Edgard Barberena
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Es descendiente de un francés que hace más de 100 años llegó a Nicaragua con el arte de reparar armas de fuego, profesión que el hijo menor de ese europeo retomó y que transmitió a un nieto suyo que ahora, con 70 años, mantiene activa la armería de mayor existencia en el país.

Nos referimos a Donaldo Meynar Acevedo, quien forma parte de la tercera generación que instauró en el municipio de La Libertad, Chontales, el ingeniero francés Emile Meynar, quien primero llegó a Panamá con una brigada francesa a construir la primera etapa del canal de ese país.

Pero debido a la fiebre amarilla que diezmó a los obreros y a los geólogos e ingenieros franceses, abandonaron Panamá, y una parte se dedicó a buscar minas, y, por lo consiguiente, se disgregaron. Esto ocurrió en 1800.

Así Emile --bisabuelo de Donaldo-- se dirigió al municipio de La Libertad, mientras los gringos “cayeron” en Panamá a “matar muerto”: terminar de construir el Canal de Panamá.

Meynar encontró que en La Libertad y en sus alrededores había oro, por lo que decidió instalarse en ese municipio y se casó con la viejana Vicenta Guevara. De esta pareja surge la rama Meynar en Nicaragua.

Esta generación la formaron Enrique, Augusto, Ulises, Emilio y Gilberto Manuel, todos de apellido Meynar Guevara. Las mujeres de esa primera generación fueron Cecilia y Angélica Meynar Guevara.

Todos los hijos del francés fueron buenos en minas. El mayor, Enrique, llegó a perfeccionarse en las reparaciones de armas de fuego, lo mismo que el abuelo de nuestro entrevistado, quien en vida fue Gilberto Manuel Meynar Guevara, hijo menor de Emile.

La primera armería en Managua
Su abuelo fue quien instaló la primera armería en Managua, después de dejar el municipio de La Libertad en 1948. Para esa época, a Donaldo no le gustaba la armería y se inclinó por aprender el manejo de las primeras máquinas industriales de zapatería, y llegó a trabajar en el calzado California, cuyo local era fácil de apreciar en los escombros de la vieja Managua. Ahí, junto con un primo suyo, operaba esas máquinas.

Así se convirtió en especialista en armar esas máquinas industriales para fabricar calzado, mientras estudiaba para bachillerarse en el Miguel de Cervantes, en 1965. Aprobó el examen de admisión para ingresar en la escuela de Ingeniería, pero como trabajaba para la tienda de Carlos Cardenal no tuvo tiempo para iniciar los estudios universitarios.

Los sábados los aprovechaba

Como no trabajaba los sábados, esos días los aprovechó para aprender a manejar el torno en el que también su abuelo era especialista, y “así me volaba unos bollitos y ahí fui aprendiendo copia de pieza, armería, y cuando Cardenal me despidió, ya podía trabajar en otra empresa, pero decidí unirme a mi abuelo”.

Después que murió su mamá, Donaldo se plegó a su abuelo, quien siempre portaba un riflito que “él los hacía, y con el cual cazábamos palomas, guardatinajas”. Esto ocurrió en La Libertad, Chontales, donde su abuelo tenía una mina que estaba como a 25 minutos a pie.

Recuerda que su abuelo extraía el oro y después lo procesaba en la casa --en La Libertad--, y toda la gente que tenía su escopeta o “chopo” viejo pasaba por donde su abuelo para que se lo reparara, ya que la armería nació en La Libertad.

Otros detalles de su vida

Cuenta que cuando su abuelo se lo trajo a Managua, lo quiso matricular en primer grado de primaria, “pero una señora que se llamaba Matilde --que era la abuela de los Marín, en la calle El Triunfo-- me enseñaba a sumar”. Dice que la señora tenía un gran “chilillo” con el que les pegaba a los chavalos que estuvieran jodiendo cuando ella estaba dándoles clases.

Cuando el abuelo lo fue a matricular le hicieron una prueba para primer grado: hacer una suma, “pero yo le dije a mi abuelo, si eso ya lo puedo hacer”, por lo que lo matricularon en segundo grado, donde estaban haciendo pruebas de multiplicación. Era hasta en tercer grado que a los chavalos les hacían una prueba de división, “pero yo ya sabía hacer quebrados”. Al final, lo dejaron en cuarto grado, por lo que la primaria le salió de tres años. En su vida de alumno, participaba en actividades culturales.

Cómo el abuelo aprendió la armería

Dice que su abuelo aprendió la armería fijándose en lo que hacía su padre (el francés). El bisabuelo de Donaldo recibía parte de su alimentación directamente de Francia. Dice que el tabaco le llegaba enlatado, los jamones llegaban forrados en cuero. Esa mercadería llegaba a Granada, donde las embarcaban en el vapor Victoria, el que desembarcaba en Puerto Díaz, y de ahí a lomo de mula era llevado hasta La Libertad.

Sobre la instalación de la primera armería en Managua que hizo su abuelo, Donaldo recuerda que esto fue en 1948, cuando se trasladan de La Libertad a la capital después que se produjo un accidente de aviación donde pereció el hijo menor de su abuelo, el cual había ingresado en la Academia Militar.

El padre de Donaldo, Efraín Meynar, preparó a todos sus hijos, “por lo que mi papá, Alfonso y Gilberto fue el equipo de mi abuelo donde se hacía de todo: reparación de armas, pasaban los embarques de guaro y Gilbertito los sellaba con estaño para pasarlo a Santo Domingo”.

El reloj de La Libertad, que daba un campanazo, el único que lo arregló fue Alberto Meynar (el padre de Donaldo). Las campanas de la iglesia de La Libertad las fundió Gilberto detrás del patio de la iglesia.

Sitios donde hizo nombre la armería

Con la muerte de Emilio Meynar en el accidente aéreo en La Libertad, el abuelo de Donaldo fue abatido por una enorme tristeza, y eso provocó que Manuel Gilberto Meynar Guevara se trasladara a Managua.

Alquilaron una casa en la Calle 15 de Septiembre a doña Aurora Maltez, “pero la desgracia fue que la vivienda de nosotros quedaba frente a la casa de la Nicolasa Sevilla (una lideresa del somocismo que jefeaba grupos de choques), la que pretendió reclutarlos, pretensión que evitó que se desarrollara el taller.

“Pero como mi abuelo era apolítico y no le gustaba eso, nos quitamos de ahí para trasladar el taller media cuadra arriba, donde mi abuelo puso el primer taller de armería donde estuvimos dos años --en la década de los 50--, y ahí comienzan a conocer a Manuel Gilberto, entre ellos un viejo ministro de Salud que tenía Somoza, el doctor Sánchez Vigil, que vivía con una chontaleña de La Libertad de apellido Sanders. Ese funcionario vivía esquina opuesta a la Casa Pellas.

Después de trabajar varios años en la Calle 15 de Septiembre, la armería se pasó a las inmediaciones de Chico Pelón, “donde fuimos más conocidos”. El taller estuvo frente al entonces Aeropuerto Xolotlán, contiguo a la tintorería mexicana Carlos Brach, donde el abuelo reparaba los microscopios del Ministerio de Salud. Manuel Gilberto adquirió equipos de precisión y tornos con Arturo Riguero.

Mientras el taller funcionaba por donde Chico Pelón, Donaldo terminó su primaria. Eso fue cuando en la vieja Managua había solamente tres calles pavimentadas, la Calle 15 de Septiembre, la calle de El Triunfo y la Calle Colón.

Repara hasta rokonolas

En ese entonces, el abuelo de Donaldo comenzó a reparar los motores de las rokonolas, las cuales comenzó a traer a Nicaragua Miguel Hernández, quien le alquiló la casa donde puso el taller por Chico Pelón. El abuelo no conocía los motores de las rokonolas, lo que hizo fue abrir el primero y de ahí descifró los misterios del aparato pachanguero.

También el taller funcionó donde después fue el “El pez que fuma”. Para esa época, Donaldo ya trabajaba con los rumbos que hacía en el taller ganándose buenos bollos. En el “Pez que fuma” estuvieron seis años, y después se pasaron para abajo. (De donde la Nicolasa Sevilla una cuadra abajo y media al lago).

“Reparábamos de todo, pero ya el taller se iba haciendo más de armas y así crecimos”, dice Donaldo, a quien Somoza García le puso a un “perico” para que aprendiera la técnica de reparación de armas y después le trabajara a la Guardia Nacional. Eso no se pudo, porque el aprendiz no logró nada, ya que era muy viejo.

Terremoto del 72 los golpeó

El terremoto de 1972 les botó la casa donde funcionaba el taller, ya que era una vivienda de taquezal, por lo que se trasladan a Jinotepe, donde muere la esposa de Manuel Gilberto.

Después de tener un fracaso en Masaya con la armería, Donaldo planificó instalarse en la Carretera Norte en Managua, frente a la Datsun, donde se unieron con otras personas que tenían otro tipo de servicios, como refrigeración, la armería y elaboración de piezas finas elaboradas en torno y reparaciones de baterías.

La muerte del abuelo

El abuelo de Donaldo murió después de la insurrección de 1979, y sus restos descansan en el Cementerio Oriental, mientras que la armería lleva 32 años de funcionar de la Rolter cuadra y media arriba a mano derecha, donde repara armas a la Policía Nacional, a miembros del Ejército y a civiles autorizados a portar armas de fuego.

Es un taller familiar que cuenta hasta con un pequeño polígono donde prueba las armas reparadas, además de que también trabaja en la elaboración de piezas en torno. En sus hijos hay varios profesionales, entre ellos dos que residen en el exterior, pero antes aprendieron a reparar y empavonar armas.

El subdirector de la Policía, comisionado Javier Meynar, es pariente de Donaldo, y nada tiene que ver con los trabajos que la Policía le solicita. Los trabajos que le hace al cuerpo policial son ordenados por la directora de la institución, primera comisionada Aminta Granera.

Colaboró con el FSLN

Como Donaldo fue amigo del poeta Fernando Gordillo, conoció gente del FSLN, entre ellos a René Núñez (actual presidente de la Asamblea Nacional), a quien le ayudaba por las noches a elaborar piezas para armas que los guerrilleros utilizaban en las montañas durante la lucha contra Somoza. También conoció a Miguel Bonilla (asesinado por la guardia somocista).

Dentro de las piezas que elaboraba para las armas de la guerrilla estaban resortes de fusiles Garand, de ametralladoras, trabajos que no los podían hacer de día. Esta colaboración en el taller de la Carretera Norte nunca la conoció su abuelo, y mucho menos un primo hermano que fue coronel de la Guardia Nacional, Mario Lazo Meynar, quien trabajaba en los hospitales y se fue a Estados Unidos.