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El 14 de septiembre de cada año se celebra la Batalla de la Hacienda San Jacinto, donde los nicaragüenses pusieron a un lado sus diferencias políticas para sacar del país al yankee filibustero que había arribado a Nicaragua traído por los liberales o demócratas que dominaban el departamento de León, mientras que los conservadores o legitimistas dominaban Granada.

En esa gesta, todos los años, se habla de acciones heroicas del general José Dolores Estrada, del sargento Andrés Castro, entre otros capitanes y tenientes que lucharon contra los filibusteros, pero muy pocos conocen sobre el Ejército del Septentrión y de las tropas de indios matagalpas, uno de los bastiones principales para la derrota del yankee invasor, los que armados únicamente con arcos y flechas pelearon junto al resto de nicaragüenses para liberar la patria de los esclavistas.

Por la envidia, el egoísmo y la ambición de poder que siempre ha reinado entre la oligarquía criolla que dominaba el país después de la independencia de Centroamérica, Nicaragua vivía en constantes guerras entre los legitimistas de Granada y los demócratas que dominaban León y Chinandega.

Nuestros historiadores, como el ingeniero Eddy Kühl Aráuz y Jerónimo Pérez, señalan que debido a esas guerras y con la llegada de William Walker a nuestro país, y posesionado de Granada, donde se proclama presidente de Nicaragua, muchos dirigentes legitimistas llegaron a Matagalpa buscando escapar de los filibusteros, y estando en el país también la emprendieron en contra de los mismos aliados que los habían traído.

Los dirigentes

Entre esos dirigentes estaban Nicasio del Castillo, quien después de la muerte del presidente provisional José María Estrada, asume ese cargo Fernando Chamorro, Tomás Martínez, Diego Chamorro, Joaquín Zavala, José Dolores Estrada, José Luis Coronel, entre otros, quienes junto a los matagalpinos y jinoteganos, Patricio Centeno, Cosme Pineda, Pablo Lanuza, Ramón Machado, entre otros, comenzaron a organizar la defensa del territorio nacional donde muchos murieron antes de la batalla final.

Fue así que el 20 de octubre de 1855 el Ejército del Septentrión firmó el acta conocida como el Acta de Matagalpa, en la que señalaban que desconocían el gobierno de Patricio Rivas, que había pactado Walker, y reconocen el gobierno provisional de Juan José Estrada. Asimismo juran luchar contra Walker y los demócratas hasta la última gota de sangre por la independencia nacional.

Hay que recordar que los dirigentes legitimistas escaparon a Matagalpa después de que las tropas demócratas encabezadas por el general Máximo Jerez habían tomado Granada en 1854, y que a partir de junio de 1855 se unieron a los filibusteros de William Walker, pero nunca se imaginaron que éste les clavaría el puñal cuando tuviera la oportunidad.

Matagalpa, capital provisional

Es bueno que nuestra juventud conozca que Matagalpa fue la capital provisional de Nicaragua cuando se constituyó el gobierno provisional, de aquí partieron las dos comisiones negociadoras consideradas las más importantes de la historia del país, una encabezada por el general Tomás Martínez, para unir a las fuerzas demócratas y luchar juntos contra el invasor.

Las comisiones negociadoras culminaron satisfactoriamente el 12 de septiembre de 1856 y la otra que se dedicó a la formación del Ejército del Septentrión, donde el general José Dolores Estrada fue encomendado para defender la entrada a Matagalpa.

Muy poco se habla del mencionado Ejército del Septentrión, hasta sus propios generales hablaron muy poco después de la victoria contra Walker, a pesar de que los 800 hombres que lo formaron fueron organizados en Matagalpa.

En ese entonces elaboraron el plan de la defensa nacional y la derrota del filibustero junto a los vendepatria que los habían traído, pero fue este Ejército del Septentrión, formado por mestizos, campesinos e indios del Norte de Nicaragua, que encabezó la derrota del yankee, ya que no sólo combatieron en la Hacienda San Jacinto, sino en Masaya, Granada y Rivas, donde también estuvieron los indios flecheros de Matagalpa.

Walker ofreció norte del país como suyo

Para los indígenas esta guerra por el poder de las dos paralelas históricas no les traía ningún beneficio debido a que años después de la Batalla de San Jacinto muchos de ellos fueron expropiados de sus tierras comunales por los gobiernos de turno y por terratenientes, para expandir sus extensiones cafetaleras, y muchos de ellos también fueron masacrados hasta que se insurreccionaron en 1881.

El historiador y abogado doctor Sergio Zeledón Guzmán señala que debido a las pugnas que existían entre los representantes del criollismo español ubicados en Granada, conocidos como legitimistas, y los demócratas de León, el país vivía en constantes guerras, donde los demócratas llamados más tarde liberales, trajeron a los filibusteros esclavistas del Sur de los Estados Unidos, a los que ofrecieron --si les daban la victoria contra los legitimistas-- tierras en el norte del país, entre otros compromisos.

Estos datos son pocos conocidos, pero así fue que los indígenas se unieron al Ejército del Septentrión, luego que en un comunicado publicado en La Falange, Walker señalaba que las tierras del norte de Nicaragua le pertenecían y que las vendía en dos millones de dólares y que los indios que la habitaban serían vendidos como esclavos, señala Zeledón.

Walker tenía entre sus planes, ya establecido en Nicaragua, además de promulgar el inglés como idioma oficial en el país, mantener el esclavismo a pesar de que fue abolido en 1824, y vender a los esclavos como fuerza de trabajo en Centroamérica, ya que aseguraba que los mestizos no podían trabajar. Consideraba que había que sustituir esas plazas con esclavos negros africanos e indígenas, por lo que quería establecer un mercado de esclavos en Centroamérica.

La división de los 60 indios
El historiador agrega que existía inconformidad por parte de los indígenas matagalpinos por el maltrato que les daban los demócratas, por lo que sentían mucha simpatía hacia los legitimistas de Granada. Esto sumado a sus deseos por defender la soberanía, su tierra norteña y su patrimonio, fue lo que provocó que 60 indios armados de flechas formaran parte del Ejército del Septentrión en su lucha por salvar al país de los invasores.

“Los historiadores hablan de 60 indios flecheros que formaron parte de este Ejército del Septentrión, pero hay algunos datos históricos que aseguran que eran 180 indios los que partieron de Yucal para combatir en la hacienda San Jacinto”, señala Zeledón.

Eddy Kühl en su libro “Indios Matagalpa, Lenguas, Cuentos y Leyendas”, señala que los indios salieron a pie de Matagalpa el nueve de septiembre de 1855 y llegaron a San Jacinto el 11 y el 14 de septiembre, en donde estaban combatiendo, y tomaron por sorpresa la caballeriza de los filibusteros, espantando así a los caballos, lo que provocó la huida de los invasores que pensaron que eran refuerzos que llegaban a socorrer a los patriotas que estaban luchando hasta con piedras porque ya se les había terminado el parque de municiones.

En el parte del general Estrada no fue reportada la participación de los indios matagalpas, se desconoce el porqué, aunque se menciona que el entonces coronel estaba inconforme con la participación de los indígenas matagalpinos, ya que no había pedido la ayuda de éstos, pero lo cierto es que muchos de los flecheros murieron en esa batalla al lado de su jefe, el mayor Francisco Sacasa, granadino de pura cepa.

En agosto del mismo año, unos 300 indígenas participaron junto al general Cross en el traslado de armas que don Juan José Estrada, presidente provisional, había conseguido fuera del país, estas armas fueron trasladadas por los indígenas desde El Sauce y Somotillo hasta Matagalpa para luego salir de los Esteros Matagalpa hacia la hacienda San Jacinto.

Los indios matagalpas fueron muy aguerridos y en 1854, unos 400 flecheros de este departamento combatieron para liberar la ciudad de León de la ocupación del salvadoreño general Malespín, pero por el maltrato que recibieron de parte del gobierno demócrata de José León Sandoval se unieron a los granadinos.

Aunque los indígenas lucharon en la Guerra Nacional con el fin de expulsar a los filibusteros del país, además de salvar su territorio que estaba siendo vendido en dos millones de dólares y con miras de ser convertidos en esclavos, se apegaron a los legitimistas en el proyecto de la guerra nacional, que al final fue una guerra patriótica, lo que fue honor y orgullo del pueblo indígena matagalpino.

Años más tarde, los gobiernos legitimistas o conservadores que gobernaron el país por más de 30 años se olvidaron de la participación de los indígenas en la guerra contra Walker y comenzó la persecución y expropiación de las tierras indígenas para la expansión cafetalera. Esto provocó dos levantamientos indígenas en 1881, uno contra el prefecto de apellido Cuadra del gobierno conservador presidido por Joaquín Zavala, el 30 de marzo, y el segundo en agosto del mismo año, donde participaron unos dos mil indígenas que fueron masacrados, 400 de ellos por las fuerzas conservadoras.

Hoy es triste ver que en la Casa de la Comunidad Indígena de Matagalpa no hay ningún dato sobre los indios matagalpas. El vicepresidente de esa comunidad al ser consultado sobre la gesta de los indígenas en San Jacinto dijo que no había archivos sobre ese tema.