Gustavo Álvarez
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Con más de 4.4 millones de ciudadanos viviendo con menos de 2 dólares al día, Nicaragua presenta la peor situación de pobreza en Centroamérica, un problema que se agudizó este año, debido a la pérdida de empleo de los inmigrantes por la crisis económica mundial, que hizo caer el flujo de remesas y los problemas políticos que provocaron el retiro de la cooperación externa, revela un estudio del Centro Latinoamericano de Desarrollo Rural, Rimisp.

El estudio, concluido a finales de noviembre y enviado vía correo electrónico a EL NUEVO DIARIO, se denomina “Crisis y Pobreza Rural”, y analiza el impacto de la crisis económica mundial en 11 países de América Latina; Bolivia, Brasil, Colombia, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Paraguay, Perú y República Dominicana, de los cuales, nueve tienen más de la cuarta parte de su población en las áreas rurales y se dedican parcialmente a actividades agropecuarias.

En el caso de Nicaragua, el estudio menciona el encarecimiento de los principales productos básicos de la canasta de alimentos, elevará la probabilidad de muchos hogares pobres de caer en la pobreza extrema o alimentaria.

Los sectores rurales más afectados con la situación actual son los hogares sin acceso a tierras o con un escaso acceso a ella.

“Un sector rural directamente afectado serán los migrantes temporales a Costa Rica y El Salvador, en especial los que se dirigen a trabajar en la construcción de infraestructura turística y casas de playa”, añade.

Destaca que las restricciones del gasto público pueden limitar la ejecución de programas orientados hacia los pobres rurales, como Hambre Cero, Seguridad Alimentaria y Nutricional, y el Programa Nacional de Semilla.

Nicaragua, la peor en el Istmo

“Según datos basados en la comparación de la capacidad de intereses de los hogares con la denominada línea de pobreza internacional, Nicaragua presenta la peor situación en Centroamérica, con aproximadamente un 80 por ciento de la población viviendo con menos de 2 dólares al día (más de 4.4 millones de individuos)”, dice la investigación.

Menciona que la pobreza en las zonas urbanas del país alcanzaba el 30.9 por ciento en 2005, mientras que en las zonas rurales llegaba al 70.3 por ciento, pero que la proporción del problema en Nicaragua no ha disminuido en los últimos 12 años, sino que más bien se ha elevado un 2.5 por ciento en el período 2001-2005. “Es altamente probable que en el período 2006-2009 se hayan deteriorado las condiciones de los pobres y las brechas de pobreza hayan crecido. Esto se debe al aumento general de los precios relativos de los alimentos básicos y al hecho de que el valor real de la línea de pobreza se elevó, pues los ingresos de las familias han crecido menos”, refiere el documento.

Como referencia, hace mención que entre el año 2005 y enero-febrero de 2009, los precios de los alimentos importados se incrementaron en 97 por ciento.

“En el área rural, la variable participación del ingreso agrícola incide en la probabilidad de caer en situación de pobreza. En el escenario futuro nicaragüense, que prevé una reducción del ingreso agrícola por factores productivos, de crédito y otros, es posible un incremento de la pobreza en aquellos hogares rurales cercanos a la línea de pobreza”, apunta.

Señala asimismo, que el problema político del país, agudizado por el retiro de la cooperación externa, provocará una agudización de la crisis económica y un mayor deterioro del nivel de vida de los nicaragüenses, sobre todo en las zonas rurales.

Reducción en remesas aumentan pobreza

El estudio de Rimisp menciona la reducción del flujo de remesas como uno de los factores que está incidiendo en el aumento de la pobreza, debido a la pérdida de empleos que están sufriendo los nicas que trabajan en Estados Unidos, Costa Rica y otros países, sobre todo en el sector construcción. Explica que la construcción de viviendas, entre ellas, las casas de playa, se ha retraído sensiblemente, en buena parte porque es impulsado por propietarios de países del hemisferio norte, que ahora tienen problemas financieros.

Sin embargo, señala que existen dificultades para estimar la reducción de las remesas en los hogares rurales, pero que el monto puede ser significativo, en la medida en que la magnitud de los ingresos de los trabajadores temporales en Costa Rica y El Salvador disminuya.

“Una parte importante de los ingresos de trabajadores nicaragüenses rurales en Costa Rica y El Salvador es remitida a sus hogares por los propios trabajadores, familiares, amigos u otras personas, por medio de mecanismos informales que suelen denominarse ‘encomiendas’ y que muy rara vez son declarados en encuestas como remesa familiar”, dice el documento.

Medidas para amortiguar crisis

En el contexto de la crisis, el documento plantea la capacitación y ofrecer transferencias menores en insumos y semillas a los pequeños propietarios agrícolas, con el fin de mejorar la productividad, mejorar el acceso al agua y a la electricidad y reforestar fincas.

También propone realizar obras de mantenimiento de caminos rurales, cuya interrupción en épocas de lluvia dificulta el movimiento de mercancías, promover la diversificación en pequeña escala, dirigida a la producción comercial de frutas y hortalizas para el autoconsumo y el mercado nacional y, en la medida de lo posible, para la exportación, entre otras cosas.

La pobreza avanza en América Latina
El aumento de la pobreza por los efectos de la crisis internacional afectará de manera diferenciada a los países de América Latina, y en particular a los hogares de menos recursos, dice el informe de Rimisp.

A modo de ejemplo, se citan aquí algunas de las expresiones de estos impactos en los países considerados en el estudio, indicando los grupos que resultarán más afectados:
En Bolivia, se prevé una disminución del empleo minero y retorno de mano de obra desde esta actividad al sector agropecuario de autoconsumo. Esto afectará mayormente a los hogares del segundo quintil de ingresos, donde el 18% de su presupuesto procede de la actividad minera.

En Brasil, la disminución de flujos de financiamiento para las actividades agrícolas supone una reducción del área sembrada y menor uso de fertilizantes. Los más afectados serán los hogares rurales que son pequeños productores comerciales y los que producen cultivos de exportación e industriales.

En Colombia, como efecto de la contracción de la demanda externa, ha disminuido el empleo en diferentes sectores industriales, como las ensambladoras de vehículos y las confecciones. Esto implica impactos especialmente sobre los hogares urbanos, donde aproximadamente el 28% de los ingresos son de actividades dependientes no agrícolas.

En El Salvador, la disminución de los flujos de las remesas tiene un impacto importante en el 22.7% de los hogares urbanos y el 21.6% de los rurales que las reciben, donde el 7.4% y el 12.5% de los ingresos (respectivamente) proceden de este tipo de transferencias.

En Guatemala, el menor flujo de capitales se expresa en dos vertientes: disminución de los ingresos de los hogares que reciben remesas, afectando especialmente a los hogares del tercer quintil, y la reducción de flujos de inversión en infraestructura, que repercute en menor empleo y afecta especialmente a la población priorizada en los 125 municipios de mayor pobreza.

En Honduras, la contracción de la demanda externa significa una disminución de los volúmenes de exportación de maquilas y de productos agropecuarios. En el primer caso afecta principalmente a empleados provenientes de hogares urbanos dependientes de la manufactura; en el segundo, al 14% de hogares del quintil 4 y un 24.6% del quintil 5, donde el 15% de los ingresos del hogar procede de actividades dependientes agrícolas.

En México, la crisis se manifiesta, entre otras cosas, en la disminución de los volúmenes de exportación en el sector manufactura (maquila), con la consecuente baja del empleo, lo que tiene impactos en un gran número de hogares, considerando que el 65% de los ingresos a nivel nacional provienen de actividades dependientes no agrícolas.

En Paraguay la crisis se asocia, entre otras cosas, a la disminución de los volúmenes de exportación de manufacturas (como textiles y calzados) y de productos agrícolas (algodón y soja). En este último caso, se estima que afectará al 70% de los hogares agrícolas que tienen cultivos de agroexportación.

En Perú, la contracción de la demanda externa está asociada a despidos en el sector textil y manufactura, lo que afecta principalmente a hogares urbanos de la Costa, y despidos en el sector minero que impactan mayormente sobre hogares urbanos de la Sierra.

En República Dominicana, la contracción de la demanda interna afectará a todos los hogares rurales que tienen micro o pequeñas empresas no agrícolas, en particular aquellos hogares del primer quintil que son dirigidos por mujeres o adultos mayores (26 y 27%, respectivamente), mientras que el menor flujo de remesas impactará a la gran cantidad de hogares que reciben este ingreso: uno de cada cuatro a nivel nacional.