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Colaboración

El Primer Congreso Nacional y Coloquio Internacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, a realizarse del 2 al 4 de Diciembre, es parte de las actividades para celebrar el Décimo Aniversario de la Fundación del Instituto de Medicina Legal y es dedicado a su fundador, Hugo Argüello Martínez.

El galeno fue llamado a mediados de los 90 por el Presidente de la Corte Suprema de Justicia, doctor Guillermo Vargas Sandino, para que trabajara en la creación del IML, cuando eso era apenas un sueño, una inquietud. Para conocer un poco la génesis de esa institución, hablamos con el personaje, padre en parte de la criatura, que ahora ronda los 11 años de fundado.

“¡Costó que naciera!”, exclama. “Pero ahora veo que está dejando sus frutos al país. Allá por los años 70, estando en Costa Rica, donde practicaba patología en el Hospital San Juan de Dios, despertó (en mí) un poco el interés por la Patología forense. Me iba a meter a la morgue judicial y entonces coseché amistad con Eduardo Vargas Alvarado, Director Patólogo Forense de prestigio y autor de libros usados en casi toda América”, dijo.

“Ya tenía, parece, la semillita pululando en el cerebro; cómo tener algún día un instituto de medicina legal como el de Costa Rica. Y aún estuve en el crecimiento de la morgue judicial que antes quedaba en las ruinas de lo que había sido la primera Universidad de Costa Rica y posteriormente, vi la construcción en el sótano de lo que es el edificio donde está ahora la Corte Suprema.

“En 1979, al triunfo de la Revolución, hubo intención de hacer algo parecido. En algunas pláticas con el Dr. Vargas Alvarado y otra gente de Costa Rica logré conseguir para entonces, y está escrito en uno de los libro de Vargas Alvarado, entrenamiento para un médico nicaragüense.

“Luego, con la doctora María Haydée Flores, magistrada a la cabeza, a cargo de lo que era capacitación, manejamos una formación continua con el Dr. Uriel Guevara Guerrero (q.e.p.d.), la Dra. Ofelia Rojas, el Dr. Edgard Orozco Vallecillo y este servidor, capacitábamos a los forenses de entonces. Después logramos traer a Vargas Alvarado a dar curso, y a técnicos forenses de Puerto Rico, manteniendo una continua y constante capacitación.


Insistencia por medicina forense

¿Qué sucedió cuando regresó a Nicaragua?
Por mi parte, ya en Managua, me mantuve dando clases y como parte del programa académico de la Facultad de Medicina, se daba patología forense. Luego logré incluir en el pénsum de la UAM, posteriormente en la UNAN y ahora en la facultad del Ejército, un semestre de la cátedra de medicina forense.

También nos vimos involucrados en la docencia de algunas facultades de Derecho, al principio de los 80 en la UCA, dar clases de medicina forense y cuando se formó la Unica, también me llamaron para dar clases. Esto lo menciono para resaltar que peleamos porque se le fuera dando su lugar a la medicina forense y mantenernos, aunque fuese autodidácticamente formados en medicina forense. Por mi parte conseguí una pasantía de un par de meses en Milwaukee, Wisconsin, con el Dr. Jeffree Jensen.

Después tuve otras capacitaciones en Miami, Puerto Rico y Madrid. Hasta ese momento no había nada decidido acerca de algo que fuese Medicina Legal. No obstante fui nombrado como médico forense para las fuerzas armadas en el 81, que involucraba al Ejército y al Ministerio del Interior. Empecé solo, después me pusieron a un médico más y terminamos 5 médicos forenses para las Fuerzas Armadas.

Ya sabemos que con las nuevas leyes, los delitos comunes que cometen los militares se tienen que ventilar en los juzgados correspondientes, y por lo tanto esa figura del medico forense militar desapareció. A menudo era llamado para apoyar en algunos casos relevantes. Cuando asume doña Violeta y con Orlando Trejos en la Corte, me llaman para que les ayude a crear el IML. Empezamos con el proyecto; estaban Alba Luz Ramos y Rafael Chamorro Mora y empecé a coordinar a los médicos de Managua y se me ocurrió abrir un par de consultorios en los juzgados de Managua. Esos consultorios estaban a cargo del Dr. Juan María Navas (q.e.p.d.) y Samuel Jerez, y una enfermera y dos secretarias (una de ellas, Brenda Blass, ahora abogada, pero siempre en las clínicas).

Los fondos del IML

¿Y de dónde, cómo consiguen los fondos para hacer el IML?
Seguimos trabajando el proyecto y es aprobado por el gobierno español, cuando la Corte se fue a la Carretera Norte. Mucho me apoyó en la parte técnica Alcides Ortiz, entonces coordinador por el PNUD para las casas de justicia que se estaban construyendo. Ese proyecto se presentó a través del PNUD a la comunidad de países donantes, con la suerte de que cuando llegó a España, cayó en manos del subsecretario de Estado, Sr. Fernando Escribano Mora (quien estaba impulsando en España la modernización del sistema judicial, auxiliado por el Dr. José María Venza; director del Instituto Anatómico Forense de Madrid.

Una vez que viene una delegación de España y les mostramos el trabajo que estábamos desarrollando, con turnos de los forenses y las autopsias que se hacían en algunos hospitales que nos lo permitían, tenemos una reunión con ellos y al ver que no teníamos ni oficinas o edificio propio y la realidad de cómo trabajábamos, se convencieron de que no se hacía nada con el apoyo de capacitación sin un sitio, o sea lo que debería ser el Instituto de Medicina Forense: eso era, empezar por construir un local. Así se convencieron ya a principios de los 90 de la necesidad de construir el local. El proyecto empezó siendo presidente el Dr. Orlando Trejos y se inauguró siendo presidente de la Corte el Dr. Guillermo Vargas Sandino, quien fue pilar importantísimo para el desarrollo, en conjunto con la Dra. Ramos.

Siempre con apoyo del gobierno español, montamos varios cursos teórico-prácticos de antropología, delitos sexuales, toxicología, autopsias, armas de fuego. Y a través de ICITAP de Estados Unidos, se traían también patólogos y aunque nadie tenía un título de especialista, teníamos la capacidad suficiente para dar respuesta.

Otro aspecto importante, al menos para mí, creo que fue la formación de los especialistas; es importante un ginecólogo, un gineco-obstetra, valorando a una mujer que ha sufrido violación, me parece que está más capacitado en la conjugación con la medicina forense. ¿Quién puede hacer mejor una autopsia que un patólogo? ¡Nadie!. Sólo él o ella tiene la pericia para buscar lo que pueda aportar al esclarecimiento del delito.

Así mandamos a España al psiquiatra forense y a dos patólogos durante 3 meses. Ese paquete fue grande.

“Hombre de poca fe”

¿Qué sintió usted cuando ya estuvo todo preparado para el nacimiento de esa criatura?
Es difícil describir la satisfacción y la emoción enorme. No voy a pecar de modesto. ¡Estábamos viendo el nacimiento de un IML que iba a aportar con su trabajo científico el esclarecimiento de los hechos delictivos!

¿Sintió pegón en algún momento?
Sí, en algún momento. Después que escribimos el documento, pasó mucho tiempo y yo ya sentía que eso no iba a ser realidad. Hasta que un día me llamó el Magistrado Trejos, y me dice; “vos que ya no creías nada, hombre de poca fe, aquí está la plata y ahora vamos para adelante”.

Al principio pensaba que era una broma, ya después sólo me faltó brincar de alegría. Y empezamos a formar el equipo, a buscar entre la gente valiosa que ya tenía algunos años de estar trabajando con nosotros. Juan Navas, Alberto González y otros.

Buscamos a los químicos a contratar, ya la parte operativa del laboratorio.

¿Alguna anécdota?

Algunos decían que yo era “guardia”, que era loco, que manejaba el Instituto con disciplina militar. Lo que sí es cierto es que yo me aparecía a cualquier hora del día y la noche. A veces iba a una fiesta, y antes de ir a mi casa pasaba dando una vuelta por el instituto.

Donato Vargas era un técnico de morgue que estuvo en el Hospital Militar y yo me lo llevé para el Instituto, igual que a Javier Rodríguez, Gonzalo….y otros que provenían del Manolo y del Lenín, tomó una camarita y empezó a tomar fotos a los que estaban dormidos, estando de turno y les dijo que me las iba a enseñar a mí. Al día siguiente llegaron a quejarse, a curarse en salud, y resulta que la cámara ni servía siquiera, pero así me di cuenta y empezaba a poner orden. En otra ocasión agarró dormido a un CPF y Vargas le quitó la escopeta y ni cuenta se dio. Cuando se despertó, aquel hombre enloquecido buscando el arma, pero así con esas bromas, Donato contribuía a que se mantuvieran alertas todos.


¿Una frase que encierre su labor al frente del IML como director ?
Un exitoso sueño hecho realidad. Es algo que está respondiendo a las necesidades del país.