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Imaginate estar en una isla volcánica y de repente hay una erupción. Por tierra puedes huir hasta las zonas más seguras donde no llega la lluvia ácida, las cenizas o la lava. ¿Pero, que hacés si el volcán está a punto de destruir toda la isla? La única salida estaría por helicóptero o por barco. Este escenario podría ocurrir en la isla de Ometepe, en el departamento de Rivas, donde viven 32 mil habitantes y duermen centenas de turistas.

En esta misma isla se está levantando el sol en el día de un simulacro de evacuación. Será el simulacro más grande en la historia de la isla de Ometepe. Son las 7 de la mañana en San Marcos. En la calle principal 140 personas están haciendo filas. Jóvenes y personas mayores. Están esperando a los medios de transporte que les llevará a una “Zona de seguridad”. Atrás de la fila se ve el majestuoso volcán Concepción. La cumbre está cubierta de nubes y humo. En los días pasados los científicos registraron una actividad aumentada del volcán.

Pacientemente esperando en la fila está el anciano Lucas Evangelista Alemán de 73 años. Toda su vida vivió en la isla y tenía 21 años cuando el Concepción tuvo su última erupción de lava, fue en 1957.

“El volcán echó piedras que cayeron sobre las casas. Llovió arena y cenizas. En la noche el cielo fue alumbrado. Todo afectó mucho a la comunidad por mucho tiempo. Sobre todo a los chagüites. Nadie salió. Aquí nos quedamos. Nos acostumbramos con los truenos del cerro y con la caída de la arena. Porque no había posibilidades de salir. No había quien impulsara eso como ahora. Para mí es una gran belleza que yo siento que vayan a salvar nuestras vidas y las de nuestros hijos”, comenta don Lucas.

Mientras habla, se acercan dos buses para llevar a los “evacuados” a una zona segura en la isla. Al mismo tiempo en otro pueblo, en la zona de mayor riesgo por la erupción del Concepción. En La Flor hay mucho movimiento. La Defensa Civil y los militares sacan los habitantes de sus casas. Todos se reúnen en el parque. Los habitantes llevan hasta caballos y perros amarrados con cuerdas. Las autoridades intentan organizar el mar de gente. Alrededor de 300 personas participan. Los brigadistas gritan “Formen filas. Conserven la calma!”

Jóvenes no conocen plan de seguridad
Lentamente se forman varias cadenas. Sobre todo asisten jóvenes y adolescentes. Con sonrisas en sus rostros admiten que no conocen ningún plan de seguridad. “Hasta ahorita no sabemos qué hacer en un caso de emergencia”, dice un joven antes de subir en una camioneta. Uno tras otro sube con la asistencia de los soldados de Defensa Civil de los diferentes medios de transporte que están esperando.

Bañar en fuego

Como la participación del simulacro es voluntaria, hay varias personas observando el escenario. Entre ellos está Tomasa Cruz Alemán, 66 años. “Ya no puedo, estoy anciana. Pero mis hijos y nietos, todos participan”. A ella le hace feliz el ejercicio de prevención. Ella sabe de lo que está hablando. “No es la primera vez que nos hemos bañado en fuego”.

Cruz Alemán tenía 14 años cuando el Concepción entró en erupción. “Me había escondido de miedo debajo de la mesa. Todos los días, a cada rato había erupciones. Hasta que temblaban las casas”. En un caso de emergencia ella sabe más o menos por donde ir, pero dice que correría con sus hijos y sus nietos. Una de sus nietas ayuda en la Defensa Civil. Ella es una de las 257 brigadistas que ahora está avisando a la población junto a 180 soldados y 40 policías.

Un vehículo tras otro se pone en marcha. Todo lo que tiene ruedas, motor y la capacidad de llevar mucha gente. Una larga caravana se mueve hacia Moyogalpa donde se realiza el acto de la inauguración del simulacro.

En la plaza mayor los responsables del simulacro informan a la población sobre la necesidad de esta iniciativa. “Tenemos que prepararnos bien en caso de un evento”, dice Ramón Arnesto Soza, Secretario Ejecutivo de Sinapred. “Atrás de nosotros vienen nuevas generaciones”.

Mientras están hablando, llegan más buses, furgonetas y camionetas de las 9 comunidades que participan y que están situadas alrededor del volcán Concepción. Centenas de personas confluyen en la plaza y, bajo el sol que ya esta fuerte, escuchan las informaciones sobre el plan de la evacuación: Que en primer momento las evacuaciones se realizarían en el interior de la isla, por donde se quedan las “Zonas de seguridad” con albergues y que si se empeorara la situación, se organizaría una evacuación acuática.

Heridos en las calles

Después del acto oficial los pobladores siguen su ensayo. En el camino hacia el puerto de San José del Sur la caravana crece a una longitud de kilómetros, produciendo mucho polvo. Centenas de gente huyendo. Parece realmente ser un escenario catastrófico, sólo las caras felices de la gente revelan que se trata de un simulacro.

De repente los vehículos frenan y se escucha sirenas de ambulancia. Junto al camino hay varios heridos. Unos no se mueven y tienen caras sangrientas. Los brigadistas saltan de sus coches y se apresuran hacia el sitio para salvar a los heridos. Lo que asusta en el primer momento resulta ser una simulación, parte del simulacro. Heridos por caídas de piedras, por choques, por derrumbamiento de casas. Los brigadistas hicieron cursos de primero auxilio. Hace poco lo aprendió la joven Lizzette Ramos. “Yo sería capaz de ayudar en un caso de emergencia. Pienso que yo como persona común tengo la obligación de ayudar a las que lo necesitan”, dice Ramos de 23 años.

Los “heridos” ya están tratados en las camionetas y la caravana se pone en marcha. En el camino ocurren más rescates mientras que la gente en los vehículos repletos, atrapado bajo el sol, se mantienen pacientemente. Nadie se queja todos están colaborando. Una señal con el dibujo de un volcán al lado de la ruta muestra el camino hacia el puerto. Con el simulacro señalizaron las rutas de evacuación de toda Ometepe. Un hombre en la camioneta comenta: “En caso de una erupción yo simplemente seguiría la señalización”.

Turistas hablan de “un caos ordenado”

Para embarcarse en los navíos que están en el puerto la gente hace fila otra vez. Uno tras otro entra. El personal les entrega chaleco salvavidas. En el ferry más grande caben mil personas. A bordo del ferry ya están unos turistas. Aunque no lo admiten, se asustan un poco… No sabían nada del simulacro.

“Es un caos ordenado” califica el simulacro la canadiense Mary Quapp, 68 años. Le parecía que las autoridades no dan las órdenes en la manera adecuada --fuerte-- , para que la gente reaccione más rápido. Su esposo y ella tenían que hacer vueltas en la isla para llegar hasta el puerto porque las calles estaban bloqueadas por los vehículos. Pero dice que “es muy bueno que la gente aprueba el caso de emergencia”. Ella y su esposo no tenían miedo de una posible erupción del volcán ni se daban cuenta que en la misma noche temblaba la tierra en la isla.

Al mismo tiempo, a dos kilómetros de distancia, en la playa de un hotel, Martín Rodríguez, delegado departamental de Intur-Rivas dice que la información sobre el simulacro fue transmitido por diferentes medios: radio, televisión… Es probable que la mayoría de los turistas se desconecten de los medios en sus vacaciones o no hablaban español.

Personas como sardinas en una lata

Para que los turistas no se queden en la isla en caso de una erupción, hay un simulacro en este hotel. El equipo recorre el camino de las habitaciones para tocar a las puertas mientras que otro empleado toca con un palo a un tractor haciendo ruido de alarma. No hay turistas en las habitaciones y entonces el personal se reúne en la playa formado una fila cerca del agua. Caminando ellos hacen rumbo al puerto de San Juan del Sur, mientras que los turistas se quedan chapoteando en el agua.

Desde lejos se ve varios barcos en el puerto de San José del Sur. Parece ser un éxodo. Casi dos mil personas como sardinas en una lata preparada para dejar la isla atrás. Según el coronel Gilberto Narváez, segundo jefe de Defensa Civil, 20 mil personas podrían salir de la isla en 8 horas en caso de un posible desastre. Usar helicópteros es menos probable por la mala vista que provoca un volcán y por razones económicas.

Como eso es un simulacro, los barcos solamente dan una vuelta en el lago Cocibolca y vuelven al puerto. Los participantes salen de los barcos y caminan hasta el albergue temporal San Ramón que queda cerca del puerto. Una “Zona de seguridad” en un gran terreno donde hay cuatro carpas para demostrarlas. En el fondo se muestra el volcán gigantesco. Formado en grupos entran al recinto. El sol quema, la gente busca la sombra de los árboles y de las carpas. Ya son las dos de la tarde.

Los aproximadamente 2500 participantes reciben algo de comer y tomar. Por eso se forman de nuevo filas largas en pleno sol. Ha sido un día largo. La “evacuación” de 8 horas demandó mucha paciencia.

María Nela Villagra que participó con su marido y su bebé no se queja: “Me gustó el simulacro. La gente ha estado muy activa. Eso nos ayuda estar preparada para cualquier actividad volcánica. Antes del simulacro tenía más miedo por que no sabía que hacer pero ahora siento un apoyo”. Mientras que habla se muestra más humo sobre la cumbre del Concepción y la expulsión provoca una avalancha de polvo. Como si quisiera recordar que todavía está con un sueño ligero.