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Aquí la barrera generacional no tiene lugar. Sólo el deseo de superación es lo que impulsa a un puñado de hombres y de mujeres de Acahualinca, que buscan romper el círculo de la pobreza a través de su preparación y superación personal, impulsados por la organización Dos Generaciones.

Así, religiosamente asisten a sus clases semanales que de forma gratuita imparte el Centro de Formación Laboral “Rafael Reyes García”, ubicado a tres cuadras de la entrada del megabotadero de basura La Chureca, donde lamentablemente, por la falta de preparación técnica y de oportunidades de empleos, varios centenares de personas de todas las edades se ven obligadas a obtener el sustento diario para mantener a sus familias.

Otro mundo

Sin embargo, para algunos los sueños de una vida mejor aún no mueren, y se esfuerzan por alcanzar sus metas. Uno de los casos excepcionales es el de Mariela Antonia Hernández, de 23 años, habitante del barrio La Chureca. Ella lucha diariamente en su aprendizaje, mientras su pareja sale a la recolecta de materiales reciclables para el sustento de la familia.

El objetivo de Mariela Antonia es desarrollarse, y le valió ser una de las 11 mujeres beneficiadas de una donación del Banco Mundial por demostrar su interés y empeño de superación. El objetivo del apoyo es que sean capaces de tener un impulso económico para que logren su autonomía, creando y administrando sus pequeños negocios.

“Hace mucho me tocó andar en el botadero, pero ahora esto es otro mundo. El cambio es mucho, en el botadero uno se asolea, se expone a enfermedades por pasar la mayor parte del tiempo entre la basura. Ahora hago mis rumbos y confecciono faldas para mí, pero tengo pensado emprender el negocio de Corte y Confección”, nos comenta, mientras cursa su segundo año de capacitación.

Madre de dos niños, ella vive en el barrio La Chureca desde hace 14 años, en una minúscula casa junto a la llamada “laguna”, que, evidentemente, está contaminada. Nos dice que no tiene muchas facilidades para iniciar un negocio, pero está segura de que con la ayuda obtenida y con los cursos de costura se superará, para poder darles buen futuro a sus hijos.

“A veces hay sus problemitas, porque vengo acá a estudiar y él allá trabajando duro, pero le digo que en un dado caso de que se aleje, esto es algo que me servirá en la vida, para trabajar, y para que mis hijos salgan adelante. Siempre me ha gustado la costura y ésta es mi decisión en la vida”, nos asegura con una sonrisa.

Cargados de sueños

De los estudiantes del Centro de Formación Laboral, si bien los hay de La Chureca, con ellos también hay de diferentes sectores de Acahualinca, de la zona Norte, de la Sur, del sector O-1, de los barrios “Rafael Ríos”, Alemania Democrática y Los Martínez.

Otra mujer con visión de futuro es María Teresa Picado Vargas, de 20 años. Ella es del barrio Acahualinca, y nos confió tener muchas expectativas en su aprendizaje. Es joven, simpática, soltera y sin compromiso, pero no deja de pensar en un futuro promisorio, y por eso quiere más experiencia laboral. Ya pasó por un curso de Belleza hace cinco años, y ahora opta por uno de Corte y Confección.

“Tengo un salón de belleza y me va bien. Mi rutina en la mañana es estudiar costura, en la tarde me voy y abro el salón para trabajar, y luego estudio por la noche en cuarto año de secundaria. Mi esperanza es llegar a estudiar Derecho. Mi mamá me dice: ‘Seguí adelante, no mires atrás’. Siempre me alienta”, nos asegura.

Aquí también nos encontramos a otra emprendedora: Alejandra Obando. Ella debe asistir a clases con su bebé de 10 meses, y tiene que lidiar entre sus cuidados y la concentración en el trabajo que poco a poco aprende. También tiene una niña de 5 años, pero ella estudia y eso le da un respiro.

“Es un sacrificio, pero el bienestar será para ellos más adelante. Mi sueño es montar mi propio taller de costura, confeccionar ropa, y poder contratar a madres solteras. Mi pareja me apoya y me dice que siga aprendiendo”, comenta Alejandra.

Con manos poderosas

Para Alba Icaza, instructora del curso de Corte y Confección, es un estímulo para las alumnas tener otra forma de ganarse la vida. “Al mismo tiempo es desestresante, mientras se ayudan en lo económico. Entre las clases de costura también les enseñamos manualidades para que obtengan mejores entradas económicas. Tienen que aprender y buscar cómo defenderse en la vida. Muchas de ellas no habían descubierto cuánto poder tienen en sus manos, y tratamos de mostrarles sus capacidades a través del centro”, contó.

En la clase de belleza encontramos a Jamileth del Carmen Roa, de 35 años, madre de siete hijos y habitante del sector O-1. Ella nos dice que los estudios la han beneficiado, y ya en su casa hace cortes de pelo, manicure y pedicure, para lo cual le es de gran beneficio un equipo de trabajo que recientemente le entregaron en el Centro de Capacitación Laboral. Ella tiene marcada como meta tener su propio salón de belleza.

Sirviendo a la comunidad

Daisy Rugama Estrada, Directora del Centro de Formación Laboral “Rafael Reyes García”, nos cuenta que el centro nació en 2001, en el marco del Programa de Niñez Trabajadora del barrio Acahualinca. Su objetivo inicial era contribuir a la desvinculación de la explotación económica de niños y adolescentes que laboraban en trabajos de alto riesgo, como la recolección de materiales de reciclaje.

Posteriormente, con un premio obtenido por Dos Generaciones, y con el apoyo de otras organizaciones y agencias de ayuda, lograron construir el Centro de Formación Laboral para Adolescentes y Personas Adultas. El centro capacita a adolescentes, jóvenes y adultos de entre los 14 y los 45 años. Explica que la edad mínima para un oficio técnico es a los 14 años, ya que no pretenden fomentar el trabajo infantil.

De 2001 a lo que va de 2009 han capacitado a 2 mil 578 personas, de las cuales 1 mil 701 son mujeres y 877 hombres. Del total --y sin incluir a quienes están desarrollando sus cursos este año--, se han promocionado 1 mil 557 personas con nuevas capacidades y opciones en la vida.

De los 310 egresados del año pasado, 70 lograron colocarse en el área laboral afín a lo estudiado, y 38 lo hacen propiamente en la especialidad que aprendieron y siguen desarrollando. La matrícula de 2009 es de 366 estudiantes, entre los cuales 170 son adolescentes y 196 adultos. Estos estudiantes obtienen sus certificados avalados por el Instituto Nacional Tecnológico, Inatec.

Más que una carrera técnica

Los cursos que se imparten en el centro son Corte y Confección, Belleza, Repostería y Serigrafía, pero no se trata sólo de enseñarles a defenderse laboralmente, también se les capacita en mercadeo y se les sensibiliza en el tema de género.

“Al ingresar a las carreras técnicas, realizamos un proceso de sensibilización. Se crea todo un proceso de autorreflexión para el reconocimiento personal, para el trabajo de su identidad, tanto propia como comunitaria, para las relaciones interpersonales, para desarrollar más seguridad, autonomía y confianza en ellas mismas, desde la parte emocional y en la toma de conciencia de sus derechos humanos”, explica la directora del centro.

Indica que, a su vez, la sensibilización ayuda a los estudiantes a tener capacidad de mercadear su producto. Se fomenta la creatividad, iniciativa del desarrollo de la competitividad y de la creación de ventajas en el mercado laboral, algo que les sirve también para la vida cotidiana.

Además, la directora Rugama menciona que la idea no es sólo que cursen carreras técnicas, también se les motiva a continuar sus estudios formales de primaria y de secundaria.

Otra de las ventajas del Centro de Capacitación Laboral es que sus estudiantes están integradas a un banco de fomento, creando el financiamiento de materia prima, así también, un fondo revolvente dividido en capital de trabajo, crecimiento de capital y reinyección de capital.

En planes para desarrollar

Entre los proyectos futuros del centro educativo se encuentra desarrollar dos nuevos cursos, pero éstos dependerán de un diagnóstico sobre expectativas, necesidades y demanda de capacitación en Acahualinca, para así ofrecer la formación técnica.

“También se verán las demandas de las empresas y sus necesidades técnicas, y qué más requieren. Este diagnóstico estará listo en la primera quincena de octubre. En la actualidad lo que más se solicita es belleza y repostería. Hay demanda para mecánica, además, en computación, sin embargo, ésta se ofrecerá no como oficio, sino como una forma de capacitación a las estudiantes para estar actualizadas con la tecnología”, dijo la directora del centro.

Por otra parte, se tratará de colocar a algunos de los estudiantes en empresas, para que puedan ejercitar los conocimientos aprendidos, sin embargo, consideran necesario primero la implementación de cursos de concienciación a las empresas involucradas.

Rugama explica que si insertan a los alumnos de forma directa, por lo general existe discriminación de los trabajadores, por el simple hecho de que el estudiante es de determinado sector o por ser de La Chureca. Y eso puede resultar estigmatizante.

Por otra parte, comenta que tampoco pueden enviarlos con la simple petición de un centro laboral, principalmente en el caso de belleza, porque se debe evitar que las jóvenes caigan en la explotación sexual. Así que tiene que ser un lugar acreditado y reconocido.

Puertas abiertas “para volar”
Quienes estudian en el Centro de Capacitación Laboral gozan de becas completas, y se les garantizan los materiales. Los únicos requisitos para matricularse son: que sean del barrio Acahualinca y que tengan un mínimo de 14 años cumplidos.

Ellos estudian en cinco aulas, desde las 8 de la mañana a las 11:30. En la tarde los cursos son de la 1 a las 4.

Cada curso realiza prácticas, y sus productos pueden ser solicitados por la comunidad. En el caso de belleza, cumple servicio gratuito a la población cuando las estudiantes tienen suficiente preparación.

Así como en serigrafía encontramos mujeres, cuando ha sido un oficio tradicionalmente de varones, en repostería nos encontramos con un varón.

A sus 38 años, casado y con dos hijas, Gilberto Blanco Fonseca, del barrio “Alfredo Silva” cursa repostería. Su aspecto en medio del trajín de la cocina y la repostería, es inusual, sobre todo cuando la persona tiene 1 metro 90 de estatura, es recio, tiene varios tatuajes en la cara y una cicatriz.

“Los tatuajes fueron errores de mi juventud. Hace 10 años cambié el rumbo de mi vida y quiero aprovechar lo que en la juventud no tuve. Mi familia me apoya, ellos son el motor de mi vida”, nos dice con mucha humildad. Si bien su principal ingreso viene de un negocio de venta de ropa, aprovecha al máximo los cursos porque su sueño es llegar a tener una panadería.

“Recordemos que el pan es el bastimento de muchos nicaragüenses. ¿Que si ya elaboro pasteles? No, ahorita estoy en preparación, y el próximo año espero seguir con la elaboración de pasteles. Veo que estos productos tienen mucha demanda y es una buena forma de ganarse la vida, y hay que buscarla de alguna manera”.

Sobre lo inusual o el estigma social de que un hombre se desempeñe en el oficio de la cocina, su respuesta es que “en el mundo, los mejores reposteros y cocineros son hombres, hay que dejar esas barreras de pensamiento, y aquí estoy en medio de todas estas mujeres”.

El proyecto de formación laboral es impulsado por Dos Generaciones, con el apoyo financiero de Solidaridad Internacional de España, Solidaridad Internacional, Junta de Galicia, Ayuda en Acción, así como el Banco Mundial.