Máximo Rugama
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Los adolescentes que cumplen penas no privativas de libertad reciben terapias y son insertados a trabajos comunitarios para su rehabilitación. Sin embargo, si fallan a las medidas dictadas por la juez, son arrestados y enviados al penal.

Alejandro cumple su medida no privativa de libertad, por un delito común, en una ciudad del norte del país, en donde los directores de las oficinas de Vigilancia de Cumplimiento de Penas y Control Penitenciario mantienen un estricto registro de los condenados que están dispuestos a cambiar.

Este joven, sin ningún temor, hizo un giro drástico a su existencia, cumpliendo al pie de la letra las medidas de trabajo comunitario, como limpieza de parques, calles y hasta del cementerio municipal. Su afán es rectificar el rumbo que llevaba, puesto que tan solo cuenta con 16 años.

Su familia es un núcleo desintegrado. Su padre abandonó a su progenitora desde que él era un recién nacido, y junto a sus hermanos.

Luego, su madre se juntó con otro hombre, quien nunca le tuvo aprecio, por su rebeldía, y enseguida el rechazo se fue incrementando.

Poca educación
El jovencito reconoce que por su escasa educación poco a poco su comportamiento se volvió insoportable, por lo que empezó a vagabundear con “malos amigos” que lo introdujeron en la droga y en el mundo de la delincuencia.

La historia del hijo abandonado por su padre quedó atrás y aunque se considera víctima de la sociedad machista, asegura que él será diferente y no dará una vida tortuosa a sus hijos.

“Dios va a hacer justicia”, respira. El abandono de su padre tendrá su paga, porque ante Alejandro, la irresponsabilidad de un hombre con su descendencia está reñida con las leyes divinas. Como parte de su rehabilitación, Alejandro pidió perdón a su mamá y a su padrastro por todo el mal comportamiento que tuvo durante años, y prometió nunca más volver a hacerlo.

Algunos casos similares al de Alejandro suceden en las ciudades norteñas, en donde la licenciada Elia María Treminio Obando tiene a su cargo varios expedientes como directora de la Oficina de Ejecución y Vigilancia del Juzgado de Adolescencia en Estelí.

Treminio Obando asegura que actualmente sólo tres adolescentes cumplen penas privativas de libertad en el Sistema Penitenciario Regional de Estelí, en cambio hay cerca de sesenta muchachos que se encuentran con el régimen de medidas no privativas de libertad y todos están cumpliéndolas, incluyendo un seminario mensual de capacitación, donde también hay un fuerte control de asistencia.

¿Policía altera edades?
Sin embargo, cerca de sesenta madres de la ciudad de Condega recientemente denunciaron que sus hijos adolescentes, quienes fueron acusados por robos con intimidación, fueron llevados al Sistema Penitenciario Regional de Estelí, de forma arbitraria.

Las madres denunciantes dijeron que la Policía cambió las edades de sus vástagos, y aunque son menores están en cárceles junto a adultos.

Una de las madres de La Tierra de Alfareros dijo que en el Sistema Penitenciario hasta le quemaron los pies con cigarrillos a su hijo.

Allí no hubo funcionario que interviniera ni organismo de defensa de los derechos humanos, asevera la mujer, quien pidió al Cenidh que investigue esta situación, pues muchos adolescentes como su muchacho están en ese reclusorio en la misma situación.

Al respecto, la licenciada Elia María Treminio Obando explicó que la mayoría de los jóvenes que entran en conflicto con la ley son insertados a proyectos comunitarios a los que les dan estricto seguimiento, por lo que no es de la opinión de que haya muchos adolescentes recluidos en el SPR con sus edades alteradas.

Apoyo de autoridades municipales
“Cuando se encuentran con prisión preventiva, son sometidos a terapias psicológicas explorativas y luego, cuando ya sus procesos judiciales culminan y las penas quedan firmes, reciben atención sistematizada”, recalcó la directora de la Oficina de Ejecución y Vigilancia del Juzgado de Adolescencia en Estelí.

Por ello, el Juzgado Local Especial de Menores cuenta con los servicios de la psicóloga Xóchilt Córdoba, una joven profesional que asegura que la interacción con estos muchachos le ha servido de “escuela”, pues incluso ha estudiado varias especialidades para darles mejor atención.

La licenciada Treminio resaltó en particular la cooperación del director de Servicios Municipales en la Alcaldía de Estelí, Carlos Pino, quien apoya en la ubicación de los muchachos en distintas áreas públicas para que se sometan a rehabilitación.

Estos muchachos prestan servicios a la comunidad en dependencia al tipo de delito cometido. Hay jovencitos que son conminados a cumplir 96 horas de trabajo, las que se distribuyen en cuatro a la semana de servicios comunitarios, bajo la orientación de los responsables de cada área, ya que se convierten en un subordinado más, aunque no reciben pago.

Otra forma de ayudar a estos muchachos a que se involucren como factor y actor de desarrollo de la comunidad, después que cometen delitos que los llevan a un proceso penal, es que son remitidos a los centros de rehabilitación que tienen programas de atención externa.

Para ello, las autoridades del Juzgado de Adolescentes establecen coordinaciones con los directores o miembros de las junta directivas de ONG o entidades públicas, y en esos centros reciben atención psicológica y otro tipo de servicios brindados por especialistas.

Treminio y Córdoba dijeron que lo importante es que el muchacho de forma progresiva obtenga un cambio de visión y de pensamiento para rectificar en el futuro y mejorar como persona, ya que los adolescentes son personas de formación, destacan ambas profesionales.

Los reclusos, también son reinsertados
Pero eso no significa que los que se han quedado recluidos en el Sistema Penitenciario estén exentos de un proceso de rehabilitación, pues también participan en las competencias nacionales de manualidades, murales educativos, competencias de redacción y ortografía, así como matemáticas y distintas disciplinas deportivas.

El año pasado, los adolescentes internos en el Penal Puertas de la Esperanza, de Estelí, que participaron en tales competencias, alcanzaron el primer lugar a nivel nacional, “de lo cual nos sentimos satisfechas”, dijeron las dos profesionales.

Si vuelven a fallar…

Los muchachos que no acuden a las actividades asignadas son reportados a través de un informe de incumplimiento de las medidas y en caso que las violenten, ya no gozan del régimen de beneficio con disposiciones no privativas de libertad.

Treminio indicó que refuerzan las medidas de control visitando los domicilios de los adolescentes, sean estos del casco urbano o de la zona rural de Estelí.

En esas acciones de trabajo, el equipo de supervisión lo encabezan ambas funcionarias, y la doctora María Elsa Laguna, juez Especial de Menores de Estelí.

De igual forma establecen coordinaciones de trabajo con los jefes de sectores de la Policía, porque ellos colaboran para que los muchachos cumplan con las medidas y orientación y supervisión, así como que los mismos tengan una vigilancia o asistencia de forma sistematizada. Otras medidas para los adolescentes transgresores son no visitar bares, restaurantes, no consumir sustancias adictivas o que visiten a determinadas personas.

En el caso de que los jefes de sectores de la Policía sorprendan a un adolescente visitando un lugar público, ellos están en la facultad de detenerlos. Y si eso sucede, les aplican a los muchachos medidas privativas de libertad. Los muchachos que se ven involucrados en casos que entran en conflicto con la ley figuran entre las edades de 15 a 17 años.