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Desde la llamada Isla del Amor, a unos cinco kilómetros de La Chureca, se observa un paisaje de pesadilla: enormes nubes de humo negro se levantan por las quemas espontáneas de basura, las que se confunden con las tolvaneras de tierra que provocan la maquinaria pesada, sobrevolada por centenares de aves carroñeras que en ocasiones sostienen una guerra campal con los humanos en competencia por la basura.

Así, en medio de los trabajos de emparejamiento de las montañas de basura acumulada por cinco décadas, como parte del proyecto español para la construcción de una planta de reciclaje, los tractores van orillando los desperdicios, y se observa el serpentear de la basura hasta penetrar en el Xolotlán.

Ésa es otra cara poco conocida, la cual sólo se puede descubrir al navegar por la zona, donde los plásticos nadan sobre el agua, mientras el caucho, las latas y el vidrio se hunden en sus profundidades. Según estudios ambientales, la mayor parte de los desechos son de materia orgánica, pero el 40 por ciento restante no lo es.

Sólo una fracción de este último es capturado por los recolectores por cuenta propia, que toman el material reciclable para venderlo a los grandes acopiadores y exportadores.

El proyecto, aún pendiente por litigios de propiedad, señala que después del cierre técnico, está el levantamiento de una industria de reciclaje, que dará empleo a los actuales recolectores independientes, y posteriormente creará viviendas para la comunidad que habita en el vertedero.

1,200 toneladas de basura diaria

Aunque el basurero ya sobrepasa su capacidad --en una extensión de aproximadamente 42 hectáreas--, diariamente se continúa lanzando un promedio de 1 mil 200 toneladas de desperdicios de todo tipo, producidos por los capitalinos, entre telas, metal, plástico y piedra, proveniente de los hogares, la construcción y hasta peligrosos contaminantes de hospitales, esto según la Dirección de Limpieza Pública de la Alcaldía de Managua.

A pesar de la distancia, la Isla del Amor no se salva de los desperdicios. Sus orillas también están invadidas por plásticos, y material de poroplás, además de centenares de zapatos de todas marcas y colores, desentonando con lo que se supone debería ser un paraíso.

Se abastecen del vital líquido

Los tres habitantes de la isla, la señora Melba Mendoza, su marido, Francisco Noel Landes, su hijo, Bismarck Landes, no cuentan con agua potable y se abastecen en alguna medida del vital líquido con un pequeño pozo escarbado a unos metros de la orilla de las aguas del Xolotlán.

De ahí extraen agua que, si bien es totalmente clara y no es fétida, no se puede considerar confiable por la tierra que la rodea, contaminada por las décadas. La necesidad de un pozo es una práctica a la que muchas otras familias de las orillas del lago recurren por la falta de agua.

Al igual que la familia Landes, para su alimentación o venta en los mercados de Managua, centenares se suplen de la pesca de sardinas, guapotes, mojarras, tortugas y cangrejitos, que han sobrevivido y adaptado a la contaminación que no descansa. Enormes oleajes de humo se levantan sobre La Chureca, que también vierte sus desperdicios en el Lago Xolotlán.