José Luis González
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Proviene de una familia humilde de Jinotepe, vendió cuajadas y pan de maíz en los barrios más pobres de esa localidad, pero llegó a convertirse en el segundo nicaragüense que llegó a la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en 1957, después de Carlos Fonseca Amador.

Nos referimos al luchador antisomocista graduado de Médico en Moscú, el doctor Julio Briceño Dávila, hijo del marxista-leninista autodidacta, Guillermo Briceño Peralta. Su progenitora aún está viva y tiene 95 años de edad.

La generación que vivió el doctor Briceño estaba influenciada por un remolino impetuoso de acontecimientos en el mundo, que se precipitaron después de terminar la Segunda Guerra Mundial “y en mi caso particular, por la lógica de las ideas socialistas de mi padre, al que recuerdo siempre como un hombre perseverante, lector incansable”.

No se le ha borrado de su mente cuando la policía cateaba la casa de su familia como de otros dirigentes obreros y “cada vez mi padre iba a la cárcel, en plena Guerra Fría, muchos jóvenes sentíamos la coacción, la prohibición y el castigo del régimen dinástico”.

“Yo tenía 8 años cuando la gran represión de la dictadura somocista de 1948, hubo en una madrugada de agosto de ese año una gran redada de dirigentes socialistas de todo el país y repletaron las cárceles de la Aviación”, recuerda.

“En una visita que hicimos a mi padre, mi madre y yo fuimos encarcelados por orden del alcaide, Coronel GN, Carlos Eddy Monterrey, (el que se jactó de ser el que asesinó Sandino), porque encontraron una carta que mi madre le enviaba a mi padre, escrita con zumo de limón e iba acompañada de un billete de veinte córdobas inserta en el ruedo del pantalón, allí, en una mazmorra pasamos el día y una noche mi madre y yo, al lado de las pestilencias de una cárcel de mujeres en la Aviación”, relata.

Briceño añade que más grande supo que los compañeros de su padre en el presidio fueron, Augusto y Juan Lorío, Domingo Sánchez, Manuel Pérez Estrada, Carlos Pérez Bermúdez, Francisco Bravo, Miguel Ángel Flores, el doctor Mario Flores Ortiz, Ricardo Zeledón, Armando Amador, cerca de trescientos dirigentes en todo el país.

Su legado en la secundaria

Recuerda que en el instituto “Juan José Rodríguez” fundó con Lalo Cuadra el periódico “El Estudiante” que “lo editábamos en la imprenta de don Alejandro Alemán en Diriamba, y éramos junto con Modesto Duarte, los organizadores de los Liceos Literarios de los viernes”.

“Hace 55 años, organizamos en esa casa de estudios, que ya cumplió 90 años, los Liceos Literarios de los viernes, verdaderas veladas culturales para representaciones de “Las Manos de Eurídice”, del brasileño Pedro Bloch que había sido estrenada en Barcelona en 1953; otras obras de García Lorca, Valle Inclán, Unamuno, y hasta de Benito Pérez Galdós con “Doña Perfecta” porque allí aparece, entre otros, un personaje, (Pepe Rey, un hombre de ciencia, profundo anticlerical), que defendía las posiciones de Charles Darwin.

Estando en Segundo año de Secundaria en 1955 “se me ocurrió llevar en mi bulto, un folleto editado en Guatemala “La Reforma Agraria”, que se había discutido la noche anterior en una célula clandestina del Partido Socialista Nicaragüense en el que militaba mi padre con Jonathan González, Itamar Vásquez, César Estrada, Gonzalo Navarro”.

Por intrigas de un compañero de clase que decía que eso era comunismo, “Santiago Melendro me lo requisó de inmediato y mandó llamar a mi padre para una amonestación”.

Para el año siguiente con motivo del 100 Aniversario de la Batalla de San Jacinto publicó en “El Estudiante” el artículo: “Acusación ante la Historia Nacional” donde identificaba a la dictadura somocista con los filibusteros de 1856, lo que me valió la expulsión del Instituto”.

¿Quién era su abuelo?
Los padres de su progenitor fueron Josefina Peralta Duarte, comerciante, e Higinio Briceño Parrales, un zapatero remendón, pero autodidacta y lector empedernido. Lo poco que ganaba lo invertía en libros.

Dice Briceño que aún se conservan libros que adquirió su abuelo, entre ellos: “Las ruinas de Palmira” y “Problema de las contradicciones religiosas” de El Conde Volney, “El ABC del Comunismo” de Bujarin, “Lenin”, de Clara Zetkin, edición de 1937-Chile. “Ensayo sobre las costumbres” de Voltaire; “Los trabajadores del mar”, “Nuestra Señora de París “y “Los miserables” de Víctor Hugo, “La condesa de Charny” y “El Conde de Montecristo” de Alejandro Dumas, etc.

Lo que hizo antes de ir a estudiar a la URSS

Briceño al terminar el bachillerato se fue a trabajar un año con su padre en Chinandega, donde tenía un negocio de venta de ropa ambulante. Conoce a una serie de dirigentes entre ellos Rodolfo Romero Gómez, que había regresado clandestinamente de Guatemala con otros comunistas centroamericanos después del derrocamiento de Jacobo Arbenz.

Además, “me gustaba pasar por León para impregnarme del mundo apasionante de la Universidad que lo miraba como una caldera en ebullición. Tenía 18 años y recuerdo bien el encuentro con Carlos Fonseca como orador incendiario. Lo conocí en 1957 en un mitin en paraninfo de la UNAN de León; yo viajaba semanalmente de Jinotepe a Chinandega”, cuenta Briceño.

A principios de1959, Briceño se encontraba estudiando en León en la Facultad de Derecho. Vivía en la casa de estudiantes “Alcatraz”. “Ahí compartí con Jorge Navarro, Fernando Gordillo, Rolando Avendaño Sandino (recién llegado de Chile), Sergio Ramírez Mercado, de edades casi similares y otros jóvenes como Octavio Martínez Ordóñez, Alejandro Serrano Caldera, Jesús Miguel “Chuno” Blandón, Ramón Romero, Denis Martínez Cabezas, Luis Felipe Pérez Caldera, Oswaldo Madriz (El Tigrillo), Humberto Obregón, Manolo Morales, Orlando Quiñónez, y, de otras facultades, como Rigoberto Sampsom, Sergio Martínez Ordóñez, Joaquín Solís Piura…

Su salida del país
Con Herty Lewites, Giovanni D’Ciófalo Vega, Blanca Rojas Echaverri y otros, “habíamos organizado manifestaciones populares antisomocistas en las calles de Jinotepe en protesta de la masacre estudiantil y la Seguridad de Somoza, OSN, perseguía a los jóvenes que teníamos algunos antecedentes de participación en las luchas”, relata.

Debido a la persecución del somocismo tiene que irse de Jinotepe y logra así que Armengol Martínez Santos, fundador del Cuerpo de Bomberos, le facilitara una casa para esconderse en Managua en el barrio San Antonio.

A finales de 1956 Briceño sale del país rumbo a Honduras con un pasaporte restringido para viajar al campo socialista. “Me fui rumbo a Honduras, me asilé en la casa de Guillermo Suárez Rivas, un camarada exiliado en ese país”.

“Llevaba unas claves de referencia que me había dejado el embajador de Cuba, Quintín Pino Machado, para contactar al embajador de Cuba en Tegucigalpa. Todo era clandestino. Estaba funcionando en La Habana un comité preparatorio del I Congreso Latinoamericano de Juventudes”.

Para el I Congreso Latinoamericano de Juventudes, (1960) llegó a La Habana Onofre Guevara y Pedro Turcios del PSN, “pudimos conocer en la casa del Partido Socialista Popular a Blas Roca, allí me ligué al corresponsal de TASS para contactarme con la URSS. Le planteé mi interés de viajar a estudiar allá”.

En el congreso, Briceño estaba con Carlos Fonseca Amador, Tomás Borge, Rodolfo Romero, Silvio Mayorga, Onofre Guevara, Pedro Turcios. Lo inauguró el Che Guevara “donde lo conocimos por primera vez. Conocí también a allí Jacobo Arbenz y Lotario Bletz de Chile”.

Llega la beca de la URSS

Estando en Cuba el 2 de Octubre de 1960, le llegó la noticia de la beca para ir a la URSS. Lo despidió en el aeropuerto, Rodolfo Romero. En la nave de la BOAC (British Overseas Airways Corporation), iba la primera delegación del gobierno de Cuba, al Campo Socialista encabezada por Ernesto Che Guevara “con quien tuve el placer de conversar en ese viaje”.

“Mi capital era de un dólar en el bolsillo y me tocaba ser el segundo nicaragüense en llegar a la URSS, después de Carlos Fonseca en 1957”, dice con orgullo.

EL 12 de octubre de ese año, se inauguró la Universidad de la Amistad de los Pueblos en la Casa de las Columnas, donde habló Nikita Serguiévich Jrushov, quien había prometido en Yakarta, Indonesia, fundar esta Universidad cuando visitó a Sukarno, con motivo de aquella reunión de países no alineados”.

Un militante cientìfico

“Quise definirme como un militante científico de la medicina para conocer más de cerca al hombre en toda su dimensión, el origen de la vida y los secretos de la muerte. Me apoyé también en lo que decía un catedrático de Anatomía de origen español, José de Letamendi: “el médico que sólo sabe medicina, ni medicina sabe”

Cuando Manuel Pérez Estrada, como Secretario del Partido Socialista Nicaragüense llegó a Moscú a finales de 1961, la Universidad Amistad de Los Pueblos llevaba el nombre emblemático del patriota africano Patricio Lumumba.

“Fui el primer estudiante nicaragüense que llegó a la URSS y el primer nicaragüense graduado en un país del campo socialista. En 1967 me gradué de médico y se me otorgó la Estrella Roja de “otlichnik” (las calificaciones de los exámenes eran las más altas)”.

El calvario para retornar a Nicaragua
Para regresar a Nicaragua su boleto aéreo de Aeroflot vía Montreal, México, Managua se distinguía por tener una tapa resplandeciente con la gran bandera roja con la hoz el martillo de rigor, de la época.

Al llegar a Montreal, Canadá, donde tenía que abordar un avión de Aeronaves de México, “fui secuestrado por la policía canadiense con el pretexto de tener un pasaporte ‘ilegal’ (desactualizado), procedente de la URSS. Fui acusado de comunista internacional”.

Deportado a México

En Quebec “permanecí en una prisión varios meses, desde donde divisaba el Río San Lorenzo y luego fui deportado a México. Con mis documentos migratorios manchados con la deportación, llegue a México, donde el capitán de la aeronave entregó a la Interpol mis documentos. Allí permanecí varias semanas detenido en espera de mi siguiente deportación a Nicaragua”.

De México “fui deportado a El Salvador, donde me bajaron del avión y permanecí cinco días en las cárceles para los perseguidos políticos salvadoreños, ubicados en lo que hoy es centro histórico de San Salvador. Luego a Nicaragua, donde por la vía de la Interpol fui llevado por tres semanas a las mazmorras de la policía secreta de Managua (V Sección de Policía) con el título de “agente comunista internacional”.

Como estaba “colorado” con el somocismo y los hospitales eran dirigidos por coroneles de la Guardia Nacional, Briceño sólo podía ejercer la medicina por la vía privada por lo que después del terremoto, junto a otros médicos graduados en la URSS, fundó la Policlínica Iván Petrovich Pávlov.