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El Departamento de Policía de San José, California, Estados Unidos, y la alcaldía de esa ciudad, tenían la clara convicción de que sus estrategias para controlar el problema de las pandillas, bajo el lema: “Déjennos a nosotros encargarnos de los chicos malos”, estaba dando los mejores resultados, hasta que un día, un grupo de madres se les plantó de frente en sus despachos para decirles: “Nuestros hijos se están matando. Los estamos perdiendo”.

Esa era la situación hace casi 20 años atrás. Hoy, San José, con alrededor de un millón de habitantes y con un cuerpo policial de apenas 1,348 agentes uniformados (para una razón de 1.3 policías por cada 1000 personas), está sirviendo como modelo en cuanto a la lucha contra las pandillas.

No han incrementado el número de oficiales desde 1998, pero sus resultados son evidentes: desde 1996 el índice de delitos por pandillas decayó en un 44 por ciento; el número de jóvenes enviados a la prisión del Estado de California bajó en un 76 por ciento, y el de chavalos enviados a la cárcel local por faltas menores, disminuyó también en un 56 por ciento.

“En 2007 no tuvimos ni un homicidio que tuviera que ver con violencia intrafamiliar”, comenta el comisionado Robert Davis, Jefe del Departamento de Policía de San José.

La clave para optimizar resultados está en el modelo comunitario utilizado por la entidad, muy similar al que empezó a desarrollar la Policía Nacional de Nicaragua a través de la Dirección de Asuntos Juveniles.

El comisionado Davis explica por qué es importante la prevención, la intervención y la supresión, si se desea resolver el problema de pandillas, como lo han hecho en esa ciudad californiana, donde el número de agrupaciones de este tipo se calcula en unas 300 todavía.

¿Por qué es importante estrechar la relación de la comunidad con la Policía?
Hace 20 años asumimos que sabíamos cómo resolver los problemas de la Policía y que no necesitábamos la ayuda de la comunidad. ¿Qué ganamos en aquel entonces? Un fracaso. El nivel de los delitos estaba creciendo aceleradamente. Tuvimos que cambiar esa filosofía.

Entonces, empezamos a trabajar con un modelo que se fundamenta en tres puntos: prevención, intervención y supresión. En cada comunidad existen diferentes tipos de recursos disponibles. Puede ser que en una ciudad exista una organización no gubernamental que está trabajando en el tema de la violencia intrafamiliar. O en otro lugar está la Iglesia haciendo por su parte un trabajo bien fuerte.

Entonces, comenzamos a trabajar con los sacerdotes de la Iglesia Católica, con los pastores de las iglesias evangélicas, con los líderes de las escuelas, con los líderes de las ONG, con los directores de las cárceles para los jóvenes. Es decir, que empezamos a trabajar con todos en la comunidad.

Se hizo un memorando de entendimiento. Después de algunos años hemos desarrollado programas en que los jóvenes puedan recibir clases o hacer otras actividades después de la escuela. Tenemos a dueños de los clubes de deporte privados en la ciudad que están ofreciendo algunas de sus canchas para que los chicos vayan, en vez de irse a los lugares donde están los pandilleros. Tenemos sicólogos que ayudan a los padres a ser mejores padres.

¿Existe, entonces, una distribución de responsabilidades?
Exacto. ¿Qué puede hacer un director de una escuela secundaria si sabe que hay problemas de delitos y de pandillas en su área? Le estamos diciendo que él no tiene que resolver el problema totalmente, sino que tiene la posibilidad de cambiar una parte del problema. Hay algunos maestros que están dispuestos a hacer obra voluntaria.

El líder de una iglesia puede ayudarnos a entrar en un área donde hay pandilleros, ya que si esta persona está con nosotros, no vamos a tener problemas porque no nos van a recibir de la misma manera.

Los dueños de las empresas pueden ayudar con refrescos para alguna reunión que se va a sostener con los padres; lo que sea.

Lo más importante para mí, es que los jóvenes han aumentado sus notas en las escuelas para luego ingresar a las universidades, en un 32 por ciento. También hemos bajado los índices de deserción escolar.

Si no estamos ayudando a los jóvenes a tener éxito en las escuelas, hay muchos de ellos que van a reunirse con las pandillas, porque no tienen la posibilidad de conseguir empleo. Tenemos que ayudarles a tener éxito. Todavía los muchachos están matándose, y la mayoría de los chicos que están cometiendo delitos muy malos, son los que tienen desde 14 años hasta 17. Y la mayoría de los chicos que están muriendo, tienen menos de 21 años.

¿Qué señalan los análisis más recientes sobre el tema de las pandillas en Centroamérica?
He estado en El Salvador dos veces, en Honduras una vez, en Venezuela, vine a Guatemala, y ahora estoy en Nicaragua. Lo que está ocurriendo aquí es lo mismo que está pasando allá. Hay problemas socioeconómicos. Y los chicos, si sus padres no están, están buscando amistad, están buscando familia, y los que no tienen los talentos para conseguir empleo, están buscando la manera de vender drogas para ganar dinero.

Si los chicos no tienen los espacios en la comunidad, van a buscar una manera de conseguirlos. Hay algunos muchachos que se reúnen para apoyarse. Los de la mara Salvatrucha se empezaron a reunir para defenderse, y después usaron el poder para hacer otras cosas. Pero estamos hablando de seres humanos, y a mí no me importa si están en China; las razones son las mismas.

¿Podría Nicaragua, con el tiempo, equiparar los niveles de violencia de Honduras, de El Salvador y de Guatemala?
Yo creo que sí. Esto es lo que había pasado en Estados Unidos y lo que hicimos fue dejarlo, no le pusimos atención. Pero es más fácil sacar una planta mala cuando está bien chiquita, en vez de dejarla crecer. Ustedes tienen la posibilidad, hoy en día, de hacer una obra realmente buena en este país, de resolver las cosas antes que lleguen como en otros lados.

¿Nicaragua está expuesta a las migraciones de los mareros de otros países?
Nicaragua está justo en el centro de Centroamérica. Entonces, ¿qué pasa? Es más fácil para unos que quieran vender drogas. Si no empiezan a hacer una barrera, una cerca, diciendo “basta con las pandillas, no vamos a dejarlas crecer en el país”, la situación va a desmejorar.

Había algunas pandillas que estaban pasando mucho más a través de San José, y algunos se quedaron porque miraron que había mercado para drogas, ya que estaban los jóvenes de la comunidad.

Los jóvenes están buscando familia, están buscando la posibilidad de ganar dinero. Y están buscando amigos. Si la sociedad no le está ofreciendo eso, lo van a buscar. Por eso hay que mantener la prevención y la intervención.

Si siempre hacemos lo que hemos estado haciendo, siempre vamos a recibir lo que hemos estado recibiendo.

“La obra de la Policía debe ser para todos los ciudadanos”
El comisionado Robert Davis enfatizó que el compromiso de la Policía en cualquier país, Estado o ciudad, es actuar apegada a las leyes y sin ningún sesgo político en el ejercicio de sus funciones.

“La obra de la Policía debe ser para todos los ciudadanos. La Policía no puede tomar un lado por razones políticas. Es la opinión mía. En mi ciudad hay diferencias políticas. Pero como jefe, ¿qué hago yo? Yo no tomo parte en eso porque todos deben tener confianza en el Departamento de la Policía. Si la gente empieza a ver al Departamento de la Policía en un lado o en el otro, lo que sea, en cosas políticas, vamos a tener más problemas”, dijo.

¿Tomar partido en una posición política es negativo?

Lo que estoy diciendo, es que en la opinión mía --por supuesto yo soy un visitante aquí en este país y no soy miembro de la Embajada--, sólo estoy diciendo que es muy importante que la Policía esté trabajando con todos. Y cuando cualquier departamento de la Policía en cualquier parte del mundo empieza a tomar lados en cuanto a la política, no va a tener la confianza de toda la comunidad.

¿Quién es Robert Davis?

Robert Davis, jefe del Departamento de Policía de San José, California, comenzó su carrera en 1980. Por más de nueve años ejerció en diferentes puestos en la División de Patrullas. Como oficial se desempeñó en el Programa de Entrenamiento en el Campo y también como oficial de la Academia de Formación Policial.

Como sargento fue asignado a las unidades de Robo y Fraude, Detective de Noche, la unidad de Asuntos Internos, y la División de Aeropuertos.

En los últimos tres años, Davis ha viajado a Honduras y a El Salvador, invitado por el Departamento de Estado, a impartir entrenamiento sobre estrategias de policía comunitaria y prevención contra las pandillas.