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La Dirección de Asuntos Juveniles, DAJ, de la Policía Nacional, desde el año 2002 hasta el 2008 ha logrado que 4 579 jóvenes de diferentes departamentos del país deserten de las pandillas. Aunque esta estructura no facilitó el dato final, el año pasado sólo en Managua propiciaron la salida de 400 muchachos, pero la jefa de esta instancia policial dijo que el peligro de que éstos vuelvan a caer en las garras de la violencia está latente.

“Esto es un ciclo, hay jóvenes que se salen de los vicios, pero vuelven a ingresar porque no lograron poder mantener ese sentido de abstinencia y poder decir no a la droga, al cigarro, al licor; es un cambio de actitud y de formación que no es de un año”, recordó la comisionada mayor Erlinda Castillo, jefa de la DAJ.

Cabe señalar que los jóvenes atendidos por la DAJ son de los distritos cinco y seis de Managua y que entre éstos, 12 son hijos de policías que están en alto riesgo o han tenido problemas con la ley.

Uno de los principales problemas que enfrenta la Policía es que de los 400 jóvenes atendidos, sólo se les ayudó con estudios y trabajos temporales a unos 90, por lo que las autoridades policiales señalan que necesitan más apoyo de los diferentes sectores de la sociedad para ofrecerle una mano amiga a éstos.

Se necesitan más policías

La DAJ, de la Policía cuenta con seis años de existencia, 80 oficiales a nivel nacional, 4 psicólogos y dos trabajadores social. Esta instancia policial atiende a los jóvenes que están en conflicto con las leyes, los que están en alto riesgo social y los que integran pandillas juveniles a nivel nacional.

Una limitante es que en los departamentos del país, la DAJ sólo cuenta con un oficial en esta área y la jefa policial mencionó que necesitan crecer al menos en 120 miembros a nivel nacional.

Es mejor prevenir que lamentar, dice el viejo dicho, por lo que la Policía se ha dado a la tarea de atender a los jóvenes del país en alto riesgo social. “Son jóvenes que están en lugares donde se conoce que hay expendios de drogas, consumo de licor; donde proliferan alcohólicos, elementos antisociales, entonces nosotros clasificamos a estos muchachos para darle atención psicosocial y de otra índole para evitar que lleguen a cometer delitos, a integrarse a una pandilla o lleguen a consumir drogas o licor”, explicó Castillo.

A los muchachos que ya han infringido la ley y que conocen la tristeza de perder la libertad, reciben una atención más especializada, debido que el trabajo policial está dirigido a contrarrestar los antivalores en éstos y reinsertarlos en estudios y diferentes labores para que sean útiles para la sociedad.

Castillo aseveró que anualmente, menos de un centenar de adolescentes son enviados al Sistema Penitenciario Nacional, lo que indica que los adolescentes que integran pandillas no están cometiendo delitos y los judiciales están aplicando medidas socio-educativas como medidas restrictivas.

Origen de actitud: Familias disfuncionales

Iván Sandoval, de 26 años, habitante del barrio Israel Galeano, se inició en el mundo de las pandillas a sus 13 años de edad y hace un año y medio tomó la inteligente decisión de retirarse. Aduce que su desordenada vida tuvo origen en su familia.

“Mi mamá y mi papá se separaron cuando yo tenía la edad de 11 años, mi papá cogió por un lado con una nueva mujer y mi mamá trabajaba en la zona franca y el dinero que ganaba no daba para alquilar un cuarto, entonces ella me mandó a vivir al Dimitrov donde mi abuelita y allí empecé a buscar aquel amor que no encontré en mi familia”, confió Sandoval.

Javier Antonio Leiva, de 17 años, habitante del Reparto Schick, se inició en la pandilla “Los Cholos” a los ocho años de edad y salió de ella nueve meses atrás. Él recuerda que no tuvo una familia normal y sintió la ausencia de sus padres.

“Como yo no tengo apoyo de mi padre, a mi padre no lo conozco realmente, mi mamá no la miro, la miro una vez al mes, yo me sentía solo y para no estar aburrido salía a la esquina a jugar con los chavalos, pero de pronto nos agarró esa vara de andar fumando, bebiendo guaro, cerveza”, dijo Leiva.

La comisionada dijo que uno de los principales problemas por los que atraviesa una familia es cuando el joven ha salido del control de sus padres hasta llegar al límite en que éstos piden a las autoridades policiales que detengan a sus hijos.

“A veces es porque vienen de hogares violentados donde está la ausencia del padre, donde la madre es la que trabaja normalmente para ser el sostén de la familia, donde hay hacinamiento, donde han venido del campo a la ciudad y han crecido en asentamientos”, dijo Castillo.

Logros

Han tenido el apoyo económico del Banco Interamericano de Desarrollo, BID, y del organismo suizo, Tierra de Hombres, del organismo Plan Internacional, sin embargo la comisionada no pudo precisar cuánto fondos aporta la institución policial para desarrollar el trabajo con los jóvenes.

Existe coordinación con la Embajada Americana, Embusa, la cual ha impulsado el programa “Educación para la Resistencia a la Droga”, DARE por sus siglas en inglés, dirigido a alumnos de primaria y secundaria de diferentes colegios del país. El año pasado se capacitó a 5146 alumnos de primaria y a 3522 en secundaria para un total de 8668.

También con la Embusa, la Policía desarrolla el programa “Paso a Paso”, atendiendo el año pasado a 564 niños de preescolar, donde se les enseña a convivir con los demás niños y niñas en un ambiente armonioso, respetuoso de los derechos y en paz.

En septiembre de este año, la Policía espera inaugurar la primera etapa del Centro de Formación y Desarrollo Juvenil en el barrio “Las Jaguitas” donde los jóvenes recibirán nueve tipos de capacitaciones en diferentes oficios como: repostería, electricidad, peluquería y tratamiento psicosocial, entre otros.

El año pasado ocho oficiales fueron capacitados en El Salvador, gracias al apoyo de Embusa, en el programa denominado Educando para Resistir el Ingreso a las Pandillas, GRET por sus siglas en inglés, para que éstos instruyan a los jóvenes de los colegios sobre el peligro de ingresar a una pandilla.

Dios es una razón para el cambio

La jefa policial señaló que coordinan constantemente actividades religiosas con pastores, sacerdotes y representantes de diferentes iglesias para que los jóvenes se encuentren con su parte espiritual.

“Muchos de los jóvenes, y me atrevería a decir que la mayoría, de los que han dado el salto a su cambio, lo han hecho, además del trabajo que hemos hecho nosotros y de las herramientas de autoestima que han recibido, porque han asistido a una iglesia.

Sandoval dijo que “hasta hoy en día es que pude encontrar ese amor que mis padres nunca me dieron, lo encontré a través de la palabra del Señor, a través de Cristo”, mientras Leiva dice creer en Dios y dice estar en un proceso que lo llevará a mejorar su fe.

El dedo que los señala

Castillo recordó que existe una cultura de intolerancia por parte de la sociedad hacia los jóvenes en riesgo, por lo que hizo un llamado a todas las personas a ser parte de la solución y no del problema en relación con el desarrollo de los jóvenes.

“La gente tiene que aprender a respetarlos, una vez lógicamente que ellos han depuesto su actitud negativa y que están buscando insertarse a esa vida útil y tener una convivencia comunitaria como cualquier mortal, como cualquier joven”, comentó la comisionada.

“Yo les puedo decir que sí se puede cambiar, yo fui un joven que sólo tenía odio, rencor, mi familia estaba llena de dolor y hoy en día puedo decir que sí se puede cambiar y que sí puede haber alegría en sus familias, después que hubo dolor”, consideró Sandoval.

“Le digo a las personas que no se dejen llevar por las apariencias, porque es cierto, hay jóvenes que se visten como vagos, pero realmente no lo son; y se siente feo cuando se oye a personas decir: “Allá va el vago, allá va el que me robó y tal vez yo nunca les he hecho nada”, cuestionó Leiva a quienes discriminan a los ex pandilleros.

Vida de pandilleros

Iván Sandoval dice haber andado en varias pandillas de diferentes barrios gracias a que conoció en su colegio a otros jóvenes que estaban integrados en otras agrupaciones juveniles. En su recorrido por éstas vio y provocó sangre y dolor en otros muchachos.

“Jóvenes que caminaban conmigo ahora está muertos, a través de asesinatos de manos de otros jóvenes, ahora otros que anduvieron conmigo están en La Modelo cumpliendo condena por diferentes delitos; amigos y enemigos míos quedaron con secuelas de por vida, por un machetazo o un balazo”, recordó Sandoval.

Uno de los actos extraños que realizan “Los Cholos”, según Leiva, es el juego de la Ouija. “Dibujaban en el suelo una rueda, ponían unas candelas alrededor, comenzaban a agarrar unos dados y unos palos, leían el libro de San Sebastián, pero al revés y bebían licor con un polvito blanco, pero como a mi no me gustaba eso yo me iba a oler gasolina”, relató.

Los jóvenes que integraban grupos juveniles dijeron que al momento de atacar a alguien por un “traido” (caso pendiente) no piensan en el dolor que provocarán en los familiares de su víctima.

“No pensaba en eso porque si a mi me agarran, a mi me van a matar, lo único que sería o lo matas vos o te mata él”, dijo Leiva, mientras que Sandoval reflexionó que “cuando yo estuve metido en el mundo de las pandillas pensaba en eso, pero hoy en día no porque he cambiado mis pensamientos y mis actitudes”.

La comisionada mayor recordó que por la naturaleza represiva de las policías a nivel mundial, éstas no son muy bien vistas por los pobladores y que a la Policía de nuestro país llegan personas imperfectas que hay que educarlos y moldearlos para que aprendan a dar un buen trato a la ciudadanía.

“Ahora ven a la Policía como más cercana a ellos, ahora no ven a la Policía que en algunos momentos hacía redadas y los metía presos, hubieran o no hubieran cometido delitos; me parece que incluso, dentro de su profesionalismo, ha venido cambiando y ha venido actuando con unos principios de actuación policial de más respeto”, consideró Castillo.