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Esta semana, la Real Academia Sueca de las Ciencias, le otorgó a Elinor Ostrom el premio Nobel de Economía, compartido con el también norteamericano Oliver Williamson. Es la primera vez, desde 1969 y después de 64 galardonados, que se le otorga a una mujer tan importante distinción. Según la Academia, el trabajo de Ostrom “ha desafiado la percepción general de que los recursos comunes (como bosques, acuíferos, pesquerías) son manejadas deficientemente, y que éstos deben de ser regulados o privatizados”.

El problema fundamental de los recursos comunes, muchos de ellos recursos naturales, es que pueden ser utilizados por todos los miembros de una comunidad, pero al mismo tiempo no les pertenecen a nadie. Esto puede provocar que el recurso sea explotado irracionalmente. Abundan los casos en los que un recurso común para una sociedad ha sido dilapidado y como consecuencia de esta sobreexplotación, la sociedad termina peor que como estaba antes.

Este efecto es conocido como la “Tragedia de los Comunes” y ha sido tema de investigación por varias décadas. Las razones de esta “Tragedia” son más fáciles de entender con un ejemplo; supongamos que a dos idénticos ganaderos se les asigna un pedazo de tierra con pastos con la capacidad de alimentar a X número de animales.

Ambos ganaderos se comprometen a poner cada uno la mitad de ese número de cabezas y así aprovechar los pastos de manera eficiente. El problema, según la línea de pensamiento que explica la tragedia, es que cada ganadero cree que el otro va a romper el acuerdo y ambos terminan rompiéndolo para que el otro no “se le vaya arriba”. Al final, el pasto es sobreexplotado y ambos ganaderos terminarán peor a que si se hubieran restringido a poner el número óptimo de ganado. La tragedia ocurre porque los ganaderos piensan sólo en su bienestar y no en el bienestar colectivo que hubiera generado la cooperación mutua.

La desaparición de bancos pesqueros en el Atlántico Norte, la casi extinción de las ballenas, las hambrunas de África e incluso el deterioro de la capa de Ozono y el calentamiento global, son el resultado de la sobreexplotación de patrimonios ecológicos que le pertenecen a la comunidad global, pero que son explotados o contaminados de tal manera que la comunidad termina al final lamentándose.

Problemas ambientales como los descritos no son ajenos a nuestro país y muchos de ellos pueden explicarse por esta tragedia; las continuas invasiones a las reservas naturales Bosawás e Indio Maíz, la extracción de leña del bosque natural en el Pacífico de Nicaragua, la captura y caza de animales silvestres, la contaminación del Lago de Managua, la sobreexplotación de los acuíferos de las ciudades de Matagalpa y Juigalpa y el despale de montañas que antes producían agua son sólo ejemplos de recursos naturales comunes que han sido mal manejados y sobreexplotados.

Soluciones costosas

Al final, la solución a estos problemas, como las plantas de tratamientos, acarrear agua desde lugares lejanos o la desaparición de especies, terminan siendo resultados más costosos e incluso irreversibles.

¿Cuál puede entonces ser la solución a estos problemas? Por lo general, los economistas han orbitado alrededor de dos opciones antagónicas: por un lado, se propone la intervención del Estado en solucionar los problemas, y por el otro lado se propone la privatización. La intervención de Estado se justifica cuando el mercado no es capaz de producir los resultados óptimos para la sociedad.

La regulación asegura que los recursos o sean administrados de manera equitativa entre todos los miembros de una sociedad, o de acuerdo a una ley. El otro extremo propone que el mercado, al asignar recursos vía precios, asegura que los recursos sean “consumidos” por aquellos que más los valoran.

Elinor Ostrom no se convenció tan rápidamente que éstas eran las únicas dos soluciones ni que tampoco los recursos comunes estaban destinados a tan incierto futuro. Tomando una perspectiva empírica, es decir basada en hechos reales, Ostrom logró documentar casos exitosos de gobernanza de recursos naturales en todos los continentes.

No solamente encontró casos en los que la “Tragedia de los Comunes” no aplicaba, sino que incluso estableció una serie de principios bajo los cuales, comunidades en diversas partes del mundo, de culturas y religiones diferentes, han podido administrar recursos naturales de manera sostenible sin recurrir ni al Estado ni al Mercado.

Ostrom concluyó que estas sociedades fueron capaces de afrontar este tipo de problemas mediante instituciones, reglas, incentivos y sanciones que hacen que los individuos cooperen y no destruyan el medio que los rodea.

Un caso estudiado a profundidad por Ostrom ha sido los sistemas de irrigación compartidos por muchos agricultores, tanto en Europa como en Asia. Estos sistemas tienen el problema fundamental de que requieren de altos costos de mantenimiento. Un agricultor ubicado en la parte alta del sistema, donde el agua es abundante, tiene los incentivos a cooperar en repararlo porque tiene el agua muy cerca de su propiedad.

Eficacia de la comunidad

Otro agricultor, ubicado al final, no comparte ese mismo incentivo porque le llegará menos agua, al tener que abastecer a todos los agricultores de la parte media antes de llegar a él. El resultado, según la “Tragedia de los Comunes” es que ningún agricultor contribuirá porque nadie querrá trabajar más que el otro.

En la práctica, Ostrom encontró sistemas de riego que no sólo funcionaban, sino que además, con extraordinaria eficiencia. Al indagar más sobre el porqué, encontró que en muchos de los casos, los agricultores se sujetaban a una serie de reglas e instituciones que reglamentaban el uso del agua.

Reglas bien básicas, como el hecho de que en días pares del mes, los de arriba no podían usar el sistema para que los de abajo lo hicieran, la composición de juntas directivas donde estuvieran todos representados o sanciones (no necesariamente económicas, sino también de rechazo social) a los que violaran las reglas eran condiciones suficientes para que los agricultores cooperaran y los sistemas funcionaran.

Ostrom encontró entonces que la acción colectiva de un grupo puede ser una forma eficaz de resolver un problema de gobernanza de recursos naturales.

Ostrom incluso encontró que los sistemas de riego financiados por la cooperación internacional en Nepal, eran menos eficientes que los sistemas nativos, concluyendo que lo que originaba esta diferencia era la no inclusión en los programas oficiales de reglas idiosincráticas de las asociaciones de productores.

Este resultado es sorprendente, porque pone de manifiesto que programas bien intencionados de la cooperación internacional podrían incluso, ir en detrimento del medio ambiente si no toman en cuenta instituciones comunitarias, sus reglas y tradiciones.

La acción colectiva como forma de solución de problemas tiene una amplia gama de aplicaciones que van más allá de los recursos naturales. Puede incluir temas como la seguridad ciudadana, la eficiencia del sistema judicial, la democracia o cualquier otro patrimonio común a una sociedad, que todos utilizan, pero que no le pertenecen a un solo individuo.

Reglamentos Básicos para el buen funcionamiento

Los principios generales para que una comunidad pueda administrar exitosamente un recurso común según Ostrom son:

1. Que es necesario de los grupos de interés estén bien delimitados. Esto hace que el grupo sea homogéneo y no existan conflictos de intereses entre ellos. Se debe por lo tanto delimitar bien quién está dentro del grupo y quién está fuera.

2. Que las reglas que gobiernan el recurso común están acordes con las condiciones y necesidades locales, incluyendo cómo, cuándo y cuánto se debe extraer del recurso.

3. Que los potenciales afectados por las reglas también puedan tener una voz al momento de proponer cambios a las mismas reglas, esto para asegurar que las reglas sean percibidas como justas.

4. Establecer un sistema de monitoreo de la conducta de los miembros del grupo. Por ejemplo, que los que establezcan sanciones en un año sean productores que serán monitoreados en el siguiente año, pudiendo ser sancionados si incurren en faltas.

5. Que existan sanciones claras y aceptadas por todos de antemano. Ostrom favorece un sistema de sanciones graduales que comienzan con llamados de atención leves seguidas por sanciones más fuertes.

6. Que exista un sistema de resolución de conflictos simplificado, ágil y de bajo costo y 7 Que la institución comunitaria tenga al menos un mínimo reconocimiento de las autoridades formales, como Gobiernos locales o el Gobierno Central.

Ostrom hace mucho énfasis en la confianza mutua entre los miembros de la comunidad, así como la aplicación de reglas consideradas como justas y equitativas para que estos esquemas funcionen. Reglas que son diseñadas por élites o los Gobiernos locales o nacionales, por buenas que sean, pueden no ser aceptadas por la comunidad al no venir de un proceso de acción colectiva común.

Las reglas locales podrán tomar años, incluso siglos, para establecerse como instituciones. Lo importante es que se establezcan reglas claras que castiguen socialmente a los infractores, y quienes establezcan estas sanciones sean aceptadas por los miembros de la comunidad.

¿Será una acción colectiva mundial, como la que propone Ostrom la solución al problema del calentamiento global? Las condiciones que impone la misma Ostrom son bastantes restrictivas y quizá sus recomendaciones sean más aplicables a casos locales.

El hecho de que la Academia Sueca otorgara el premio a su trabajo, sin embargo, pudo haber estado influenciado por la creciente discusión sobre mecanismos de solución a los problemas ambientales de orden mundial.

¿Qué nos puede decir sobre la administración de los recursos comunes para nuestro país? Ciertamente las condiciones son más difíciles de aplicar en comunidades polarizadas, con poco arraigo a las tradiciones y con muchas expectativas de que las soluciones deben de venir de fuera.

Los principios de gobernanza de los recursos comunitarios propuestos por Ostrom son muy relevantes para la administración sostenible de las tierras indígenas del Caribe nicaragüense, al igual que la extracción de los recursos pesqueros, el manejo de las áreas protegidas y esquemas de pagos por servicios ambientales.

El común denominador de los principios que propone Ostrom para el éxito es esperar menos del Gobierno, menos del mercado y organizarse más alrededor de la comunidad y de sus intereses. Para resolver estos problemas, es necesario establecer instituciones, arreglos, sanciones y normas (que no cuestan dinero y por lo tanto la pobreza no es excusa) que puedan ayudar a manejar los recursos naturales de manera sostenible.