Edith Pineda
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En el barrio Los Amadores, uno de los más pobres del municipio de La Concepción, Masaya, a 25 kilómetros de la capital, un grupo de personas, en su mayoría mujeres, se gana la vida transformando la noticia impresa en artículos útiles y ornamentales.

En el sito donde diario se reúnen para trabajar una jornada que va de las 7 de la mañana hasta la 1 de la tarde --de lunes a sábado-- almacenan gran cantidad de periódicos, revistas y todo tipo de publicaciones; irónicamente, la mayoría no sabe leer, pocos alcanzaron el sexto grado, otros se retiraron al segundo año de primaria, y según cuenta doña Fátima García Hernández, quien sólo logró culminar la primaria, hay quienes únicamente pueden escribir las iniciales de sus nombres.

“Los dos chavalos son los que más saben del grupo”, dice refiriéndose a Óscar y Yahaira, dos adolescentes a quienes con la condición de no dejar los estudios, les permiten trabajar, y ya cursan el segundo año de secundaria.

Los colores vibrantes, finos acabados y modernos diseños de los productos que elaboran teniendo como materia prima papel periódico, pegamento y colorante, contrastan con la pobreza en la que viven las 14 mujeres y dos varones integrados en el Taller Regina.

Damas Diplomáticas respaldan iniciativa

El proyecto nació hace cuatro años por iniciativa de las Damas Diplomáticas, con el fin de mejorar la calidad de vida de los habitantes del popularmente llamado barrio Los Amadores, cuyo nombre oficial es barrio Panamá, localizado en el kilómetro 26 de la carretera Ticuantepe-La Concepción, de la parada El Tempique tres kilómetros al norte.

En camino de tierra, un tanto accidentado, se llega sin mayor dificultad hasta la iglesia de la comunidad, en el mismo terreno está el taller que funciona en una construcción pequeña, rústicamente repellada, con suelo embaldosado y con techo de zinc.

Adentro las mujeres no paran la labor. Sentadas en sillas de plástico o en butacas, y otras de pie, se ubican alrededor del espacio; la de menos experiencia corta en tiras las hojas del periódico --su principal y mejor materia prima-- y lo enrolla finamente como formando una pajilla, lo cual permite que luego puedan unir los rollitos de papel hasta formar tiras largas que otras tejen. ya sea para elaborar revisteras, bolsos, carteras, floreros, paneras, adornos, y hasta accesorios femeninos como collares, aretes y pulseras.

Todo de papel

“Todo se puede hacer de papel”, asegura doña Fátima, sin parar de teñir unas revisteras en forma de canasta para un pedido especial.

Una vez tejido el papel, el artículo es sometido al proceso de teñido. Prefieren los colores llamativos, algunos cubren tan bien las letras del papel periódico que a simple vista pocos podrían descubrir de qué están hechos. También presentan sus piezas al natural.

Aunque la técnica es sencilla, estas artesanas guardan con celo los detalles de la misma, ¿y cómo no hacerlo si este oficio les ha permitido tener una mejor calidad de vida y también les ha ayudado --principalmente a las mujeres-- a valorarse como seres capaces de aportar económicamente al hogar?

Una salida a la pobreza
A cada uno de los asociados al Taller Regina, la labor les deja en promedio mil córdobas al mes, parece poco, pero es un ingreso que literalmente marca la diferencia en la realidad de sus familias.

Doña Fátima, por ejemplo, hace cuatro años se entregaba por entero a los oficios de la casa. Tiene tres hijos, y su compañero de vida se dedica a la agricultura, principal actividad económica de los habitantes de la zona. Dice que no les deja mucha renta, ya que los sitios de cultivos están alejados de donde habitan y corren el riesgo de perder las cosechas por los efectos negativos que les causan las emisiones del Volcán Santiago.

Cuenta que lo que ganaba su esposo les alcanzaba para comer, y tenían como hogar una estructura de madera forraza con zinc. Ahora, con su aporte lograron levantar una modesta estructura de piedra cantera con su techo. “Progresamos”, dice doña Fátima, convencida de que “conforme uno vaya trabajando vamos a ir mejorando las cosas”.

El mercado

Aunque el producto que brindan en oferta es reconocido por su calidad y belleza estética, los asociados al Taller Regina no consideran la posibilidad de exportarlo o de establecerse en un local más accesible para ganar mercado.

Están conformes con los resultados de su negocio, y quizá su sencillez no les permite plantearse metas ambiciosas. Ejemplo de ello es el precio de sus piezas, pues la más cara no supera los 300 córdobas.

De hecho, centran el grueso de su actividad comercial en la entrega de pedidos de personas que los comercializan aquí o en países como Canadá y Costa Rica.

En Nicaragua ofrecen directamente sus productos en el taller donde los elaboran, y también en los almacenes Eza. Con este establecimiento, por ejemplo, a través de la Fundación que lleva su mismo nombre, logran vender sin pagar renta de local y al precio que los artesanos definen.

Las Damas Diplomáticas también contribuyen con este proyecto en la promoción de la venta de productos. En sus actividades sociales aprovechan para ofrecerlos.

El Taller Regina aún es un proyecto que depende de la ayuda de las Damas Diplomáticas. El total de la materia prima la reciben de ese gremio, lo mismo que la asistencia técnica y asesoría comercial.