no habrían controlado a nadie, y todo el mundo se hubiera ido, porque habría causado una estampida”, termina diciendo Filadelfo, quien es el decano de los corresponsales extranjeros, porque lleva 36 años de ser jefe de la ACAN-EFE.