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Jinotega
Haber nacido y crecido en la zona rural de Jinotega, además de haber quedado huérfana de padre a los 7 años, la obligó a migrar a los 12 años a la ciudad para trabajar como doméstica y ayudar a sustentar sus estudios en el Instituto Normal de esa ciudad, donde comenzaría a estudiar magisterio.

A esa edad ya aspiraba con ser enfermera pero los costos que esto significaba la hicieron optar por el magisterio, otra profesión social a la que también ansiaba. Lo logró a los 18 años, pero un año después se casó y procreó cuatro hijos.

Francisca del Carmen Espinoza Ortiz, mejor conocida como “Panchita”, nació en Jinotega, hace 59 años, hija de José Dolores Espinoza González, de oficio zapatero y Dorotea Ortiz Zelaya que trabajó en oficios domésticos.

Su cercanía con el campo la motivó a solidarizarse con los problemas de las mujeres y eso le ha valido para que hoy se convierta en acreedora del Premio Internacional por la Salud y Dignidad de la Mujer, la única centroamericana galardona con este reconocimiento que recibirá el 8 de octubre próximo en la ciudad de Nueva York, y que le ha otorgado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), por su trabajo en la prevención de las muertes de mujeres y niñas que se convierten en madres.

Para llegar hasta ahí Espinoza tuvo que haber pasado por diferentes momentos los cuales le sirvieron para tomar conciencia y crecer como la mujer que hoy es, según revela en esta entrevista concedida a END.

Sus primeras luchas

Una vez como maestra de primaria, junto a su marido allá por los años 77 y 78, aun lo guarda en su memoria, un 11 de julio de 1978 recuerda cuando la Guardia Nacional la sacó de su casa para golpearla, cuando solo tenía 15 días de haber sido operada. La acusaban de esconder a estudiantes que habían participado en una marcha estudiantil.

Espinoza para ese entonces, ya estaba integrada en el Comité de Defensa Civil, (CDC), pues descender de una familia pobre la hizo integrarse a la lucha pre-insurreccional porque eso creía una esperanza de evolucionar como mujer y madre.

Explicó que su lucha por la reinserción de la mujer la inició desde su centro de estudios con varios maestros y se comenzaron a organizar de forma clandestina la Asociación Nacional de Educadores de Nicaragua (Anden).

En 1979 cuando la Revolución Popular Sandinista triunfó, fue electa Secretaria General de Anden en el departamento de Jinotega hasta que se regionalizó y ocupó cargos a nivel regional. Para esa misma época ocupó cargos en el Ministerio de Educación, por lo que asegura que la revolución fue para ella una oportunidad de crecer como persona y como mujer porque fue para ese entonces que se dio cuenta que tenía muchas capacidades y que de no haber sido así, estima que seguramente estuviera jubilada. Hoy a sus 59 años siente poder seguir aportando al desarrollo del país.

El contacto con las mujeres

Al llegar el cambio de gobierno en 1990, Espinoza recuerda que quedó desempleada porque desempeñaba cargo de confianza , pues para ese entonces era responsable del programa de alfabetización de adultos a nivel regional. Fue en ese entonces cuando la comandante Doris Tijerino, le solicitó se pusiera al frente de de Amnlae, institución que atravesaba una profunda crisis debido a que todas las mujeres trabajaban de forma voluntaria y renunciaron porque debían buscar el sustento para sus familias. “Es así como me a hago cargo de la casa de Jinotega y me entregan las llaves,” asegura.

Asume el cargo y comienza a capacitar a las mujeres en la zona rural de Jinotega y Matagalpa y es cuando mantiene contacto con las mujeres. La maestra Francisca Espinoza se involucró en el trabajo con las mujeres a partir de conocer la historia de una mujer de la zona de Siuna-Río Blanco, departamento de Matagalpa. El caso le impactó tanto que aun lo recuerda con lujo de detalles.

“La mujer me contó el trauma que le tocó vivir al dar a luz a su hijo: Lo parió al lado de perros y cerdos porque fue abandonada por su pareja y en su familia era la única mujer y por vergüenza de su padre y hermanos, prefirió parir sola y recordó que luchaba contra los animales para que no le comieran la placenta y el cordón umbilical”. Así que este drama la llevó a trabajar y organizar a las parteras en la zona rural para atender mejor a las mujeres a dar a luz.

Un nuevo proyecto en Jinotega

Motivada por el dolor de las mujeres del campo, y porque para ese entonces Jinotega ocupaba el primer en tasa de mortalidad materna a nivel nacional, la maestra “Panchita” comienza a madurar la idea de crear la primera casa materna en Jinotega, cuyas casas solo existían una en Ocotal y Nueva Guinea.

En 1994 con el apoyo del director del Silais que para ese entonces era el doctor Iván Jarquín y con el apoyo de un médico español de apellido Ugarte más una pediatra de apellido Molina, comienzan a organizar la casa. A partir de ese momento se convierten en la primera casa atendida por un médico especialista pagado por el Minsa hasta llegar a atender ocho en la actualidad, en todo el departamento.

Sesenta casas maternas en todo el país

Antes, en 1997 ya funcionaban 11 casas maternas en todo el país por lo que desde ese entonces decidieron organizarse en una red con el objetivo de apoyarse mutuamente para fortalecer sus servicios a las embarazadas.

Actualmente es la presidenta de la Red de las casas maternas, de las cuales ya son 60 en todo el país.

La maestra Espinoza explica que desde estas casas promueven el cumplimiento de los derechos de las mujeres y la niñez y trabajan en la prevención, detección y denuncia de la violencia intrafamiliar y sexual.

Una de las grandes fortalezas de esta red es el haber llegado hasta las zonas más recónditas, pues en la actualidad ya están organizando las casas en San Andrés de Bocay y Ayapal, departamento de Jinotega y calculan haber atendido a más de 7,000 mujeres desde su creación.

Recuerda que el trabajo que más le ha impacto es que llegan niñas embarazadas entre 11 y 13 años, la mayoría producto de una violación. Con lágrimas en los ojos, “Panchita” relató dolerle en lo más profundo de su corazón que estas chiquitas llegan sin saber qué repercusión va tener ese embarazo en su vida.

Cazadora de metas

Optimista, risueña, sociable y muy franca. Así es Panchita, una mujer a pesar de su contextura física y su baja estatura, luce muy activa, su trabajo lo hace con tenacidad. Así la encontramos, sentada frente a una computadora muy afanosa en sus quehaceres de la casa materna pero muy dispuesta a conversar.

La maestra Francisca Espinoza se graduó como maestra en 1968 cuando apenas tenía 18 años, luego fue para egresar con una licenciatura en Ciencias Sociales y recién terminó un posgrado en formulación de proyectos y una maestría en Investigación Social Cualitativa y muchos otros cursos que le han permitido obtener conocimientos para ponerlos al servicio de las mujeres, niños y niñas.

En “Panchita” se destaca la mujer dispuesta y esforzada, a pesar de su edad, para ella no es un impedimento, pues suele ser de las que cuando se propone algo lo logra. Su lucha no termina ahí pues también está trabajando por la defensa de los derechos de esas mujeres en especial por aquellas que han sido víctimas de algún abuso.

Según la maestra “Panchita”, las casas maternas promueven la lactancia materna, la planificación familiar, el auto cuido entre las mujeres, la prevención de las Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) y el VIH, así como el uso de la prueba del VIH.

También promueven el cumplimiento de los derechos de las mujeres y la niñez. Además trabajan para la prevención, detección y denuncia de la violencia intrafamiliar y sexual.

Recientemente el Consejo de Desarrollo Departamental de Jinotega, le hizo público un reconocimiento por tal distinción que recibirá en octubre próximo.

El premio

En mayo de este año las Naciones Unidas le notificaron que había ganado la distinción anual por dedicarse a ayudar a las mujeres campesinas de Jinotega en el cuido y atención prenatal, contribuyendo a la reducción de la mortalidad materna.

Este tipo de concursos se promueve desde hace cuatro años a nivel mundial y fue seleccionada para concursar como un reconocimiento al trabajo que hace en los últimos 15 años de forma voluntaria ya que no devenga salario y para su manutención debe brindar asistencia técnica a otros organismos, reveló.

El susto de su vida se lo llevó a inicios de mayo de este año, cuando le comunicaron que había sido una de las dos ganadoras del premio internacional. “Cuando uno hace algo cotidianamente, cree que no es tan importante pero son otras las personas que se encargan de reconocerlo” dijo.

El galardón lo recibirá el 8 de octubre en la ciudad de Nueva York, cuyo premio consiste en un reconocimiento escrito y la entrega de cinco mil dólares en efectivo, los que “Panchita” está proponiendo destinarlos para el mejoramiento de la infraestructura de la casa en Jinotega, ya que ésta no tiene fondos para su mantenimiento y urge se reparen puertas, techo, etcétera.

La maestra Espinoza asegura que con la revolución, muchas fueron las mujeres que se liberaron del sometimiento y hoy se consideran más libres donde ni sus hijos las detienen para seguir trabajando.

Esta singular mujer agradece especialmente a sus hermanas por haberla ayudado con sus hijos, pues se separó de su esposo cuando éstos eran niños. Sonríe y ahora dice que ni siendo abuela la detienen para seguir trabajando por las demás mujeres pues aun tiene mucho por hacer, aseguró.